La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 21

A veces las personas no dicen lo que sienten.
Lo guardan durante años.
Lo esconden detrás de sonrisas.
Detrás de conversaciones normales.
Detrás de una amistad que parece real.
Pero basta un momento de ira…
para que todo salga a la luz.
Y cuando eso ocurre…
hay palabras que dejan heridas imposibles de cerrar.
Perspectiva de Valeria
La noche en la casa de Valeria era pesada.
Como casi siempre.
Su padre estaba sentado en la mesa revisando unos documentos mientras hablaba sin levantar la mirada.
—Cada vez estás más distraída.
Valeria permanecía en silencio.
—Tus notas están bajando.
—Tus actitudes están cambiando.
Su madre apenas intervenía.
Solo observaba.
—Te lo voy a repetir otra vez —continuó su padre con tono rígido—.
—No quiero que te relaciones con personas que arruinen tu futuro.
Valeria bajó la mirada.
Porque lo único que podía pensar era en Sebastián.
Y en Daniel.
Su teléfono vibró.
Un mensaje.
Daniel.
Valeria dudó unos segundos antes de abrirlo.
"Te vi hoy."
El corazón de Valeria dio un salto.
"Te ves muy triste."
Otro mensaje apareció.
"No olvides que mientras hagas lo que te digo…"
"nadie verá ese video."
Valeria apretó el teléfono con fuerza.
Cada día se sentía más atrapada.
Y lo peor…
era que Sebastián estaba empezando a acercarse demasiado a la verdad.
Perspectiva de Sebastián
Sebastián salió del instituto con la cabeza llena de pensamientos.
Las cosas no encajaban.
Valeria alejándose de él.
El ataque.
El nombre que escuchó antes de desmayarse.
Daniel.
Entonces lo vio.
La motocicleta.
Negra.
Apoyada cerca de la acera.
Y junto a ella estaba el chico de las fotos.
Sebastián caminó directamente hacia él.
—¿Eres Daniel?
El chico levantó la mirada con calma.
—Así que tú eres Sebastián.
Sebastián apretó la mandíbula.
—¿Qué quieres con Valeria?
Daniel sonrió ligeramente.
—Esa no es tu preocupación.
—Sí lo es.
Daniel se levantó de la motocicleta.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
Sebastián no dudó.
—Aléjate de ella.
Daniel soltó una pequeña risa.
—No creo.
El primer empujón llegó en segundos.
La pelea comenzó casi de inmediato.
Golpes.
Empujones.
Sebastián intentó derribarlo.
Daniel respondió con otro golpe.
Varias personas comenzaron a mirar.
Entonces una voz se escuchó entre la gente.
—¡Sebastián!
Camila.
Ella llegó corriendo.
—¡Deténganse!
Pero ninguno de los dos parecía escucharla.
Daniel empujó a Sebastián contra la pared.
Sebastián respondió con otro golpe.
Camila se interpuso.
—¡Basta!
Daniel se apartó primero.
Sebastián respiraba con fuerza.
Su mirada estaba llena de rabia.
Y cuando vio a Camila…
algo en su expresión cambió.
—Claro.
—Tenía que ser así.
Camila frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
Sebastián soltó una risa amarga.
—Siempre es lo mismo contigo.
—Siempre arruinando todo.
Camila sintió un golpe en el pecho.
—Yo no hice nada.
Pero Sebastián estaba demasiado alterado.
—Claro que sí.
—Todo esto empezó contigo.
Daniel observaba la escena en silencio.
Como si disfrutara el caos.
Camila trató de hablar otra vez.
—Sebastián, yo nunca quise—
Pero él la interrumpió.
—¿Sabes qué es lo peor?
El silencio se volvió pesado.
Sebastián habló con rabia.
Con una ira que parecía venir de años guardados.
—Yo siempre supe cómo era tu vida.
Camila lo miró confundida.
—¿Qué quieres decir?
Sebastián la miró con frialdad.

—Que yo no era tu amigo porque quisiera.
Las palabras cayeron como un golpe.
—Lo era porque me dabas lástima.
Camila se quedó completamente quieta.
Pero la pelea ya había llamado demasiado la atención.
La gente comenzó a intervenir.
La escena terminó en caos.
Pero esas palabras…
quedaron grabadas.
Perspectiva de Adrián
Horas después.
Camila estaba sentada en el estacionamiento del edificio de su padre.
Su respiración era irregular.
Sus ojos estaban rojos.
Adrián salió del edificio y la vio allí.
Se acercó lentamente.
—Camila.
Ella levantó la mirada.
Intentó secarse las lágrimas.
—Estoy bien.
Adrián negó.
—No lo estás.
Se sentó frente a ella.
—Tenemos que hablar de Daniel.
El nombre hizo que Camila bajara la mirada.
—No hay nada que hablar.
Adrián fue directo.
—Escuché tu conversación hace días.
—Sé que hay un video.
—Sé que alguien está siendo chantajeado.
Camila comenzó a temblar.
—Eso… no es así.
Adrián habló con calma.
—Camila, esto es serio.
—Si alguien está amenazando a una persona con un video…
—eso es un delito.
—Esto se tiene que denunciar.
Las palabras fueron demasiado.
Camila rompió a llorar.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
Y en ese momento…
el recuerdo volvió.
El recuerdo de Camila
Sebastián respirando con rabia.
Daniel mirando en silencio.
La gente alrededor.
Y esas palabras.
"Yo no era tu amigo porque quisiera."
"Lo era porque me dabas lástima."
Camila cerró los ojos.
Como si quisiera borrar ese momento.
Pero no podía.
Porque esa frase…
había roto algo dentro de ella.
Algo que llevaba años creyendo real.
Última escena
Adrián la observaba con preocupación.
Camila seguía llorando.
Y él comprendió algo.
Esto ya no era un simple problema entre jóvenes.
Había chantaje.
Había violencia.
Había alguien peligroso involucrado.
Adrián habló con firmeza.
—Camila.
Ella levantó la mirada.
—Esto no puede seguir así.
—Tenemos que detener a Daniel.
Camila no respondió.
Porque en ese momento lo único que sentía…
era el peso de todo lo que había perdido.
Su tranquilidad.
Su control.
Y ahora…
también a Sebastián.




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