La Ideología Del Amor

"El Ser de Luz que se Perdió".

​Un día como cualquier otro decidimos citarnos para conocernos. Ya saben, yo tenía esa afición por las aplicaciones de citas. Nos quedamos de ver en un lugar cerca de donde ella vivía, un fraccionamiento privado. Yo llegué tarde y me sentía muy nervioso. Recuerdo que ella llegó temprano y me buscaba con la mirada.

​Tenía una sensación extraña, no sé si les ha pasado, pero era como un déjà vu; como si fuera a reencontrarme con alguien que ya conocía de otra vida. Al verla, nos estrechamos la mano y, literal, sentí una electricidad que me recorrió todo el cuerpo. No me lo van a creer, pero soltamos chispas, como cuando tocas a alguien y dices: "¡Ay, me diste un toque!". Así me pasó con ella. Se llamaba Marina.

​En ese mismo instante, lo primero que sentimos fue una familiaridad inmediata. Era como si nos hubiéramos visto antes; ella sabía lo que yo iba a decir, sabíamos todo el uno del otro. Fue algo sumamente extraño. Íbamos directo a un motel, pero antes yo quise romper la rutina. Le propuse ir a un parque a sentarnos para platicar, quería cambiar lo que ya estaba ocasionando y, como sentía esa conexión, quería pasear.

​Ella se me quedó viendo y volteó los ojos como diciendo: "¿En serio me propones eso?". Me miró como si supiera perfectamente quién soy, como si tuviéramos años de conocernos, aunque era la primera vez que la veía. Le contesté: "Ni pienses que vamos a ir a ese lado todavía". Ella sonrió, agachó la mirada y me dijo: "Me gusta que sepas lo que estoy pensando".

​Me tomó de la mano y caminamos por el centro. De pronto me preguntó: "¿Tú crees en los ángeles, en los seres de luz?". Cuando le pregunté por qué, me respondió: "Porque yo soy un ser de luz, y tú también. Solo que yo estoy perdida ahora mismo, paso por una situación difícil". Y no dijo más.

​Después me enteré de lo que estaba viviendo: su exnovio tenía la custodia de su bebé, pero él se había juntado con un hombre, y eso la dejó choqueada. Estaba pasando por una etapa muy dura de alcoholismo. Fue una lástima, porque la conocí en un pésimo momento de su vida. Es ese instante en el que dices: "Pudo ser perfecto, pero no era el momento para conocernos".

​Aun así, terminamos yendo a un motel lujoso. Ya en la habitación, me preguntó si traía condones. Le dije que no, y ella suspiró. Se molestó un poco porque pensaba que uno siempre debería cargar con eso en la cartera. Salió a comprar y dejó su teléfono reproduciendo una canción de un grupo que me gusta mucho, Aventura; la canción era "Propuesta Indecente". Antes de salir me dijo: "Escúchala porque te la dedico. No te vayas a ir".

​Yo me quedé ahí, escuchando la música. Tardó un poco, pero cuando llegó y me vio, me dijo: "Pensé que te ibas a ir y te ibas a robar mi teléfono". "¿Por qué haría eso?", le pregunté. Ella me miró y sentenció: "Marina, eres el indicado". Me estaba poniendo a prueba.

​En ese momento se quitó la playera. Ella era muy fitness, igual que yo en esa etapa. Tenía un poema tatuado en el torso, cerca del estómago. Me pidió que lo leyera y me hizo tocarlo. Fue un momento muy erótico, pero este libro no es para eso, así que los dejo picados con ese instante.

​Seguimos saliendo, pero empecé a notar cosas extrañas. Descubrí que tenía otras redes sociales. Me había dado un Facebook, pero tenía otro oculto. Cuando la cuestioné, no le pareció. Dijo que el otro era para sus amistades y el que me dio a mí era exclusivo para nosotros. A mí eso no me cuadró.

​La siguiente vez que nos citamos, ella llegó muy enojada. Yo llegué en un taxi y el conductor me dijo algo que nunca olvidaré: "Tenga cuidado, joven. Se ve que usted es un buen muchacho, pero hay personas que solo juegan con uno". Se me hizo rarísimo, como si el señor me conociera de siempre. El taxista se ofreció a esperarme hasta que ella llegara. Pasaron 20 minutos y Marina no contestaba.

​Cuando por fin llegó, el taxista hasta le reclamó por la tardanza, como si fuera mi tío. Fue muy extraño. Ella llegó gritando: "¡Vámonos, tengo prisa y muchas cosas que hacer!". Yo pensé que iríamos a cenar, pero ella solo quería ir al hotel. "Vamos a que me des un masaje, tenemos sexo y me voy porque tengo que ir a c*******", me dijo de forma brusca.

​Le pregunté si estaba bien y me respondió que estaba estresada, que tuvo un mal día. Accedí a ir con ella, aunque me llevaba casi a jaloneos. En la habitación, sacó de su mochila una lata de cerveza y vi que traía varias vacías. Ahí me percaté de que venía tomada. Me confesó que sus problemas con el ex estaban peor que nunca.

​Esa vez no lo disfruté. Ya no sentí nada. Fue como si esa conexión eléctrica se hubiera evaporado, resbalando de mis dedos. Ya no me sentía a gusto con ella. Para ese entonces, seguía con mi afición a las redes y estaba conociendo a otra chava, Georgina. Ella me "endulzaba el oído", era como una Julieta bajada del cielo.

​Mis padres me decían que no podía estar con ambas, pero yo seguía con Marina, quien ya me estaba proponiendo algo formal. Yo ya pensaba en dejarla, pero aún no me sentía preparado.

​Lo que pasó después, si la dejé o no, lo verán en el siguiente capítulo.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 14.03.2026

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