La Ideología Del Amor

"Fragmentos de un alma rota"

​¿Qué es lo que tú harías por amor? ¿Hasta dónde has llegado? ¿Qué has sido capaz de hacer por una persona? Darlo todo, valer el 110% y estar todo el tiempo demostrando que eres merecedor o merecedora; sentir que sí eres suficiente para ella. Tratas de comprobarte a ti mismo que están el uno para el otro, pero ¿qué pasa cuando vas de tropezón tras tropezón?

​Hay una parte en el segundo capítulo de una película de terror muy famosa, de un payaso conocido. Excelentes actores en todas las entregas, aunque el libro es mucho mejor, ni se diga. Pero hay un segmento de la protagonista, la amiga de ellos, en el cual pasa un fragmento de su vida saltando de pareja en pareja. En todas sigue el mismo patrón, como si fuera incapaz de romperlo o algo capturara su atención siempre hacia el mismo tipo de persona. El último que aparece es alguien que la golpea, la maltrata y le hace daño. Ella llevaba tiempo con él, hasta que decide dejarlo y acabar con esa situación.

​¿Y qué pasa cuando te das cuenta de eso? ¿Qué pasa cuando brincas todos los obstáculos y haces lo que ella hace? Dices: "Eres el amor de mi vida, pero te falta un poquito para serlo", y decides marcharte. Te amo, pero te das media vuelta y te vas. Sin embargo, vuelves a fijarte en alguien más y repites los mismos errores. Todo va bien y, de pronto, todo va mal; la historia se repite como en esas películas, una y otra y otra vez.

​Entonces, ¿qué pasa al final de mi libro? Eso es lo que tienen que averiguar. Me gustaría que agregaran mi novela a su lista de libros, porque les habla una persona con el alma rota. Una persona que ya no tiene corazón, que está tan dañada que ya no siente amor por nadie. Lo he repetido y, si no, se los digo otra vez: ya no tengo ganas ni de intimidad por tanto daño psicológico. Son palabras que vuelan en mi cerebro por la sensación que tendré al final; esa sensación de encontrar la paz.

​Estoy haciendo las paces con mi peor enemigo: el estar conmigo mismo. Me ha costado, pero estoy aprendiendo. No es fácil reconciliarse con la soledad, pero lo estoy haciendo. El miedo a la soledad es, en realidad, miedo a uno mismo. Cuando estés solo, debes aprender a valorar esos minutos; atesorar cada instante, porque no siempre tendrás ese momento de quietud.

​Cuando yo estaba con Georgina, hubo un momento con su madre que no sé cómo describir. Su comportamiento fue demasiado abrupto; bajó con una sensación de enojo tremendo. Era una casa de tres pisos y ella bajó las escaleras con una rapidez que asustaba. Entró a la cocina y gritó: "¿Qué hacen aquí?".

​Yo no sabía lo que Georgina había hablado con ella; a mí solo me contó lo que le convenía, no toda la verdad. Era comprensible el enojo de la señora, sumado al maltrato que recibí toda mi estancia ahí. Ella nos gritó: "¡Sálganse de mi cocina! Mañana le voy a decir a tu suegro que desconecte la estufa para que empieces a pagar lo tuyo, porque a mi cocina ya no entran". Al final me dijo: "Vete analizando, porque aquí no vas a durar mucho tiempo".

​Eran amenazas constantes, insultos y tener que aguantar el alcoholismo de Georgina; era un suplicio. Al día siguiente, yo fui por ella al trabajo —caminaba largas distancias para recogerla y me servía de ejercicio—. Cuando llegamos, ya estaban desconectando la estufa. La señora nos corrió de su espacio. A partir de ahí, solo entraba con su permiso; si no, no podía ni pisar ese lugar. Tuve que salir a comprar comida ya hecha. A Georgina no le pareció, pero ni modo, eran las reglas y yo era quien las sufría.

​Ese fue el punto número uno de muchos. Tuve conflictos cuando hice las paces con mis padres y me trajeron muebles para empezar a amueblar donde estábamos. A ellas les molestaba que metiera cosas. Una vez, su hermana —la principal conflictiva— pateó mis muebles nuevos. Llegamos y me dijo: "¿Qué pasó? Esas pinches porquerías no las queremos aquí", y las pateó. Pero eso sí: quería que las acompañáramos a sus fiestas, donde se ponían hasta las chanclas de alcohol. Ahí sí éramos "familia".

​Hubo un evento muy fuerte. Se molestaron porque yo no ayudaba con el quehacer de la planta baja. Yo vivía en el departamento de hasta arriba, pero abajo estaban los cuartos, la cocina y la entrada. Empezaron los problemas porque, aunque Georgina trabajaba y yo estaba ahí, querían que yo limpiara todo. En un momento de rebeldía dije que no lo haría, y Georgina me pidió que la dejara hablar con ellas.

​Un día me acorralaron entre todas: "Tienen que apoyar, están viviendo aquí". Y empecé a limpiar, no me quedaba de otra. Cabe mencionar que Georgina estaba embarazada en ese entonces y también ayudaba. Una vez, mientras yo me bañaba y ella trapeaba, nos gritaron desde afuera: "¡Acabamos de entrar al baño y huele asquerosamente mal! Dile a tu esposo que limpie bien, no pueden seguir así". La hermana se metió a gritar que, si quería seguir ahí, tenía que ser un criado. Uno de los hermanos secundó el insulto y la mamá no hizo nada por detenerlos.

​Yo grité desde el baño: "¡Ya paren!", y Georgina también les pidió que nos dejaran en paz. La hermana le gritó: "¡Si no te parece, lárguense de aquí! Llévate a tu mujer si no les gusta". Aguanté muchísimos pleitos. Ahora que lo pienso, no entiendo qué problema personal tenían conmigo; simplemente no nos querían ahí.

​En otra ocasión, le gritaron a Georgina: "¡Amarra a tu esposo, dile que se calle! ¡Amárralo como a un perro!". Ya había nacido nuestra bebé. Como yo era el que iba por el mandado, me obligaban a traerles cosas a ellas también. Cargaba mi mandado, el de ellas y a mi hija en un rebozo; tenía que caminar muchísimo porque no había autobuses. Al llegar, solo me esperaban gritos si se me olvidaba algo. Era un martirio.

​Un día quise escapar. Traía a mi bebé y no pensaba dejársela. Lo intenté, les juro que lo intenté; no podía más. Cuando Georgina estaba embarazada, una prima le dijo: "Ya vas a estallar como la bomba que eres". A ellas les daba gusto que sufriera, incluso decían: "A lo mejor el bebé se muere adentro del vientre". Yo no aguantaba oír tanto veneno.



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 04.04.2026

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