La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 28

La tarde caía lentamente sobre el instituto.
Los pasillos comenzaban a vaciarse mientras los estudiantes salían en grupos, riendo o hablando sobre cosas sin importancia. Pero para Valeria, cada día allí se sentía como atravesar un campo lleno de miradas y susurros.
Caminaba con la cabeza baja, abrazando sus libros contra el pecho.
Había aprendido a ignorar las risas.
A ignorar los comentarios.
Pero eso no significaba que no dolieran.
A unos metros de distancia, Camila la observaba.
Valeria estaba más delgada.
Sus mejillas ya no tenían el mismo color.
Y caminaba como si cargara algo demasiado pesado para su cuerpo.
Camila sintió una incomodidad que no lograba sacarse del pecho.
Esto… no era lo que ella había querido.
Nunca pensó que las cosas llegarían tan lejos.
Cuando Valeria salió del instituto, su padre ya estaba esperándola junto al carro.
Como todos los días.
Con los brazos cruzados.
Observándolo todo.
Valeria caminó directamente hacia él sin mirar a nadie.
Subió al vehículo y la puerta se cerró con un golpe seco.
Desde la distancia, Sebastián apretó los dientes.
Había pasado todo el día intentando hablar con ella.
Pero siempre era lo mismo.
El padre.
Siempre el padre.
Esperando.
Vigilando.
Controlando cada movimiento.
Sebastián se quedó parado en la acera, mirando cómo el carro se alejaba.
Pero ese día decidió no rendirse.
Se quedó cerca del instituto incluso después de que la mayoría de los estudiantes ya se habían ido.
Tal vez… si tenía suerte, podría verla mañana antes de que su padre apareciera.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Adrián estaba sentado frente a su computadora revisando documentos.
Pantallas.
Archivos.
Registros.
Había estado investigando a Daniel durante horas.
Al principio, lo que encontró parecían problemas menores.
Peleas.
Reportes disciplinarios.
Conflictos con otras personas.
Pero después apareció algo más.
Un registro viejo.
Una denuncia que nunca avanzó completamente.
Adrián frunció el ceño mientras leía.
El nombre de una chica aparecía en el documento.
No había muchos detalles.
Pero lo suficiente para entender que no se trataba de una simple pelea.
Había sospechas de algo más grave.
Mucho más grave.
Adrián se recostó en la silla lentamente.
Si aquello era cierto…
Entonces Daniel no solo era un chantajista.
Podía ser algo mucho peor.
Tomó el teléfono y marcó.
Camila contestó después de unos segundos.
—¿Encontraste algo? —preguntó ella con nerviosismo.
Adrián dudó un momento antes de responder.
—Sí.
Hubo un breve silencio.
—¿Qué cosa?
Adrián respiró profundo.
—Hay una chica.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Aparece en un reporte viejo relacionado con Daniel.
—¿Un reporte de qué?
Adrián habló con cuidado.
—Nunca se confirmó oficialmente… pero todo indica que pudo haber sido víctima de él.
El silencio al otro lado de la línea se volvió pesado.
Camila sintió que su estómago se encogía.
—¿Víctima… de qué?
Adrián respondió en voz baja.
—De algo mucho más serio que una pelea.
Camila se quedó inmóvil.
—Ese caso no avanzó porque en ese momento Daniel era menor de edad —continuó Adrián—. Pero ahora la situación es diferente.
—¿Qué vas a hacer?
—Hablar con ella.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Vas a buscarla?
—Sí.
—Adrián… —dijo ella con evidente preocupación— tal vez eso no sea buena idea.
—¿Por qué?
Camila dudó.
—Ese tipo… es peligroso.
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Lo sé.
Camila respiró con dificultad.
—Si lo enfrentas… puede decir cosas.
Adrián notó algo en su voz.
Miedo.
Mucho miedo.
Más del que esperaba.
—Camila… —dijo con calma— ¿hay algo que no me estás contando?
Ella no respondió inmediatamente.
—No —dijo finalmente—. Solo… ten cuidado.
La llamada terminó poco después.
Cuando Camila llegó a su casa, la tensión estaba esperándola.
Su madre estaba en la sala.
—Llegaste tarde otra vez.
Camila dejó su bolso sobre la mesa.
—Solo estaba hablando con un amigo.
—Últimamente estás muy distraída.
Su padre levantó la mirada desde el comedor.
—Tus notas bajaron.
Camila suspiró.
—Solo un poco.
—Para nosotros no es “solo un poco” —respondió su madre.
La presión volvió a caer sobre ella.
Expectativas.
Reclamos.
Exigencias.
Lo mismo de siempre.
—Esperábamos más de ti.
Camila apretó la mandíbula.
—No es el fin del mundo.
—Para tu futuro sí lo es.
Camila no respondió.
Solo tomó su bolso y caminó hacia su habitación sin decir nada más.
Mientras tanto, en otra casa, Valeria estaba de pie frente a sus padres.
La discusión había comenzado apenas entró por la puerta.
—Esto fue un error —dijo su padre con frustración.
Valeria lo miró sin entender.
—¿Qué?
—Cambiarte de colegio.
Las palabras se sintieron como un golpe.
—Pensamos que las cosas mejorarían —continuó él—. Pero fue una pérdida de tiempo.
Valeria sintió que el pecho se le apretaba.
—Yo no hice nada…
Su madre la miró con frialdad.
—Siempre dices lo mismo.
El padre cruzó los brazos.
—Ya tomamos una decisión.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué decisión?
—Te vamos a enviar a un internado.
El silencio llenó la habitación.
—¿Qué…?
—Necesitas disciplina —dijo su padre—. Y nosotros necesitamos recuperar la tranquilidad en esta casa.
Las palabras la atravesaron.
Valeria bajó la mirada.
No tenía fuerzas para discutir.
No tenía fuerzas para defenderse.
Solo sentía ese cansancio profundo que parecía haberse instalado en su corazón.
Mientras tanto, Adrián caminaba por una calle tranquila iluminada por algunas farolas.
Había seguido la dirección que encontró en los registros.
Finalmente se detuvo frente a una casa sencilla.
Miró la puerta durante unos segundos.
Sabía que aquella conversación podía cambiar muchas cosas.
Respiró hondo.
Y tocó la puerta.
Pasaron unos segundos.
La puerta se abrió lentamente.
Una mujer apareció al otro lado.
Adrián la observó con seriedad.
—Buenas noches —dijo con calma—. Necesito hablar contigo sobre alguien.
La mujer lo miró con incertidumbre.
—¿Sobre quién?
Adrián respondió directamente.
—Sobre Daniel.
El nombre pareció congelarla.
Su expresión cambió.
Como si un recuerdo doloroso hubiera vuelto de golpe.
Y en ese momento Adrián entendió algo.
Aquella historia… estaba lejos de haber terminado.




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