¿Cuántas veces nos ha pasado que escuchamos, o mejor dicho, nos entra por un oído y nos sale por el otro, los sabios consejos de nuestra madre? "No te fijes en él" o "ella no te conviene", nos dicen. En algunos casos pensamos que la madre está equivocada y el hijo tiene la razón, pero la mayoría de las veces, el tiempo termina dándole el triunfo a ella. Esa sensación es más fuerte porque no son solo palabras; son presentimientos, una intuición de que algo malo va a pasar. Siempre nos advierten: "Cuando seas padre lo vas a entender", y uno, en su soberbia, responde: "Claro que no, ¿qué voy a entender? Solo no me estás dejando ser feliz". Es la frase más común, esa que decimos sin saber interpretar la realidad.
Pero, ¿qué pasa cuando finalmente te conviertes en padre o madre? Sucede algo muy curioso, como si te instalaran un chip que te otorga una visión que antes no tenías. De pronto, se te revelan todas las situaciones y admites con dolor: "Mi madre tenía razón, yo estaba equivocado. No debí estar con esa persona". Aun así, la mayoría de las veces caemos, porque como dice el dicho: "Nadie escarmienta en cabeza ajena". A veces necesitamos darnos cuenta por nosotros mismos, estrellarnos de frente para abrir los ojos y ver lo que realmente está pasando.
¿Qué ocurre cuando hay una víctima de acoso o abuso? Este libro busca ser una herramienta de autoayuda para quienes sufren situaciones que no se atreven a contar. Muchos hombres viven en la sombra, sufriendo violencia por parte de una mujer, pero la sociedad no está lista para eso. ¿Cómo reaccionaría el mundo si un hombre confesara haber sido violado o maltratado por una mujer? Se burlarían. Le soltarían mil apodos: "marica", "poco hombre", "deshuevado". Por eso, cuando Daniela sufrió aquel acoso, para mí fue más fácil darme la vuelta, voltear la mejilla y fingir que nada pasaba. Es muy fácil fingir demencia para no enfrentar el dolor.
Aquel día, mi madre fue tajante: "Vamos a ir a apoyarla, hijo. No te estoy pidiendo permiso, simplemente vas a ir. Ella nos necesita porque es de nuestra familia, y aunque Georgina se haya ido por su propio pie, esto te compete". Es interesante tocar este punto, porque la partida de Georgina no fue algo normal.
Retrocedamos al pasado, a aquellas vacaciones en un lugar rústico, rodeado de montañas y cabañas de ensueño. Era un sitio para desconectarse del ajetreo de la ciudad, pero yo notaba a Georgina extraña, como si estuviera ahí a la fuerza. Llevamos a Daniela con nosotros; sus padres confiaban en nosotros ciegamente. El ambiente en la estancia era ameno, cocinando como si estuviéramos en casa, relajándonos frente a un jardín inmenso dividido apenas por una malla de la cabaña vecina.
Todo parecía tranquilo hasta que decidimos ir al súper por provisiones. Me bajé con mi padre a comprar, cargando a mi bebé conmigo, pues ella siempre estaba pegada a mí, buscando el refugio de su padre. Georgina se quedó en el carro hablando con mi madre. Nunca sabré con exactitud qué se dijeron en esos minutos, pero la verdad, ya no me interesa. Nada justifica sus acciones posteriores hacia esa niña. Cuando regresamos al carro, ella simplemente bajó, golpeó la puerta con furia y se marchó, dejándonos en una ciudad desconocida, sin rumbo.
Mi madre estaba furiosa. "Hijo, mejor ni te digo las cosas horribles que dijo de ti", me confesó. Mi hermano estaba ahí, mudo ante la magnitud del conflicto. Al llegar a la cabaña, en lugar de priorizar a mi hija, mi mente se nubló. Como el hijo desgraciado que fui, decidí ir tras Georgina. Dejé a mi bebé para ir a rogarle a una mujer que era el mismísimo demonio disfrazado de oveja. Me sentía tan miserable, tan incapaz de sobrevivir sin ella, que me humillé.
Sin embargo, el límite llegó cuando insultó a mi madre. Puedo tolerar que me pisoteen a mí, pero no a ella. En un arranque de coraje, saqué sus cosas a la sala de la cabaña y le tiré todo. Esa noche, la persona que menos esperé fue quien me sostuvo: mi hermano. Se quedó a dormir conmigo, dándome ese apoyo que solo la sangre ofrece. Pero mientras mi hermano me cuidaba, yo cargaba con una culpa devastadora: la persona que debía estar durmiendo en mis brazos era mi bebé, y la hice a un lado por miedo a enfrentar mis emociones.
Esa noche fue el fin de una era. El despertar estaba cerca, y esta historia apenas comienza a revelar sus verdades más amargas.
2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.
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Título de la obra: la ideología del amor
Autora: Gabriela González Calette
Nombre de autora: Gabby Rose Noir
Contacto: fridagabbycalette@gmail.com
Editado: 04.04.2026