La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 22

Sebastián no había dormido bien.
Cada vez que cerraba los ojos volvía a escuchar sus propias palabras.
“Yo no era tu amigo porque quisiera… lo era porque me dabas lástima.”
El recuerdo lo golpeaba con fuerza.
Había dicho algo que llevaba años guardado… pero nunca de esa forma.
Nunca con tanta crueldad.
Se pasó la mano por el cabello, frustrado.
No podía creer que hubiera sido capaz de herir a Camila de esa manera.
Porque si algo era cierto…
era que su amistad con ella había sido real.
Muy real.
Y entonces su mente regresó muchos años atrás.
Cómo conoció a Camila
Sebastián conocía a Camila prácticamente desde niño.
Sus familias coincidían a menudo en reuniones sociales y encuentros organizados por los padres.
Mientras los adultos hablaban de negocios o asuntos importantes, los niños terminaban jugando en el jardín o en alguna sala de la casa.
Al principio, Camila le parecía difícil.
Siempre tenía una respuesta rápida.
Siempre parecía estar a la defensiva.
Pero también era inteligente.
Y divertida.
Con el tiempo empezaron a hablar más.
Luego a estudiar juntos.
Luego a pasar tardes completas después del colegio.
Hasta que, sin darse cuenta, se volvieron inseparables.
Pero hubo un día que Sebastián nunca olvidó.
El día en que entendió realmente quién era Camila.
El día que Sebastián descubrió su realidad
Había ido a visitarla para estudiar.
Era la primera vez que iba a su casa.
Recuerda que estaba un poco nervioso, pero también curioso.
Cuando llegó frente a la puerta… escuchó gritos.
La voz del padre de Camila.
Dura.
Fría.
—¡Eres una vergüenza!
Sebastián se quedó quieto.
Luego escuchó la voz de Camila.
—¡No hice nada malo!
Y entonces sucedió.
Un sonido seco.
Una bofetada.
Sebastián sintió que el corazón se le detenía.
—¡No vuelvas a levantarme la voz!
Camila no respondió.
Solo se escuchó un pequeño sollozo.
Luego la voz de su madre.
—Tu padre tiene razón. Nos decepcionas cada día más.
Sebastián sintió un nudo en el estómago.
Nunca había escuchado a unos padres hablar así.
Pensó en tocar la puerta.
Pensó en decir algo.
Pero no lo hizo.
Retrocedió lentamente.
Y se fue.
Al día siguiente, Camila apareció en el colegio como siempre.
Sonriendo.
Bromeando.
Como si nada hubiera pasado.
Y Sebastián entendió algo que nunca olvidó.
Camila llevaba una vida que nadie más veía.
Desde ese día, empezó a cuidarla más.
A protegerla.
A acompañarla.
Por eso lo que había dicho en la pelea le dolía tanto.
Porque aunque una parte de su amistad había nacido de esa tristeza…
con el tiempo Camila se había convertido en alguien muy importante para él.
Y ahora tal vez la había perdido.
Sebastián intenta hablar con Camila
Sebastián tomó su teléfono.
Escribió un mensaje.
Sebastián:
Camila, tenemos que hablar.
Pasaron varios minutos.
No hubo respuesta.
Volvió a escribir.
Sebastián:
Lo siento por lo que dije.
El mensaje fue leído.
Pero Camila no respondió.
Porque en ese momento ella no quería verlo.
No después de esas palabras.
No después de sentir que tal vez toda su amistad había sido una mentira.
Perspectiva de Valeria
Valeria estaba sentada en su habitación cuando su teléfono vibró.
Solo ver el nombre hizo que su estómago se encogiera.
Daniel.
Abrió el mensaje con manos temblorosas.
Daniel:
Sigues ignorándome.
Valeria respiró hondo.
No respondió.
Otro mensaje llegó segundos después.
Daniel:
No me gusta que me ignoren.
Luego otro.
Daniel:
¿Crees que olvidé el video?
Valeria cerró los ojos.
Ese video había arruinado su vida.
Meses atrás Daniel la había llevado a una fiesta.
Ella nunca había estado en algo así.
Era ingenua.
Confiaba en él.
Daniel la convenció de beber.
De probar cosas que ella nunca había probado.
Le decía que no pasaba nada.
Que todos lo hacían.
En algún momento alguien grabó.
Había imágenes donde ella aparecía desorientada.
Riendo.
Siguiendo lo que Daniel hacía.
Imitando cada cosa que él le decía.
En una parte del video incluso se la veía consumiendo lo mismo que él.
Valeria nunca quiso que eso pasara.
Pero el video existía.
Y Daniel lo tenía.
Meses después, cuando ella decidió alejarse de él…
Daniel cambió.
Primero publicó una pequeña parte del video.
Solo unos segundos.
Lo suficiente para humillarla.
Pero él tenía mucho más.
Mucho peor.
Valeria escribió rápidamente.
Valeria:
Por favor, borra ese video.
Daniel respondió casi de inmediato.
Daniel:
¿Borrarlo?
Luego otro mensaje.
Daniel:
Todavía no has visto la mejor parte.
Valeria sintió que el corazón se le aceleraba.
Daniel:
La parte donde sigues todo lo que yo hago.
Daniel:
Donde consumes lo mismo que yo.
Daniel:
Imagínate si eso llega a todo el colegio y a tus padres.
Las manos de Valeria comenzaron a temblar.
Valeria:
Por favor…
Daniel tardó unos segundos en responder.
Daniel:
Entonces deja de actuar como si yo no existiera.
Perspectiva de Daniel
Daniel observaba la conversación con calma.
Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Valeria estaba atrapada.
Y eso le gustaba.
Pero lo que más le molestaba últimamente…
era Sebastián.
Ese chico se estaba metiendo demasiado.
Daniel sonrió ligeramente.
—Tal vez… necesite otra lección.




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