La Ideología Del Amor

"La lealtad en el laberinto"

​Siempre que nos dan un regalo, uno lo espera con ansia. Te preguntas: "¿Qué será?", y de inmediato imaginas algo que te guste. Algunas esperan joyas, otras simplemente una rosa o una salida. Pero, ¿qué pasa cuando eres tú quien está del otro lado? ¿Qué ocurre cuando rompes los esquemas y el tabú de que la mujer trabaja mientras tú, por algún padecimiento, tienes que quedarte en casa? Lamentablemente, no puedes ser el proveedor o la cabeza de la familia, ¿y qué pasa cuando la pareja parece aceptarlo? Ella dice: "Por mí no hay problema, amor, mientras me ayudes aquí en casa y hagas lo que te toca, pues adelante".

​Sin embargo, en el mundo exterior uno se enfrenta a mil palabras y humillaciones. Te topas con ese término que todo el mundo usa: "mantenido". También he oído mucho el de "deshuesado", y podríamos hacer una lista grande de frases como "no sirves como hombre".

​En ese contexto recibí yo ese regalo. Tenía la mente llena de lo que su mamá me había dicho; como ella empezaba a darme detalles de la nada, automáticamente lo atribuí a algo malo. Se me vino de nuevo el pensamiento de cuando la conocí, porque su madre me confesó claramente: "Ella es muy noviera. No te digo que la dejes, solo tómalo en cuenta porque ella es así". En aquel entonces, mi pensamiento fue: "No voy a intentar cambiarla, voy a hacer que cambie conmigo. Haré que me valore".

​No sé si conozcan la historia de Frida Kahlo. Hay una película en particular que me gusta mucho porque muestra claramente cómo la hizo sufrir Diego Rivera. También muestran sus preferencias sexuales y su modo de ser, que a mi punto de vista nunca fueron un tabú, al menos para ella; que la gente de aquel entonces no supiera qué era, es otra cuestión muy diferente. En esa cinta se ve todo lo que ella le aguantó a Diego por amor. Cuando veía que él le era infiel, ella empezó a hacer lo mismo para divertirse; nunca le faltaron hombres ni mujeres.

​Mi error fue creer que podía hacer lo mismo, o mejor dicho, creer lo que Frida pensaba: que de alguna manera él cambiaría. Ella le decía: "Puedes serme fiel", y yo pensaba que la lealtad y la fidelidad van muy de la mano. Con ese pensamiento, cuando me hablaban mal de ella, yo decía: "Veremos". Tenía la idea de que podía hacerla reaccionar; que, a pesar de mis vendas en los ojos, ella se quedaría conmigo y lo malo pasaría.

​Cuando me dio el regalo, era una jirafa y una rosa. Me trajo varios detalles y yo le pregunté: "¿Por qué me traes esto?". Ella respondió que solo se había acordado de mí. En mi juventud le solté: "Tu mamá me dijo esto y esto de ti". Ella se puso tensa y me dijo: "Espérame, voy a hablar con ella ahorita vengo". Se fue y yo me quedé ahí pensando que no debí decir nada.

​Tardó mucho en regresar. Pensé que quizá estaba conviviendo con su hermano, que es especial. Cuando entró, le pregunté: "¿Por qué tardaste tanto?". Ella me reclamó, y yo le dije que no se lo decía como reclamo, sino para explicar mi reacción ante el regalo. Ella me contestó: "No está bien que te esté metiendo cosas en la cabeza que no son, porque eso te crea inseguridad y al rato no vas a confiar en mí". Así quedó la cosa. A partir de ahí, la mamá ya no me contaba nada de ella, pero sí me seguía platicando del papá: de cómo era de infiel, machista y mujeriego; decía que ya le daba asco y no quería tener intimidad con él.

​Era una relación bastante rara la de la mamá y Rocío. Recuerdo una vez que estábamos visitando a la señora y de repente ella me dice: "Ahorita venimos". Me quedé estupefacto, sentado, reaccionando a solas. Me acordé de una película donde un chavo es invisible —creo que ya no está en ninguna plataforma— donde el protagonista sufre un altercado por una chica y queda en un estado entre la vida y la muerte, pero ella lo sigue viendo.

​Les pregunté a dónde iban. El señor (el papá) también me contaba sus cosas; decía que a su esposa le gustaba ir a clubes nocturnos y meterse con hombres. Yo le preguntaba por qué no hacía nada, y él siempre decía lo mismo: que en esa época sus hermanos se turnaban para cuidarla, pero como nadie quería hacerse cargo, el peso cayó sobre él.

​En ese tiempo yo tenía la cabeza volada, no sabía qué decir. Pensaba que lo más seguro era que la señora se fuera a uno de esos clubes. Me sentía desesperado, frustrado e imposibilitado. No podía detenerla; la decisión ya estaba tomada. Se me salieron las lágrimas. La señora, al verme, le dijo a su esposo: "Míralo, está llorando". El señor le suplicaba: "Vete tú, pero deja aquí a Rocío". Ella se enojó, dio la media vuelta y se fue.

​Yo estaba apenado. Quizá mi inocencia era tan grande que no me daba cuenta de la realidad, y sí, le echaba la culpa a ella. Pero como dice el dicho: "Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata".

​Nos retiramos. Yo iba llorando, muy triste. Cuando llegamos a la casa... bueno, tienen que ver el siguiente capítulo para saber qué pasa.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 24.02.2026

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