La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 14

Las historias no se rompen de un momento a otro.
No sucede de repente.
Primero aparecen pequeñas grietas.
Palabras que no se dicen.
Miradas que duran demasiado.
Secretos que comienzan a acercarse peligrosamente a la superficie.
Y cuando nadie se da cuenta…
todo empieza a moverse.
Perspectiva de Camila
El teléfono volvió a vibrar.
Camila estaba en su habitación, sentada frente al escritorio, revisando nuevamente el perfil de Daniel.
Desde la conversación anterior no habían hablado mucho más.
Pero ella sabía que él sabía algo.
Y las personas que saben cosas… siempre terminan revelándolas tarde o temprano.
La pantalla se iluminó.
Daniel:
"Estuve pensando en lo que me preguntaste."
Camila apoyó el codo sobre la mesa.
Respondió de inmediato.
Camila:
"¿Y?"
Pasaron unos segundos.
Luego apareció el siguiente mensaje.
Daniel:
"No sé por qué quieres saber sobre Valeria."
Camila sonrió apenas.
Camila:
"Curiosidad."
Daniel tardó en responder.
Daniel:
"La curiosidad puede meterte en problemas."
Camila inclinó ligeramente la cabeza.
Había algo en ese tono que confirmaba lo que sospechaba.
La historia era más grande de lo que parecía.
Camila:
"Entonces supongo que sí pasó algo."
Pasaron varios segundos antes de que llegara la respuesta.
Daniel:
"Digamos que… hubo un escándalo."
Camila sintió una pequeña satisfacción.
Ahí estaba.
La palabra que estaba buscando.
Escándalo.
Pero antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje.
Daniel:
"Pero no fue exactamente como la gente dice."
Camila frunció ligeramente el ceño.
Eso era interesante.
Camila:
"¿Qué significa eso?"
Daniel tardó más en responder esta vez.
Cuando finalmente llegó el mensaje, era breve.
Daniel:
"Significa que algunas personas exageraron mucho las cosas."
Camila dejó el teléfono sobre la mesa por un momento.
Estaba mintiendo.
O al menos… no estaba diciendo toda la verdad.
Y eso hacía la historia mucho más interesante.
Perspectiva de Sebastián
Sebastián caminaba por el pasillo del instituto cuando vio a Valeria cerca de las ventanas del segundo piso.
Estaba sola.
Mirando hacia el patio.
Parecía perdida en sus pensamientos.
Sebastián se acercó lentamente.
—Hola.
Valeria giró ligeramente la cabeza.
—Hola.
Había algo diferente en su expresión.
Algo cansado.
—¿Todo bien?
Valeria dudó antes de responder.
—Sí.
Sebastián sabía que no era cierto.
—No pareces convencida.
Ella soltó una pequeña risa sin humor.
—Estoy bien, en serio.
Pero sus ojos decían otra cosa.
Sebastián se apoyó en la pared junto a ella.
—¿Fue tu familia?
Valeria lo miró sorprendida.
—¿Cómo sabes?
—Porque cuando alguien dice “estoy bien” de esa manera… casi nunca lo está.
Valeria bajó la mirada.
Durante unos segundos no dijo nada.
—A veces siento que nunca voy a ser suficiente para ellos.
Su voz era tranquila.
Pero había cansancio en ella.
—Siempre esperan más.
—Eso no significa que tengan razón.
Valeria levantó la mirada hacia él.
—Para ellos sí.
Hubo un pequeño silencio.
Luego ella continuó.
—Creen que todo lo que pasó antes fue culpa mía.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Y tú qué crees?
Valeria no respondió de inmediato.
Miró hacia el patio.
—Creo que confié en alguien que no debía.
Su voz era baja.
—Y que eso fue suficiente para destruir muchas cosas.
Sebastián sintió una mezcla de enojo y tristeza.
—Eso no justifica que te culpen.
Valeria lo miró.
—No importa.
Hubo un momento de silencio.
Entonces Sebastián dio un pequeño paso hacia ella.
—Valeria…
Ella levantó la mirada.
Sus rostros estaban más cerca que antes.
—No tienes que cargar todo eso sola.
Valeria lo observó en silencio.
Durante un segundo pareció debatirse entre acercarse o alejarse.
—Sebastián… —murmuró.
Pero no terminó la frase.
Porque en ese momento alguien los observaba desde el final del pasillo.
Perspectiva de Camila
Camila estaba apoyada contra una de las columnas del pasillo.
Había visto todo.
La cercanía.
La forma en que Sebastián miraba a Valeria.
Y la forma en que Valeria no se apartaba.
Una presión incómoda se instaló en su pecho.
No era tristeza exactamente.
Era algo más frío.
Algo más calculado.
Sacó su teléfono lentamente.
Abrió nuevamente la conversación con Daniel.
Y escribió un mensaje.
"Creo que deberíamos hablar mejor sobre lo que pasó con Valeria."
Pasaron unos segundos.
La respuesta llegó rápidamente.
"¿Por qué?"
Camila observó el mensaje.
Luego levantó la mirada hacia el otro lado del pasillo.
Donde Sebastián y Valeria seguían hablando.
Su expresión se volvió pensativa.
Luego escribió:
"Porque tal vez la historia todavía no ha terminado."
Presionó enviar.
Y mientras guardaba el teléfono en su bolsillo…
una idea comenzaba a tomar forma en su mente.
Porque algunas historias no se destruyen solas.
A veces…
solo necesitan que alguien empuje un poco la verdad hacia la superficie.




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