La Ideología Del Amor

El Regalo de la Culpa"

El Veneno de la Sospecha

​Cuando vivíamos en aquella ciudad tan lejana, me sentía, ante todo, libre. Ella se iba a trabajar y yo prefería quedarme en casa por el momento. Recuerdo a un pariente de mi mamá que sufría de una migraña terrible; le molestaba cualquier clase de luz, y ese padecimiento le impedía trabajar. Él se quedaba en el hogar y asumía el papel que tradicionalmente hace la mujer: recogía, limpiaba y daba de comer a sus hijas. Sustituía a su esposa, que era enfermera y tenía turnos pesados. Con el tiempo, él aprendió a cocinar y a hacer todo lo que antes no sabía.

​Poco a poco, yo hice lo mismo. Al llegar a esa nueva ciudad, mi condición era esa: quedarme en casa. Ella me decía: «Puedes quedarte, amor, yo no te exijo nada. Si estás a gusto, adelante; tu ansiedad no te deja estar bien ahora, así que no hay problema. Quédate, distráete y, cuando yo llegue, salimos». Ese era nuestro trato. Sin embargo, aunque ella no me lo pidiera, yo no me sentía cómodo como hombre pidiéndole dinero para mis cosas. Así que empecé a idear un plan de trabajo para tener mi propio ingreso.

​Rocío nunca me exigió nada; fue súper comprensiva en ese aspecto. Pero, como veremos en esta historia, no todo era perfección. Poco a poco empezaron a salir los «trapitos al sol». El problema comenzó porque su mamá se metía muchísimo en la casa; iba a diario y me asfixiaba. Yo no sabía cómo decirle que necesitaba espacio, y ahí aparecieron las primeras luces de alarma. Ella, con interés, decía que debíamos buscar trabajo en la capital, en Francia, porque en el pueblo no había nada, ni cine ni lugares para caminar. Yo, en cambio, estaba muy a gusto vendiendo ropa y me iba muy bien.

​Finalmente, Rocío encontró trabajo en una empresa del pueblo. Fue entonces cuando noté que algo raro pasaba. Un día me dijo: «Voy a hacer un viaje y me iré por todo un fin de semana». Era la primera vez que pasaría tanto tiempo totalmente solo. Me sentía muy solo, imagínense: sin familia y sin nadie con quien pasar la noche. Aunque tenía a mi suegra cerca, no me sentía cómodo ahí por razones del pasado.

​La primera noche fue difícil. Estaba muy nervioso y casi no dormí. No fui capaz de acostarme en la habitación; me daba mucho miedo la cama, así que me dormí en el sofá. Al día siguiente la ansiedad seguía, así que fui un rato a casa de su mamá para distraerme. La plática fue normal, pero ella me sembró ideas en la cabeza que me pusieron peor. Me contaba siempre cómo el papá de Rocío le ponía el cuerno, y en una de esas me soltó: «Cuando una mujer se porta mal y anda de cusca con un hombre, siempre intenta tapar su infidelidad trayendo un regalo. Siempre dicen: ‘Mira, me acordé de ti y te traje esto’».

​Llegó la noche y yo la esperaba ansioso. Debo reconocer que Rocío siempre me dio mi lugar. Recuerdo que, antes de mudarnos, su mamá tocó a nuestra puerta muy eufórica: «¿Estás bien, mijo?». Yo tengo el sueño muy pesado; hay un dicho en el pueblo que dice que pueden violarme y ni cuenta me doy, de lo profundo que duermo. Cuando abrí, ella me vio en paños menores, pues duermo solo en bóxer por el calor. Rocío se molestó mucho con ella: «¿Por qué lo despertaste? No lo andes molestando, sus horarios son de 9 a 10:30, respétalo». Siempre me defendió.

​Incluso una vez en el súper, cuando Rocío recibió su primer sueldo, invitó a toda la familia. Su mamá, muy gustosa, dijo: «Ay, hija, ¿me vas a surtir la despensa?». Y Rocío le contestó: «No, mamá. Yo llevo la despensa de mi casa. Te compro algo, pero la despensa grande te la tiene que comprar mi papá». Sentí feo por la señora, pues nada le costaba llevarle lo esencial, pero Rocío tenía sus ideas claras con el dinero.

​En fin, cuando ella llegó del viaje, se me vino a la mente todo lo que me había dicho la suegra. Rocío sacó algo de su bolsa y me dijo: «Mira lo que te traje. Vi esta jirafita y me acordé de ti».

​En ese instante, se me vino el mundo encima. Ella notó mi cara de disgusto de inmediato. Tienen que ver el siguiente capítulo para saber qué pasó.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 24.02.2026

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