La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 10

Lo que empieza a sentirse
Hay momentos en los que algo cambia dentro de nosotros.
No es algo que se pueda ver.
No es algo que se pueda explicar con facilidad.
Simplemente ocurre.
Un gesto se vuelve más importante.
Una mirada dura un segundo más de lo normal.
Y de repente nos damos cuenta de algo que antes no estaba ahí.
O tal vez siempre estuvo…
pero apenas ahora somos capaces de reconocerlo.
Perspectiva de Sebastián
Caminaba por el pasillo con la mente llena de pensamientos.
La conversación con Valeria en la cafetería no dejaba de repetirse en mi cabeza.
“En mi antiguo colegio sí pasó algo.”
La forma en que lo dijo.
La pausa antes de responder.
Y ese pequeño gesto en sus ojos.
No parecía mentira.
Pero tampoco parecía toda la verdad.
Mientras pensaba en eso, escuché una voz detrás de mí.
—Sebastián.
Me detuve.
Camila caminaba hacia mí con los brazos cruzados.
Su expresión era tranquila.
Pero la conocía lo suficiente para saber que algo no estaba bien.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Quería hablar contigo.
Asentí.
—Claro.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego Camila habló.
—Estás pasando mucho tiempo con Valeria.
La frase fue directa.
—¿Y?
Camila inclinó ligeramente la cabeza.
—Solo me parece… curioso.
Fruncí el ceño.
—¿Curioso por qué?
—Porque apenas la conoces.
Sentí la molestia crecer en mi pecho.
—Eso no significa nada.
Camila soltó una pequeña risa.
Pero no era una risa divertida.
—¿Seguro?
La miré con incredulidad.
—Camila, ¿qué te pasa?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Nada.
Pero el tono decía lo contrario.
—Solo creo que estás demasiado involucrado con alguien que no conoces realmente.
Sentí un impulso inmediato de defenderla.
—¿Y tú sí la conoces?
Camila no respondió de inmediato.
Luego dijo algo que hizo que el ambiente se tensara.
—No. Pero al menos yo no estoy ignorando todas las señales.
—¿Qué señales?
—Los rumores, Sebastián.
Solté un suspiro frustrado.
—Otra vez con eso.
—No estoy diciendo que todo sea verdad —continuó Camila—, pero tampoco puedes actuar como si nada estuviera pasando.
La miré fijamente.
—¿Sabes qué creo?
Ella levantó una ceja.
—¿Qué?
—Creo que esto no tiene nada que ver con los rumores.
El silencio entre nosotros se volvió pesado.
Camila me observó durante varios segundos.
—¿Qué quieres decir?
—Que no te gusta que pase tiempo con ella.
Sus ojos brillaron apenas.
Pero su expresión siguió siendo controlada.
—Eso es ridículo.
—¿En serio?
Camila dio un paso atrás.
—Olvídalo.
Pero su tono ya no era el mismo.
—Solo estaba tratando de advertirte.
—No necesito advertencias.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
Finalmente Camila habló con voz más baja.
—Antes confiabas más en mi opinión.
Sentí una pequeña punzada de culpa.
Pero aun así respondí.
—Antes no estabas juzgando a alguien que ni siquiera conoces.
Eso fue suficiente.
Camila respiró profundamente.
Luego dijo algo que nunca había dicho antes.
—No te reconozco últimamente.
Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se fue.
La observé alejarse por el pasillo.
Con una sensación extraña en el pecho.
Porque por primera vez en muchos años…
habíamos tenido una discusión real.
Perspectiva de Valeria
Estaba en la biblioteca cuando Sebastián apareció.
—Hola —dijo.
Levanté la mirada.
—Hola.
Se sentó frente a mí.
Parecía pensativo.
—¿Todo bien? —pregunté.
Sebastián suspiró.
—Acabo de discutir con Camila.
Sentí una ligera incomodidad.
—Lo siento.
—No es tu culpa.
Hubo un pequeño silencio.
Luego él dijo algo que me sorprendió.
—Creo que ella piensa que estoy demasiado cerca de ti.
Sentí que mi corazón se aceleraba un poco.
—¿Y tú qué piensas?
Sebastián me miró.
Directamente.
Con una intensidad que me hizo apartar la mirada por un momento.
—Creo que me gusta hablar contigo.
La respuesta fue simple.
Pero aun así sentí algo moverse dentro de mí.
Algo cálido.
Algo peligroso.

Bajé la mirada hacia mis apuntes.
—Nos conocemos hace poco.
—Lo sé.
Hubo un pequeño silencio.
—Pero a veces eso no importa tanto.
Mi corazón latía más rápido de lo normal.
Y no sabía si era emoción…
o miedo.
Porque cada vez que Sebastián se acercaba un poco más…
una parte de mí recordaba algo que había intentado olvidar.
El pasado.
Los rumores.
Las consecuencias.
Respiré profundo.
—Sebastián…
Él levantó ligeramente la cabeza.
—Sí.
—Las cosas a veces no son tan simples como parecen.
Sebastián me observó unos segundos.
—Tal vez.
Luego sonrió un poco.
—Pero eso no significa que no valga la pena intentarlo.
Sentí una mezcla extraña de emociones.
Nervios.
Ilusión.
Miedo.
Y algo más que todavía no sabía nombrar.
Perspectiva de Camila
Caminé por el pasillo sin mirar atrás.
El eco de la conversación con Sebastián seguía en mi cabeza.
“No te reconozco últimamente.”
Tal vez tenía razón.
Porque algo dentro de mí estaba cambiando.
Durante años siempre había tenido control sobre todo.
Sobre mi imagen.
Sobre mis relaciones.
Sobre la forma en que las personas me veían.
Pero ahora había algo que no podía controlar.
Valeria.
Me detuve frente a mi casillero.
Abrí el teléfono.
Busqué el nombre del antiguo instituto donde había estudiado.
Sabía algo sobre las personas.
Todos dejan rastros.
Siempre.
Fotos.
Publicaciones.
Historias.
Solo es cuestión de buscar en el lugar correcto.
Mis dedos se movieron por la pantalla mientras una idea se formaba lentamente en mi mente.
Si Sebastián quería defenderla tanto…
entonces tal vez era momento de descubrir quién era realmente Valeria.
Porque si había algo oculto en su pasado…
yo lo encontraría.
Y cuando lo hiciera…
todo cambiaría.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.