La almohada en la espalda fue para mí, en ese tiempo, como un alivio; como si me diera una caricia en la espalda, como un acto de amor enorme hacia mí. Saben, a lo largo de este libro que se trata de todo lo contrario de lo que uno piensa, toda mi vida me pregunté cómo es el amor. También pensé: "¿Cómo será cuando halle el amor? ¿Sentiré mariposas en la panza? ¿Sentiré cómo se acelera el corazón? ¿Escucharé ese bom-bom rápido?".
La realidad es tan diferente, ya que toda mi vida fui en búsqueda del amor y debo reconocer que después de Rocío no me fue nada bien. Después de ESA almohada, a la mañana siguiente platicando con mis padres, les dije que me había dado un dolor de espalda y que Rocío me había ayudado. Rocío en ese momento no estaba, estaba trabajando (que ya les hablaré de cómo se empezó a comportar).
Dijo mi mamá: "¿Cómo te ayudó? ¿Por qué no subiste por una pastilla?". Le dije: "No fue necesario, ella puso una almohada en medio de los dos muy cerca de mi espalda y fue así como se me quitó el dolor". Mi madre y mi padre se dan unas miradas, a lo cual me voltean a ver y me dicen: "Hijo, eso no fue para ayudarte; lo hizo porque no te quiere cerca". Mi padre interrumpe y dice: "Hablen, hijo, porque parece que están teniendo problemas".
De repente vino a mi mente una de esas idas a visitarla cuando éramos novios, cuando no nos podíamos quitar las manos de encima. Había un salón arriba del hotel donde nos quedábamos en una de esas idas a verla y había muchos espejos. Yo odio los espejos, nunca puedo verme de frente por mucho tiempo; es como si mi reflejo no fuera bueno, como si al voltear a verme hubiera un monstruo horrible, deforme, como el típico jorobado. Como si todo ese bullying que recibí fuera merecido y fuera verdad. ¿Quién puede amar a un monstruo asqueroso como yo? Es por eso que siempre busqué en otras para llenar lo que no había dentro de mí, para llenar el hueco vacío que era imposible de llenar.
Su comportamiento era cada vez más horrible conmigo. Nunca fueron necesarios los golpes, ya que ella sabía golpear de una manera más cruel. Era más allá de un golpe. Cada llegada se sentaba horas en su compu de nuevo y agregó algo nuevo: el teléfono lo ponía abajo de la almohada. Y eso no era todo, se lo llevaba al baño y a bañar. Tomen en cuenta que no había aún TikTok ni nada, por lo cual mi sensación de lo que hacía era obvia. En mi presente, al escuchar la felicidad y risas de otros, aprendí a entender que el amor y yo no somos uno; que yo cuando nací fui marcado como "nunca conocerá el amor", y sí, así es.
En ese entonces yo ya sabía que algo pasaba. Se inscribió en el gimnasio, empezó a ir y duraba horas y horas y horas. Lo más extraño es que buscaba gimnasios bien lejos de mí y llegó un punto en el que se llevaba en una bolsa de plástico su esponja, su jabón de barra y su champú. Le dije: "¿Por qué te llevas todo eso?". Decía: "Es que yo no quiero saliendo del gimnasio venirme todo sudado". Le dije: "Yo entiendo, pero vas a salir recién bañada al frío y también es igual de malo". Entonces se enojaba y decía: "Tú nada más me estás controlando y me estás vigilando".
Recuerdo que en una de las veces que se sentaba en la computadora le decía: "Bueno, Rocío, ¿qué tanto haces? Ya casi es hora de que te vayas a trabajar de nuevo y no te has dormido ni una hora". Decía: "No lo necesito, le estoy checando unas cosas de trabajo". Pero recuerdo que cuando yo bajaba a ver qué estaba haciendo, inmediatamente actuaba muy extraño. Cerraba la computadora y apagaba y desconectaba todo rapidísimo.
En diferentes ocasiones pasaba lo mismo y me seguía diciendo: "Te voy a dejar, te voy a dejar, te voy a dejar... hazle como quieras, te voy a dejar". Esos eran sus pensamientos y eso empezó a decir. Yo ya no estaba a gusto, ya no podía estar en paz hasta que uno de esos días le pedí el divorcio. Le dije: "Quiero el divorcio, esto no está funcionando".
Hay abogados gratis aquí en Francia, entonces fuimos a pedirlos. Nos sentamos por horas esperando turno. Me dieron el divorcio bien rápido, me lo tuvieron en dos días porque yo estaba de acuerdo y ella no abría la boca para decir lo contrario. Ese día que fuimos a firmar me llevé a mi hermana menor, que en ese entonces era una bebé. Recuerdo cómo se nos quedaban viendo las parejas, como diciendo: "Ay, qué desgraciada es esta fulana por hacerle eso a ese chavo tan bueno que se trae a su hermanita". Ella se la pasaba renegando: "Yo ya me quiero ir de aquí, no sé por qué carajos estamos aquí, pero ya te lo firmo y nos vamos. Cada quien por su lado, es lo que quieres, así va a ser". Dije: "Sí". Yo estaba muy seguro porque estábamos peleando bastante.
Al momento de firmar me dice ella: "¿En verdad vas a firmar?". El licenciado se nos queda viendo: "A ver jóvenes, piensen bien si van a firmar porque yo veo que aquí hay amor". Fui un estúpido. Salimos del edificio y su comportamiento para nada cambió. Por unos dos o tres días estaba igual. Mi madre decía que yo no podía cambiarla. Yo tenía la idea de que mi amor la iba a cambiar y estaba muy equivocado. Ella no iba a cambiar, simplemente me usó para salir de la cloaca en la que vivía y cuando absorbió todo lo que yo le daba, me botó como una bolsa con basura al bote.
Empecé de nuevo. Me encontré un trabajo donde ayudaba a armar pisos de luces para escenarios. Después ella encuentra otro trabajo donde le pagan mejor, pero era de llegar noche de nuevo; ella andaba en moto. Yo decía: "Tengo que confiar en ella, tengo que confiar que no está haciendo nada malo". Hasta que en una de esas veces me bajé sin zapatos y sin hacer ruido, muy lentamente... y no van a creer lo que encontré, lo que vi o lo que tal vez escuché. Tienen que ver el siguiente capítulo para saber lo que pasó.
2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.
Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.
Editado: 24.02.2026