La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 2

La ventana deja entrar una luz suave de la mañana.
El profesor sigue hablando, pero apenas lo escucho. No porque no me interese… sino porque todavía estoy tratando de acostumbrarme a este lugar.
A esta ciudad.
A esta vida nueva que mi familia decidió empezar sin preguntarme si yo también quería hacerlo.
Sostengo un libro entre las manos mientras finjo escuchar.
En realidad estoy observando el patio.
Las personas pasan, ríen, hablan entre sí como si todo en su vida fuera normal.
Como si nadie cargara nada pesado en el pecho.
Tal vez algunos sí lo hacen.
Solo que saben ocultarlo mejor.
Siempre me enseñaron a hacer eso.
A ocultar.
A sonreír.
A parecer perfecta.
—¿Señorita Valeria?
La voz del profesor me trae de vuelta.
—Sí.
—Espero que pueda adaptarse pronto.
Asiento con educación.
Eso es lo que todos esperan de mí.
Que me adapte.
Que encaje.
Que todo sea sencillo.
Pero empezar de nuevo nunca lo es.
Nunca lo fue desde que mi padre decidió que esta ciudad sería el lugar perfecto para “empezar otra vez”.
Como si cambiar de lugar pudiera borrar el pasado.
Como si mudarnos pudiera borrar las expectativas.
Las comparaciones.
La presión.
Respiro profundo.
Cuando el profesor se aleja, vuelvo a mirar por la ventana.
Y entonces los veo.
Dos personas caminando por el pasillo.
Primero lo veo a él.
Sebastián.
Lo reconozco de inmediato.
Es difícil no hacerlo.
Es alto, más alto que la mayoría de los chicos del colegio. Tiene una postura relajada, segura, como si supiera exactamente dónde pertenece en cualquier lugar al que llegue.
Su cabello oscuro cae un poco sobre su frente y sus ojos tienen ese tipo de mirada tranquila que parece observarlo todo.
No es el tipo de chico que necesita llamar la atención.
La atención simplemente llega a él.
Y detrás de él camina la chica con la que estaba hablando antes.
Camila.
Incluso desde aquí se nota que tienen historia.
Hay una cercanía natural entre ellos, una familiaridad que solo tienen las personas que han compartido años de su vida.
Ella también es hermosa.
No de una forma exagerada.
Pero sí de una forma fuerte, segura.
Camila camina con confianza, como si este lugar le perteneciera.
Como si nadie pudiera cuestionar su lugar aquí.
Es la clase de persona que parece tener su vida bajo control.
Y por un segundo me pregunto cómo se verá mi vida desde afuera.
Tal vez igual.
Tal vez todos creen que soy segura.
Que tengo todo resuelto.
Que mi vida también es perfecta.
La ironía casi me hace sonreír.
Porque si algo he aprendido…
es que las vidas perfectas casi siempre son las más frágiles.
Sebastián levanta la mirada.
Me ve.
Por un momento parece recordar algo.
Luego dice algo a Camila y ambos cambian de dirección hacia la ventana donde estoy.
Mi corazón late un poco más rápido.
No por nervios.
Solo por la incomodidad natural de ser la persona nueva.
Sebastián se acerca primero.
—Valeria.
Dice mi nombre con una naturalidad extraña, como si ya lo hubiera repetido varias veces en su cabeza.
—Ella es Camila.
La chica me observa.
No con hostilidad.
Pero tampoco con completa confianza.
Es una mirada analítica.
Como si estuviera tratando de entender quién soy.
—Hola —dice.
Su voz es tranquila.
—Hola —respondo.
Por un momento ninguno habla.
Pero puedo sentir algo invisible entre nosotros.
No tensión.
No todavía.
Solo una especie de curiosidad silenciosa.
Sebastián rompe el silencio.
—Camila y yo nos conocemos desde niños.
Eso explica mucho.
La forma en que se miran.
La comodidad con la que hablan.
La historia que parece existir entre ellos incluso cuando no dicen nada.
Asiento con una pequeña sonrisa.
—Debe ser bonito tener a alguien así.
Camila no responde de inmediato.
Sebastián tampoco.
Pero por un segundo siento algo extraño en el ambiente.
Algo pequeño.
Casi invisible.
Como si algo hubiera cambiado apenas un poco.
Sebastián se pasa una mano por el cabello.
—Bueno… supongo que sí.
Camila sigue mirándome.
Con atención.
Como si estuviera intentando descubrir algo.
Pero no creo que lo encuentre.
Porque la verdad es que ni siquiera yo sé exactamente quién soy en este momento.
Solo sé que estoy aquí.
En una ciudad nueva.
Con personas que todavía no conocen mi historia.
Ni las expectativas que me persiguen.
Ni las cosas que mi familia espera que yo sea.
Sebastián sonríe un poco.
—Te vas a acostumbrar rápido a este lugar.
Tal vez tenga razón.
Tal vez este lugar se vuelva normal pronto.
Tal vez esta vida nueva funcione.
Pero hay algo que todavía no sé.
Algo que ninguno de nosotros sabe.
Y es que este momento…
este pequeño encuentro frente a una ventana iluminada por la mañana…
parece insignificante ahora.
Solo una conversación breve.
Solo una presentación.
Solo tres personas hablando por primera vez.
Pero a veces…
las historias más complicadas comienzan exactamente así.
Con algo pequeño.
Con algo que parece no significar nada.
Hasta que lo cambia todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.