La Ideología Del Amor

"La Vitrina de Vidrio"

Han soñado alguna vez con una realidad alterna? Una en la cual son tan felices que llegan a pensar que es la verdadera realidad y no solo un sueño; donde de verdad crees que eso es lo que estás viviendo. En ese estado, todo queda atrás: los problemas personales, la familia... solo existe esa realidad y los sucesos que la componen.

​Yo pasé por algo así. En ese sueño, soñé que aún estaba en la relación con Rocío. Era feliz. Nos habíamos ido a vivir a unos cuartos muy cerca de su familia. Irónicamente, eran habitaciones de vidrio; se veía todo hacia afuera y eso era extraño. Recuerdo bien que nuestro cuarto no tenía baño, un detalle importante ya que soy obsesivo con la limpieza. En ese escenario, ella estaba embarazada. Lo recuerdo perfectamente, pero no todo fue "color de rosa".

​Al continuar con el sueño, me di cuenta de que no todo era tan bello. Sí, estábamos juntos y, en efecto, ella esperaba un hijo, pero algo empezó a cambiar. Al principio éramos muy felices: ella trabajaba y yo la esperaba en casa hasta que llegaba. Sin embargo, en cuanto el embarazo avanzó, surgieron los problemas. Empezamos a enojarnos porque ella salía constantemente, dejándome abandonado y solo. Parecía que no le importaba en lo más mínimo su estado con tal de irse de juerga con sus amigos.

​Lo más raro de la situación es que, aunque se supone que yo debería haber huido de ese momento, en el sueño la que se va de mi lado es ella. Recuerdo una conversación con mi suegra, la mamá de Rocío, en la cual le decía: «Estás embarazada, ¿no te da miedo?». Ella se veía tras de Rocío y me decía: «Ya no vayas a dejar que se te vaya». La busqué, pero no la encontraba; no daba con ella. No era una relación fácil. Era un momento difícil en el que ella no aceptaba volver.

​Finalmente, la encuentro y justo cuando me marca por teléfono estando en otro lado, despierto.

​¿Era un sueño o era realidad? Son de esos sueños en los que no distingues la frontera. La situación se había tornado complicada. Cuando volvimos a la casa, se enojó conmigo y empezamos a pelear. Me decía: «No sé por qué hiciste problema, yo no iba a ir a ningún lado, solo iba a dar la vuelta con mi mamá. No había razón para que hicieras drama, me quieres tener aquí encerrada entre cuatro paredes».

​Lo chistoso es que, cada vez que ella se enojaba, su costumbre era salirse y dejarme solo. En ese momento la dejé ir, le di su espacio. Al poco tiempo volvió. No sé qué se dijeron o qué pasó, pero lo que sí sé es que, al menos frente a mí, su madre dejó de intentar sacarla de la casa. Aun así, seguía habiendo roces y desacuerdos.

​Yo empecé a vender cosas; tenía que generar mi propio dinero. Ella, por su parte, cada vez evitaba más pasar tiempo conmigo a solas. Estando juntos ya casi no había intimidad. Cuando empecé a ganar dinero, me fue muy bien. Recuerdo perfectamente la primera visita de mi familia a la ciudad: me trajeron mucha mercancía, ropa y zapatos para vender. Empecé a sacar más de $1,000 al día. Me iba excelente.

​Fue entonces cuando ella empezó con la costumbre de decirme: «¿Quieres salir? Pues dame dinero».

​Dicen que el amor te cambia. También dicen que si vienes de una familia humilde vas a ser más noble, que valorarás más la vida y sus carencias, aprendiendo a apreciar lo poco que te llega. Esas son meras mentiras y tabúes que he confirmado a lo largo de mi vida. En ese momento empecé a huir de ella. Salíamos, claro, pero siempre con mi dinero, ya que ella decía que no tenía para gastos de pareja. Nunca se me ocurrió preguntar qué pasaba con lo que ella ganaba; simplemente el dinero no proveía lo que debía.

​Como dije antes, cada cosa que yo quería, tenía que comprármela yo, pero si ella quería algo, también tenía que pagarlo yo. Ella, la persona que antes comprendía mi estado cuando yo no podía trabajar, cambió. Empezó a quejarse de todo.

​Recuerdo bien que fuimos a comer a un restaurante. Yo era feliz; a mí me gustan mucho los pueblos, los prefiero sobre la ciudad. Pero ella empezó a quejarse. Al salir de ese lugar donde yo la pasé tan bien, dijo: «Ay no, este restaurantito... estoy harta de vivir en este pueblito, no hay nada, ni cine ni nada». Y yo lo había pagado todo. Tenía que juntar dinero para cada salida mientras sus ganancias parecían desvanecerse en el aire.

​Pensé que tenía que hacer algo, que debía hablar con ella porque no podíamos seguir así, pero debía hacerlo de forma que no se enojara. Se acercaba mi cumpleaños y le pregunté: «¿Qué me vas a regalar? Hay un restaurante muy bonito en este pueblo al que siempre he querido ir».

​Ella me respondió: «Pues lo vas a pagar tú, porque yo no tengo dinero».

​Así empecé a pensar, en calma y en silencio, qué hacer. Tienen que ver el siguiente capítulo para saber qué hice.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 24.02.2026

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