La Ideología Del Amor

"El Saqueo del Corazón"

​¿Se han puesto a pensar qué se siente cuando ves a la persona que amas con alguien más? Esa persona con la que compartiste tantos momentos especiales, con la que sentiste mariposas por primera vez; alguien con quien creíste que estabas creciendo y madurando... Verla marchar frente a tus ojos, ver cómo se te va de las manos, cómo se desliza entre tus dedos sin que puedas hacer nada porque su decisión ya está tomada. Quisieras decir algo, hacer algo para retenerla, pero no hay nada más que puedas hacer; simplemente debes dejarla ir.

​En ese momento sientes cómo se te parte el corazón en mil pedazos. Eso fue lo que yo sentí cuando llegué, abrí la puerta y vi que ella estaba empacando sus cosas. Le pregunté:

​—¿A dónde vas, Rocío?

—Ya te voy a dejar. Yo te dije que te iba a dejar y te lo advertí muchas veces, pero no me hiciste caso. Pensaste que estaba jugando contigo, pensaste que te estaba echando mentiras, pero no; te dije que te iba a dejar y te voy a dejar.

—¿Ya tienes a alguien más? —pregunté yo, asustado e impresionado.

—Yo ya no te amo —me soltó ella.

—Eso no te lo creo —le dije—. Dímelo de nuevo, pero mirándome a los ojos: dime que no me amas y te creo, y te dejo ir.

​Así, como de novela, tal cual se lo dije. Ella levantó la mirada, se me quedó viendo y me dijo:

​—Sí, te amo, pero no me puedo quedar contigo. Tengo otro compromiso y no puedo dejarla sola.

—¿Dejarla? ¿De qué estás hablando, Rocío? ¿A quién vas a dejar sola? ¿De qué hablas?

​Ella siguió empacando, llevándoselo todo. Me impresionó ver que afuera había llegado una camioneta Lobo 4x4, una Ranger negra; ahí estaba echando todas las cosas. Esa nueva persona en su vida la estaba llenando de joyas y lujos, lo cual le caía como anillo al dedo, porque yo siempre supe que ella era una "Teresa"; siempre lo supe. Esa persona se llamaba Claudia Mendoza y la estaba colmando de lujos; tarde o temprano sabría más de ella.

​En ese punto, Rocío estaba subiendo todas las cosas: el refrigerador, la lavadora, la estufa... se lo llevaba todo. Pero todas esas cosas fueron pagadas por mí. Mientras vivíamos en París, yo era el que trabajaba vendiendo mi mercancía; el dinero de ella nunca dio frutos. Yo pagaba la renta, la luz, el agua. Yo pagué ese refrigerador, esa estufa; cada plato, cada cuchillo y cada tenedor fue pagado por mí. Cada salida, cada prenda de ropa y hasta la ropa interior que traía puesta, fue comprada por mí. ¿Qué hizo ella con su dinero? Nunca lo sabré.

​Para seguir esta historia tengo que retroceder un día atrás. Fuimos al cine con mi familia y ella me preguntó:

—¿Me vas a comprar lo que me prometiste?

​Dos días antes de eso, yo ya le había sacado un aparato muy moderno para jugar en una tienda donde me daban crédito por mi buen historial de más de 20,000 euros; me iba bastante bien. Ella me dijo: "Es que me hace falta el volante para ponerme a jugar". Se lo compré nuevo. Escondimos el volante en el carro; nos salimos de la función de cine solo para comprarlo, dejando a mi familia ahí. Ese mismo volante se lo llevó cuando se mudó.

​Al día siguiente me dijo: "Necesito que me prestes dinero". Yo fui un estúpido, un pendejo; nunca le pregunté para qué lo necesitaba. Yo confiaba ciegamente en ella; después de más de 7 años juntos, nunca pensé que me fuera a dejar. Sí, había problemas como en cualquier matrimonio, pero no pensé que llegaríamos a ese extremo.

​—Necesito que me prestes 5,000 euros —me pidió.

—Está bien —le dije, sin preguntar para qué.

​Al día siguiente fue más dinero. Fueron 10,000 euros en total. Todos mis ahorros. Me dejó en cero, con solo 100 euros en la bolsa. Y justo al día siguiente fue cuando entré y la vi empacando todo para irse. Ustedes empiecen a atar cabos: ¿para qué era ese dinero? Lean sus mensajes. Les juro que hasta la fecha sospecho que era para pagarle la renta a la otra mujer o para algo similar, pero nunca he querido indagar más.

​Esa noche se fue diciendo que al día siguiente volvería por la lavadora, el refrigerador y la estufa. Todavía no me "caía el veinte"; todavía no me daba el "ranazo", como dicen en mi pueblo. Estaba asimilando la situación poco a poco, pero seguía en shock.

​Al día siguiente volvió por lo demás. Teníamos una vecina con un hijo adolescente que se llevaba muy bien conmigo. Ese chavo estaba ahí y, cuando vio que venían por las cosas, me dijo que me ayudaba. Se le veía la cara de molestia; estaba indignado porque veía que ella se llevaba cosas que no eran suyas. Tiempo después, mi mamá me reclamaba: "¿Por qué dejaste que se llevara tus cosas si tú las pagaste?". Yo simplemente no quería problemas; la verdad, no me la creía. Tenía la esperanza de que se quedara, de que no se fuera. Esa es la realidad.

​Cabe mencionar que cuando se llevó todo, su papá vino desde muy lejos por ella. Me sorprendió, porque era un hombre que nunca salía de su pueblo, pero esa vez vino por las cosas y hasta se puso a darle sermones a mi padre: "Es que yo les dije que no se casaran tan jóvenes", decía, cuando en su momento nos habían dado todo su apoyo. Claro, como la hija seguía los pasos de la familia, el señor tenía que apoyarla.

​Se llevaron todo y se fue. Yo me sentía como cuando fallece alguien muy querido y todavía no lo asimilas; estaba en shock. Mi familia esperaba a que me diera el "ranazo", y cuando finalmente me cayó el veinte, caí en una depresión muy, muy fuerte. Una depresión que me llevó a situaciones que hoy me dan vergüenza conmigo mismo, pero de eso les platicaré en el siguiente capítulo.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 14.03.2026

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