La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 34

La casa estaba en silencio.

Pero no era un silencio tranquilo.

Era uno que dolía.

La madre de Valeria estaba sentada en la sala.

Con el teléfono en la mano.

Llorando.

Sin intentar ocultarlo.

—Contesta… por favor… —susurraba entre sollozos.

Sus manos temblaban.

Marcaba una y otra vez.

Pero nadie respondía.

El padre caminaba de un lado a otro.

Sin detenerse.

Sin saber qué hacer con la desesperación.

—Ya llamé a dos hospitales —dijo, con la voz tensa—. Nada.

Tomó el teléfono otra vez.

Marcó otro número.

—Sí… buenas tardes… necesito saber si ingresó una joven… —hizo una pausa—. No, no tenemos contacto con ella desde esta mañana…

Silencio.

—Gracias…

Colgó.

Pasó la mano por su rostro.

Por primera vez…

no había enojo.

Había miedo.

—Esto no está bien… —dijo la madre, llorando—. Algo le pasó…

El padre no respondió de inmediato.

Pero esta vez…

no la contradijo.

—La voy a encontrar.

En el colegio…

la noticia ya era oficial.

Un comunicado.

Valeria estaba desaparecida.

La casa estaba en silencio.

Pero no era un silencio tranquilo.

Era uno que dolía.

La madre de Valeria estaba sentada en la sala.

Con el teléfono en la mano.

Llorando.

Sin intentar ocultarlo.

—Contesta… por favor… —susurraba entre sollozos.

Sus manos temblaban.

Marcaba una y otra vez.

Pero nadie respondía.

El padre caminaba de un lado a otro.

Sin detenerse.

Sin saber qué hacer con la desesperación.

—Ya llamé a dos hospitales —dijo, con la voz tensa—. Nada.

Tomó el teléfono otra vez.

Marcó otro número.

—Sí… buenas tardes… necesito saber si ingresó una joven… —hizo una pausa—. No, no tenemos contacto con ella desde esta mañana…

Silencio.

—Gracias…

Colgó.

Pasó la mano por su rostro.

Por primera vez…

no había enojo.

Había miedo.

—Esto no está bien… —dijo la madre, llorando—. Algo le pasó…

El padre no respondió de inmediato.

Pero esta vez…

no la contradijo.

—La voy a encontrar.

En el colegio…

la noticia ya era oficial.

Un comunicado.

Valeria estaba desaparecida.

Se había pedido a estudiantes y padres:

informar cualquier dato... avisar si la veían...ayudar a localizarla

El ambiente cambió.

Ya no era chisme.

Era preocupación.

Camila leyó el comunicado en silencio.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No… —susurró.

Sintió un vacío en el pecho.

Y sin poder evitarlo…

corrió.




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