La Ideología Del Amor

​"El dulce sabor del veneno"

Cuando llegó Georgina, lo hizo con el aura de alguien impecable; irradiaba una perfección tal que no lograbas notar la imperfección tras esa careta. Físicamente, si a belleza vamos, carecía de ella, pero eso no me importaba. En ese momento, ella era lo más importante para mí. Me encantaba que me llamara por mi nombre, que me dijera: "Keiler, eres muy guapo, eres hermoso... debes cuidar tu persona, no andar por ahí". Ella conocía mi pasado y me advertía que no debía estar con una y con otra porque "eso no iba conmigo". Era una imagen de rectitud tan fascinante... ¡guau!

​Pero aquel día, cuando llegó, fue como si ya viniera dispuesta a todo. Empezó saludando a mi papá, algo sorprendente porque él no es alguien fácil de tratar; es de esas personas que solo te hablan si tú les hablas primero. Sin embargo, ella se le acercó sin miedo ni pena: "Se me hizo muy difícil llegar, me perdí en la ruta...". Mi padre, de inmediato, estrechó lazos con ella. Incluso mi madre, que siempre ha sido de carácter difícil, empezó a congeniar. Pasamos una tarde bonita, la primera en que nos conocimos formalmente: comimos, convivimos y vimos una película.

​Recuerdo que subimos a la planta alta con toda la confianza de mi madre hacia mí pues, obviamente, ante la reputación de ella no había problema. Ya en mi alcoba, empezó a sonar su teléfono. "¿Quién te habla?", pregunté. Cabe mencionar que no me ocultó lo que pasaba, pero yo lo tomé con una normalidad excepcional. Me dijo: "Es un chavo que quiere conmigo, me lo presentaron mis padres y quieren que ande con él, pero ya le dije que no quiero nada".

​En ese instante, me invadió una sensación de celos tan intensa que solo pude pensar: "A mí nadie me va a quitar lo que me pertenece". Estaba dispuesto a impedirlo. Ella me preguntó si podía contestar y yo, con un "valemadrismo" fingido, le dije que adelante. Ella puso el altavoz. Se escuchaba un tipo bastante "fresa" (me había mostrado su foto y también carecía de belleza).

​—¿Aló? ¿Qué se te ofrece? ¿Por qué buscas a mi novia?— interrumpí yo, molesto.

Es que ella me prometió que íbamos a ir al grano, que tendríamos una relación formal y que vendría a verme— respondió él.

¿Qué más te prometió?— le solté con rabia —. ¿Te dio anillo? ¿Se presentó con tus padres? ¿No? Entonces, exactamente: no te prometió nada.

​No lo dejé hablar más. Mientras yo discutía con él, me sorprendió ver que ella agarró una libreta que yo tenía en la cama y una pluma, y se puso a dibujar un "Te amo" rodeado de corazones. Ahora lo veo con cinismo, como un desplante de superioridad, como si dijera: "Ya te tengo seguro a ti, ¿qué más da que corras a este?".

​Al terminar el día, ya para retirarse —pues el camino era largo, de más de una hora—, le dijo a mis padres: "Espero me den permiso de venir por Keiler la próxima semana, porque voy a presentarle a mi familia". Me tocaría viajar en camión y ella me esperaría en la central para llevarme con su mamá. Mis padres aceptaron; todo pareció marchar bien.

​Esa semana estuve muy ansioso, contaba los minutos. Cuando llegó el día, me subí al camión; era la primera vez que viajaba solo una distancia considerable. Al llegar a la estación, los nervios me consumían. Le mandé un mensaje, pero no respondía. Pasaron 20, 25, 30 minutos... nada. Ya me iba a levantar para comprar el boleto de regreso cuando sonó el teléfono: "Ya voy para allá, perdón, me estaba bañando y lavando el carro, se me fue el tiempo. Espérame".

​Esperé media hora más. De pronto, llegó un carrito negro con una canción de Chino y Nacho a todo volumen. Me acuerdo del video de esa canción, "Andas en mi cabeza", donde sale una chica hermosa. Me desesperé tanto que me acerqué al auto y le reclamé: "¿Por qué tardaste tanto?". Ella bajó el volumen, se estresó un poco y me dijo: "Estaba ocupada... ¿te diste cuenta de que puse esta canción para ti?".

​Le pedí que la pusiera de nuevo y empezamos el viaje. Yo quería dar una vuelta primero, pero ella insistió en que su mamá ya nos esperaba con la comida. Para calmar los nervios, me fumé un cigarro y luego me puse un chicle para disfrazar el olor.

​Vivía en una parte de la ciudad bastante escondida, donde tenías que subir más de cien escalones para llegar a la casa. Debo admitir que, por dentro, la casa de tres pisos estaba muy bonita y acorde al estilo de la ciudad. Yo, en ese entonces, traía el cabello teñido de un color entre rojo y violeta. Recuerdo perfectamente que, al llegar, me barrieron con la mirada. No fui de su agrado y me sentí totalmente fuera de lugar.

​Tienen que esperar al siguiente capítulo para ver qué pasó. Las personas se atraviesan en nuestro camino para enseñarnos algo. Por favor, se los pido: no busquen pareja en redes sociales ni en aplicaciones. No hay perfección en nadie, por mucho que lo aparente. Este es el comienzo de mi historia para que entiendan el daño, físico y psicológico, que esto puede causar. Siempre he dicho que prefiero una cachetada a un insulto que se quede grabado. Ojalá hubiera sido solo eso y hoy no tuviera tantos parches en el corazón.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 14.03.2026

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