La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 17

Hay momentos en los que el amor parece un refugio.
Un pequeño espacio donde dos personas pueden esconderse del mundo.
Pero el problema de los secretos…
es que siempre hay alguien intentando descubrirlos.
Perspectiva de Valeria
El romance entre Valeria y Sebastián crecía en silencio.
Nadie lo sabía.
Ni profesores.
Ni compañeros.
Ni sus familias.
Era un secreto que existía únicamente entre ellos.
Pequeños momentos robados.
Miradas en el salón.
Mensajes discretos.
Ese día caminaban cerca del instituto después de clases.
El sol comenzaba a bajar y el lugar estaba casi vacío.
Sebastián caminaba junto a ella con tranquilidad.
—¿Sabes que estamos actuando como si estuviéramos en una película? —dijo él.
Valeria lo miró con curiosidad.
—¿Por qué?
—Porque nos escondemos de todo el mundo.
Valeria sonrió un poco.
—Es que nadie puede saberlo.
Sebastián la observó con calma.
—No me importa esconderlo si eso significa estar contigo.
Valeria sintió un calor extraño en el pecho.
Todavía le costaba confiar completamente.
Pero cuando Sebastián la miraba de esa forma…
todo parecía un poco más seguro.
Sebastián tomó su mano.
—Confía en mí.
Valeria lo miró.
Y por un instante…
lo hizo.
Perspectiva de Camila
Mientras tanto, Camila estaba en su habitación mirando su teléfono.
Un mensaje apareció en la pantalla.
Daniel.
Ella abrió la conversación.
Daniel:
"¿Siguen juntos?"
Camila respondió con calma.
Camila:
"Sí."
Daniel respondió inmediatamente.
Daniel:
"¿Cómo se llama?"
Camila dudó un momento.
Pero terminó escribiendo.
Camila:
"Sebastián."
El silencio en la conversación fue largo.
Luego Daniel respondió.
Daniel:
"¿El chico alto?"
Camila:
"Sí."
Pasaron unos segundos.
Luego apareció otro mensaje.
Daniel:
"Entiendo."
Camila sintió algo extraño en ese tono.
Pero no preguntó nada.
No imaginaba lo que Daniel estaba planeando.
Perspectiva de Sebastián
Esa noche Sebastián caminaba solo por una calle cercana al instituto.
El lugar estaba casi vacío.
Iba revisando su teléfono cuando escuchó pasos.
Al levantar la mirada vio a tres hombres acercándose.
No eran estudiantes.
Eran mayores.
Uno de ellos habló.
—¿Tú eres Sebastián?
Sebastián frunció el ceño.
—¿Quién pregunta?
El hombre sonrió ligeramente.
—Solo queremos hablar.
Sebastián sintió una incomodidad inmediata.
—No tengo nada que hablar con ustedes.
Intentó seguir caminando.
Pero uno de ellos se puso frente a él.
—Escucha bien —dijo otro.
Su tono cambió.
Más amenazante.
—Sabemos lo que estás haciendo.
Sebastián los miró confundido.
—¿De qué hablan?
Uno de ellos se acercó más.
—De Valeria.
El nombre lo dejó completamente quieto.
—Te estamos vigilando.
Sebastián sintió un escalofrío.
Porque nadie debía saber sobre su relación.
—No sé de qué hablan —respondió.
Los hombres se miraron entre ellos.
Uno soltó una pequeña risa.
—Claro que lo sabes.
El primer golpe llegó de repente.
Sebastián cayó al suelo.
Intentó levantarse.
Pero otro golpe lo empujó contra el pavimento.
El mundo comenzó a girar.
Uno de los hombres sacó su teléfono.
—Sí… ya lo encontramos.
Sebastián apenas podía mantener los ojos abiertos.
Entonces escuchó claramente lo que dijo.
—Sí, Daniel… tranquilo.
Ese nombre quedó grabado en su mente.
Daniel.
El último golpe fue el más fuerte.
Después de eso…
todo se volvió oscuro.
Hospital
Cuando Sebastián volvió a abrir los ojos…
estaba en una habitación blanca.
Su madre estaba sentada a su lado.
—Sebastián —dijo inmediatamente.
Su padre estaba de pie junto a la ventana.
Con el rostro completamente serio.
—¿Recuerdas lo que pasó? —preguntó.
Sebastián respiró con dificultad.
—Un poco.
Su madre suspiró.
—Tres hombres adultos atacando a un estudiante.
Su padre habló con tono firme.
—Esto no se va a quedar así.
—Vamos a denunciarlo.
Sebastián cerró los ojos.
Porque sabía algo que no podía decir.
Que esos hombres mencionaron a Valeria.
Perspectiva de Valeria
Valeria se enteró al día siguiente.
No por Sebastián.
Sino por sus propios padres.
—¿Escuchaste lo que pasó con el hijo de los Ramírez? —dijo su madre.
Su padre asintió.
—Lo golpearon anoche.
Valeria levantó la mirada inmediatamente.
—¿Quién?
—Sebastián.
El corazón de Valeria se tensó.
—Está en el hospital.
Su madre negó con desaprobación.
—Ese tipo de cosas pasan cuando los jóvenes se meten en problemas.
Su padre añadió con tono serio:
—Por eso siempre hemos sido claros contigo.
—Nada de relaciones.
—Nada de distracciones.
Valeria bajó la mirada.
Pero en cuanto pudo ir a su habitación…
sacó su teléfono.
Le escribió a Sebastián.
Valeria:
"¿Estás bien?"
Pasó mucho tiempo.
Finalmente llegó la respuesta.
Sebastián:
"Estoy en el hospital."
El corazón de Valeria comenzó a latir rápido.
Valeria:
"¿Qué pasó?"
Sebastián respondió.
"Tres hombres me atacaron."
Valeria sintió un escalofrío.
Valeria:
"¿Por qué?"
Sebastián tardó en responder.
Luego escribió:
"Preguntaron por ti."
Perspectiva de Camila (con sus padres)
Camila escuchó la noticia en la sala.
Sus padres estaban hablando.
—Es terrible lo que pasó con el hijo de los Ramírez —dijo su madre.
Camila levantó la mirada.
—¿Qué pasó?
Su padre respondió con voz firme.
—Lo golpearon unos hombres anoche.
—Está en el hospital.
Camila sintió una presión en el pecho.
—¿Sebastián?
—Sí.
El padre la miró directamente.
Una mirada dura.
—Espero que no tengas nada que ver con esto.
Camila frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué dices eso?
El padre respondió inmediatamente.
—Porque tú eres amiga de él.
—Porque siempre te veo hablando con él en el instituto.
—Porque te paras con ese grupo.
El silencio se volvió incómodo.
Camila intentó responder.
—Papá, yo—
Pero él la interrumpió.
—Camila, escúchame bien.
—Tres hombres adultos no golpean a un estudiante porque sí.
—Algo tuvo que pasar.
Su madre intervino entonces.
Pero no para suavizar la situación.
—Tu padre tiene razón.
Camila la miró.
Su madre continuó con tono serio.
—Ese tipo de cosas pasan cuando los jóvenes se meten en problemas.
—Cuando se rodean de personas equivocadas.
El padre volvió a hablar.
—Así que quiero que me digas algo.
—¿Tú estás involucrada en esto?
El corazón de Camila comenzó a latir más rápido.
—No.
El silencio volvió a llenar la sala.
Su madre suspiró.
—Eso espero.
—Porque no quiero que mi hija termine envuelta en los mismos problemas que ese muchacho.
El padre concluyó con tono firme.
—Y más te vale que no nos estemos enterando de algo que tú no nos estás atreviendo a decir.
Camila bajó la mirada.
Porque en su mente apareció un nombre.
Daniel.
Hospital – Camila
Camila fue al hospital con sus padres.
Los padres de Sebastián estaban allí.
El ambiente era tenso.
Sebastián estaba acostado con varios moretones.
—Hola —dijo Camila.
Sebastián levantó la mirada.
—Hola.
Los adultos salieron un momento al pasillo para hablar con el médico.
Y por primera vez quedaron solos.
Sebastián y Camila
Sebastián la miró fijamente.
—Camila.
—¿Sí?
—Necesito preguntarte algo.
Camila sintió una incomodidad inmediata.
—¿Qué?
Sebastián habló despacio.
—El hombre que me golpeó mencionó un nombre.
Camila lo miró.
—¿Cuál?
Sebastián respondió.
—Daniel.
El silencio se volvió pesado.
—Yo vi ese nombre en tu teléfono.
Camila sintió que el corazón le latía más rápido.
—¿Estás insinuando que yo tuve algo que ver?
Sebastián la miró con seriedad.
—Solo quiero saber por qué ese hombre sabe quién soy.
Camila negó.
—Yo no hice nada.
Pero incluso mientras decía eso…
no estaba completamente segura.
Esa noche
Camila estaba en su habitación cuando su teléfono vibró.
Era Daniel.
Ella abrió el mensaje.
Daniel:
"Creo que tu amigo entendió el mensaje."
Camila sintió un frío en el pecho.
Camila:
"¿Qué hiciste?"
Daniel respondió.
Daniel:
"Solo le di una pequeña lección."
Camila apretó el teléfono.
Camila:
"Eso no era lo que te pedí."
Daniel escribió otra frase.
Daniel:
"Tranquila."
Luego añadió:
"Todavía falta que Valeria aprenda también."
Camila se quedó mirando la pantalla.
Porque en ese momento comprendió algo.
Daniel…
no iba a detenerse.




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