Sebastián no podía quedarse quieto.
Desde la mañana anterior sentía una presión constante en el pecho. Cada vez que recordaba el video de Valeria circulando por el instituto, la rabia volvía a subirle a la cabeza.
Sabía quién estaba detrás.
Daniel.
No tenía pruebas todavía, pero lo sabía.
Y por eso llevaba horas intentando encontrarlo.
Había preguntado discretamente a algunas personas que lo conocían, revisado perfiles en redes sociales y buscado cualquier pista que le dijera dónde podía estar.
Pero Daniel no aparecía en ningún lado.
Era como si se hubiera escondido.
Sebastián apretó el teléfono con fuerza.
—Te voy a encontrar —murmuró para sí mismo.
No iba a dejar que alguien hiciera eso y saliera como si nada.
Además, había otra cosa que no lo dejaba tranquilo.
Valeria.
Había intentado saber cómo estaba, pero nadie tenía noticias claras. Algunos decían que no había ido al instituto después de que el video empezara a circular.
Eso solo lo preocupaba más.
Porque Sebastián sabía cómo podían reaccionar los padres cuando algo así pasaba.
Y también sabía que Valeria no estaba bien.
Mientras tanto, Valeria estaba encerrada en su habitación.
El silencio de la casa era pesado.
Después del castigo de la noche anterior, sus padres prácticamente no le habían hablado.
Le habían quitado el teléfono.
Le habían prohibido salir.
Y la habían dejado sola con sus pensamientos.
Valeria estaba sentada en el suelo, con la espalda contra la cama.
Miraba al vacío.
La mejilla aún le dolía un poco por el golpe.
Pero eso no era lo peor.
Lo peor era el miedo.
Porque sabía algo que sus padres no sabían.
El video que había circulado en el instituto no era todo.
Era solo un fragmento.
Un momento donde ella aparecía en una fiesta, desorientada, con una bebida en la mano.
Parecía ebria.
Confundida.
Pero no mostraba lo peor.
Daniel tenía más.
Mucho más.
Y si decidía publicarlo…
todo sería diferente.
Valeria cerró los ojos.
—Por favor… —susurró para sí misma.
—Que no lo haga.
Camila no podía dejar de pensar en lo que estaba pasando.
Había visto la cara de Valeria cuando descubrió el video.
La manera en que su expresión se quebró.
Como si algo dentro de ella se rompiera.
Y eso la perseguía desde entonces.
Sabía que tenía que hacer algo.
Así que tomó el teléfono.
Buscó el número.
Daniel.
Durante unos segundos dudó.
Pero finalmente escribió.
Camila:
Deja de hacer esto.
Pasaron unos segundos.
Luego llegó la respuesta.
Daniel:
¿Hacer qué?
Camila sintió cómo la rabia le subía al pecho.
Camila:
Sabes perfectamente de qué hablo.
Publicaste ese video.
Daniel respondió casi de inmediato.
Daniel:
Ah.
¿Ese video?
Camila apretó el teléfono.
Camila:
Estás destruyendo la vida de Valeria.
Detente.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego apareció el mensaje.
Daniel:
No es mi culpa si ella no sabe controlarse.
Camila sintió una mezcla de rabia y frustración.
Camila:
Si sigues haciendo esto te voy a denunciar.
Esta vez Daniel tardó un poco más en responder.
Cuando el mensaje llegó, Camila sintió un escalofrío.
Daniel:
¿Denunciarme?
Después llegó otro mensaje.
Daniel:
¿Y qué vas a contar exactamente?
Camila frunció el ceño.
Daniel continuó.
Daniel:
Porque si empiezas a hablar…
yo también puedo hablar.
Camila sintió un nudo en el estómago.
Entonces llegó el último mensaje.
Daniel:
Y créeme, Camila…
hay cosas que no te conviene que diga.
El corazón de Camila empezó a latir con fuerza.
Daniel no solo estaba amenazando a Valeria.
Ahora también la estaba amenazando a ella.
Camila no perdió tiempo.
Marcó el número de Adrián.
Él respondió después de unos segundos.
—¿Camila?
Ella respiró hondo antes de hablar.
—Acabo de hablar con Daniel.
Hubo un breve silencio.
—¿Qué dijo?
Camila caminaba de un lado a otro mientras hablaba.
—Le pedí que se detuviera.
—Que lo que está haciendo puede destruir a Valeria.
Adrián guardó silencio unos segundos.
—¿Y qué respondió?
Camila tragó saliva.
—Me amenazó.
Eso cambió inmediatamente el tono de Adrián.
—¿Cómo?
—Dijo que si yo me metía… iba a decir cosas sobre mí.
Hubo un silencio corto al otro lado de la llamada.
Cuando Adrián habló, su voz sonaba mucho más seria.
—Ese chico no está jugando.
Camila cerró los ojos.
—Lo sé.
—Y Valeria no está bien.
Adrián esperó.
—¿Qué quieres decir?
La voz de Camila tembló un poco.
—La vi hoy.
—Parecía que se iba a romper en cualquier momento.
Camila apretó el teléfono.
—Si él publica el resto del video… ella no va a poder soportarlo.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego Adrián habló con firmeza.
—Entonces vamos a detenerlo.
Camila levantó la mirada.
—¿Cómo?
Adrián respondió con calma.
—Primero voy a averiguar quién es realmente Daniel.
—Quiero saber todo sobre él.
—Dónde está.
—Qué hace.
—Y qué tiene realmente contra ustedes.
Camila sintió por primera vez en todo el día una pequeña sensación de esperanza.
Porque ahora no estaba sola.
En otro lugar de la ciudad, Daniel miraba su teléfono.
Había leído los mensajes de Camila.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro.
Abrió otra conversación.
La de Valeria.
Escribió un mensaje.
Daniel:
Espero que estés disfrutando tu nueva fama.
Esperó.
Pero Valeria no respondió.
Daniel volvió a escribir.
Daniel:
Eso que vieron hoy…
no es nada comparado con lo que tengo.
Miró la pantalla unos segundos.
Luego envió el último mensaje.
Daniel:
Si sigues ignorándome…
la próxima vez verán el resto.
Dejó el teléfono sobre la mesa.
Totalmente tranquilo.
Porque sabía algo que los demás todavía no.
Él seguía teniendo el control.
Al mismo tiempo, Sebastián miraba su teléfono.
Había pasado horas buscando pistas.
Pero finalmente había encontrado algo.
Una dirección.
Un lugar donde Daniel solía ir.
Sebastián apretó el teléfono con fuerza.
Por fin.
Por fin sabía dónde encontrarlo.
Y cuando lo hiciera…
Daniel iba a tener que responder por todo.