A veces el amor no termina por falta de sentimientos.
Termina por miedo.
Por amenazas.
Por secretos que pesan demasiado.
Y cuando alguien decide sacrificar lo que siente para proteger a otro…
el dolor es inevitable.
Perspectiva de Valeria
Valeria no durmió esa noche.
El teléfono seguía sobre su mesa.
El último mensaje de Daniel aún estaba en la pantalla.
"Sebastián… o tu reputación."
Valeria sabía lo que significaba ese video.
Sabía lo que pasaría si se difundía.
No solo el instituto.
Sus padres.
Su familia.
Su vida entera podría destruirse.
Pero había algo peor.
Sebastián.
Si Daniel había sido capaz de enviar a tres hombres a golpearlo…
no quería imaginar lo que podía hacer después.
Valeria tomó el teléfono.
Abrió la conversación con Sebastián.
Sus dedos temblaban.
Valeria:
"Tenemos que hablar."
Sebastián respondió unos minutos después.
Sebastián:
"¿Qué pasa?"
Valeria cerró los ojos.
Respiró profundo.
Y escribió lo que sabía que lo iba a destruir.
Valeria:
"No podemos seguir viéndonos."
Pasaron varios segundos.
Luego apareció la respuesta.
Sebastián:
"¿Qué?"
Valeria sintió que el pecho le dolía.
Sebastián:
"¿Por qué?"
Valeria miró la pantalla.
Las lágrimas comenzaron a caer lentamente.
Pero aun así escribió.
Valeria:
"Porque no quiero."
El silencio en la conversación fue largo.
Demasiado largo.
Luego llegó el último mensaje.
Sebastián:
"Eso no es verdad."
Valeria no respondió.
Simplemente apagó el teléfono.
Porque sabía que si seguía hablando…
no tendría la fuerza para hacerlo.
Perspectiva de Sebastián
Sebastián estaba sentado en su habitación cuando leyó el mensaje.
"No podemos seguir viéndonos."
Sintió algo extraño en el pecho.
No era tristeza.
Era confusión.
Porque conocía a Valeria.
Y sabía que ella no decía cosas así sin razón.
Releyó la conversación varias veces.
Algo no encajaba.
Entonces recordó otra cosa.
El ataque.
El nombre que escuchó antes de desmayarse.
Daniel.
Sebastián tomó su teléfono.
Abrió nuevamente el perfil que había encontrado.
Las fotos.
Las fiestas.
Las motos.
Un chico mayor.
Rebelde.
Y entonces recordó algo más.
Camila.
Ese nombre también estaba en su teléfono.
Sebastián apretó la mandíbula.
Algo dentro de él comenzó a encajar.
Y decidió que necesitaba respuestas.
Sebastián y Camila
Camila estaba en el instituto cuando Sebastián se acercó.
Su expresión no era la misma de siempre.
Era seria.
Tensa.
—Camila —dijo él.
Ella lo miró.
—¿Sebastián? ¿Cómo estás? Yo escuché lo que—
—Necesito preguntarte algo.
Camila sintió una incomodidad inmediata.
—¿Qué pasa?
Sebastián la miró fijamente.
—¿Quién es Daniel?
El nombre cayó como una piedra.
Camila se quedó en silencio.
—No sé de qué hablas —respondió.
Sebastián no apartó la mirada.
—Sí sabes.
Camila cruzó los brazos.
—Sebastián, estás confundido.
Pero él negó con la cabeza.
—Los hombres que me golpearon hablaron con alguien.
—Escuché el nombre.
Daniel.
El corazón de Camila comenzó a latir más rápido.
—Eso no significa nada.
Sebastián continuó.
—También vi ese nombre en tu teléfono antes.
El silencio entre los dos se volvió pesado.
—¿Tienes algo que ver con esto?
Camila lo miró.
Por un momento…
pareció culpable.
Pero luego negó.
—No.
Sebastián la observó unos segundos más.
Como si intentara leer algo en su rostro.
Finalmente habló.
—Espero que estés diciendo la verdad.
Y se fue.
Camila se quedó quieta.
Porque por primera vez…
alguien estaba empezando a acercarse demasiado a la verdad.
Perspectiva de Daniel
Daniel estaba sentado en su habitación mirando el teléfono.
Tenía abierto el perfil de Valeria.
La foto.
Su sonrisa.
Daniel apoyó la espalda contra la silla.
No estaba enojado.
Estaba pensando.
Valeria había dejado de responder.
Pero eso no le molestaba.
Porque sabía algo.
Ahora ella tenía miedo.
Y cuando una persona tiene miedo…
es más fácil controlarla.
Daniel abrió nuevamente el video.
Lo miró unos segundos.
Luego sonrió ligeramente.
—Vas a aprender —murmuró.
Pero en ese momento se dio cuenta de algo.
No quería solo asustarla.
Quería que ella entendiera que no podía escapar.
Que le pertenecía.
Y esa idea…
empezaba a convertirse en una obsesión.
Perspectiva de Adrián
Adrián estaba en su oficina revisando algunos documentos.
Pero su mente estaba en otra cosa.
Camila.
La conversación que había escuchado.
"Si ese video se filtra…"
No era una frase normal.
No era una conversación normal.
Adrián abrió su laptop.
Recordó el nombre.
Daniel.
Lo escribió en el buscador.
Aparecieron varios perfiles.
Pero uno llamó su atención.
Un joven.
Unos años mayor que Camila.
Fotos en fiestas.
En motocicletas.
Con amigos que no parecían precisamente estudiantes.
Adrián frunció el ceño.
No sabía exactamente qué estaba pasando.
Pero algo le decía que Camila estaba metida en un problema serio.
Y si ese problema involucraba a alguien como ese chico…
la situación podía volverse peligrosa.
Adrián cerró la laptop lentamente.
Porque había tomado una decisión.
Iba a averiguar quién era realmente Daniel.
Y qué estaba haciendo cerca de Camila.