Tienen que seguir leyendo este libro para comprender esta historia llena de defectos, de tabús y de errores humanos; una historia cargada de aprendizaje, de equivocaciones y de situaciones que te harán reflexionar. Como lo he repetido antes: no te estoy diciendo que el amor no exista, simplemente te digo que tengas cuidado con el amor y con la ideología que tú tengas de él. Eso es todo.
¿Alguna vez han escuchado una teoría muy famosa respecto a la película de La Bella y la Bestia? Hay una interpretación, fuera de la versión infantil, que dice que la Bestia es en realidad un hombre machista; su carácter explosivo y difícil deja entrever esa naturaleza violenta, mientras que Bella es una mujer noble y bondadosa. Lo que dice esta teoría es que Bella termina por rendirse. Si recuerdan, hay ocasiones en las que ella intenta irse, pero al final lo deja de intentar porque, simple y sencillamente, se termina enamorando de su captor.
¿Qué pasa en mi historia? Lo vamos a ver a continuación. Al saber que le estaban marcando a Georgina, no me quedaba de otra más que seguir el juego. Cuando iba en la preparatoria, recuerdo perfectamente que un maestro de literatura me decía: "A usted, joven, le tengo que sacar las cosas con cuchara; ¡qué trabajo me cuesta!". Es un maestro al que aprecio mucho y tengo su recuerdo grabado en mi memoria. Tenía razón, de hecho. En ese momento no te percatas de lo que estás haciendo; no deja de ser algo peligroso, simplemente pasa a ser una experiencia necesaria de vivir, una enseñanza más de vida.
—¿Sabe qué, señora? Tiene razón. Mejor tráiganme ustedes las cosas —le dije a su mamá.
—Te digo, mi hijo, que sí. Mejor súbete.
Llegué y tenía mucho miedo; estaba asustado y no sabía qué me deparaba al saber que le marcaban a Georgina. Cuando ella llegó, yo estaba temblando de susto; ni desayuné del miedo de que se descubriera que quería salir. Ella me dijo:
—Si tú necesitas algo y mi mamá está disponible, se lo puedes pedir a ella. Llegará un momento en el que irás solo, pero por ahora, si ella te lo ofrece, acepta que te traiga lo que necesites.
¿Qué pasó conmigo? Pues me pasó lo mismo que a Bella: después de innumerables intentos de escaparme, decidí dejar de intentarlo. Fue como me explicó una vez un maestro de psicología sobre el "Síndrome de la Caja de Pandora": imaginen una cajita en la que metes y metes emociones, las guardas y se te olvida que están ahí. Eso hace que tu subconsciente sea fácil de manejar. Pero, ¿qué pasa cuando sigues metiendo y metiendo cosas? Llegará un momento en el que no vas a poder cerrar la cajita; intentarás cerrarla a la fuerza, pero va a explotar. Tú vas a explotar, y obviamente no será nada bueno.
Yo siempre he creído que tengo ese síndrome. Me guardo las cosas y, cuando finalmente salen, lastimo a mucha gente. Soy como la bomba de Hiroshima: me llevo todo lo que está enfrente y arraso con lo que esté a mi paso. Por eso dejé de intentar escapar y terminé hallándome del lado de la "Bestia"; terminé por ver a una princesa de cuento de hadas en ese monstruo que tenía al lado, con el cual dormía.
Recuerdo una vez que iban a festejar en su trabajo; era una posada de diciembre. En México se acostumbra mucho celebrar con los compañeros antes de descansar por Navidad. En muchos trabajos dejan ir a las parejas, pero en esta ocasión me llevé una decepción muy grande. Yo le preguntaba:
—¿Puedo ir?
Y ella me decía: —No, no puedes, porque solo van los trabajadores de la empresa.
Me quedé con la incertidumbre y la duda: ¿qué hará en esa posada?, ¿con quién se va a meter? Hay una película muy buena sobre una mujer que se obsesiona con su jefe e intenta seducirlo en la posada, aunque no lo logra. Todo el mundo sabe que en esas fiestas a veces pasan cosas inapropiadas; es una idea que siempre he tenido y no creo estar lejos de la realidad.
Ella se fue y su mamá me decía: "Espérese, porque va a llegar muy noche". Me imaginé que llegaría a las doce o una de la mañana, y así fue. Hay un término que aprendí con la vida que se llama "estar cruzado": cuando tomas alcohol pero también consumes sustancias. Georgina llegó muy mal, arrastrándose, no podía ni sostenerse de pie. Pero lo más grave es que llegó sumamente agresiva y violenta.
La sociedad siempre dice que si un hombre te golpea es un infeliz y debe ir a la cárcel, pero si una mujer le pega a un hombre, a él lo tachan de "mandilón", de poco hombre o de no tener pantalones para defenderse. Cuando ella entró a la habitación, le pregunté:
—¿Por qué llegaste tan tarde y por qué tan tomada?
A lo cual, ella me jaló del pelo (en ese entonces lo tenía ondulado y me gustaba alaciármelo). Me gritó:
—¿Qué me dijiste? ¡¿Qué me dijiste, p******?!
—Nada, suéltame... solo fue un comentario.
Ella cerró el puño y me dio un puñetazo en el ojo. Me golpeó, me pateó, me jaló del cabello y me aventó a la cama hasta que se cansó. Luego me puso boca abajo e intentó bajarme los pantalones para usar un palo contra mí. En ese entonces yo había subido de peso y ella siempre fue muy flaca, así que me levanté y le di un codazo que la tiró al suelo. No podía acudir a mis padres por miedo a que me dijeran: "Te lo advertimos, te dijimos que no te juntaras con ella". Solo me quedó recurrir a su madre. Bajé y se lo conté; ella subió, la calmó y le dijo: "Mañana vamos a hablar muy seriamente".
Fue como si se quitara la máscara de cordero y se transformara en una bestia. Me desperté asustado, temeroso de cualquier movimiento; pensaba que me iba a pegar. Fue un inicio de año muy difícil: fingir que no pasó nada, "borrar el cassette" y aparentar que todo estaba bien cuando me estaba muriendo por dentro. No me sacaba a la calle ni me dejaba salir con ella; me tenía encerrado todo el tiempo. Su hermano llegó a confrontarla:
—¿Por qué lo tienes encerrado? Sácalo a que conozca la ciudad, eso no está bien.
Editado: 04.04.2026