A veces…
lo más doloroso no es lo que te hacen.
Es que nadie te crea.
—
Valeria caminaba sin saber exactamente hacia dónde.
Sus pasos eran lentos.
Pesados.
Como si su propio cuerpo ya no quisiera seguir.
—
El ruido de la ciudad se sentía lejano.
Distorsionado.
Como si no perteneciera a ese lugar.
—
Siempre es lo mismo…
—
Recordó.
—
Su voz intentando explicar.
—No fue así…
—
Y la respuesta.
Siempre la misma.
—
—Deja de mentir.
—
Cerró los ojos con fuerza.
—
Otra escena.
—
Más pequeña.
Más joven.
—
—Yo no hice eso…
—
—Siempre eres tú.
—
Otra vez.
Otra vez.
Otra vez.
—
Valeria abrió los ojos.
Las lágrimas ya no caían con fuerza.
Ahora solo estaban ahí.
Silenciosas.
—
—¿Qué hice yo…? —susurró.
—
Nunca entendió.
—
Nunca fue suficiente.
—
Y ahora…
todo estaba peor.
—
Siguió caminando.
Sin rumbo.
—
Como si desaparecer…
fuera la única forma de que todo se detuviera.
—
Mientras tanto…
Sebastián estaba en un lugar donde no debía estar.
—
Calles estrechas.
Oscuras.
Ruido.
Gente observándolo.
—
No encajaba.
—
Y se notaba.
—
—Oye, ¿qué haces aquí? —le dijo uno.
Sebastián no respondió.
Seguía mirando.
Buscando.
—
—Te estoy hablando.
—
Otro se acercó.
—
—Lárgate.
—
Sebastián apretó los puños.
—
—Estoy buscando a alguien.
—
—¿Y nosotros qué?
—
Un empujón.
—
Sebastián reaccionó.
—
El ambiente se tensó.
—
Por un segundo…
todo estuvo a punto de explotar.
—
Pero alguien intervino.
—
—Déjenlo.
—
Sebastián no esperó más.
Siguió caminando.
—
Pero ahora sabía algo.
—
Se estaba metiendo en lugares peligrosos.
—
Y no le importaba.
—
Porque ella no aparecía.
—
Y eso era peor.
—
Más tarde…
el recuerdo volvió.
—
La voz del padre de Valeria.
—
—No la llevé yo hoy… tenía una reunión urgente.
—
Sebastián escuchando.
En silencio.
—
—Se fue con el chofer.
—
Pausa.
—
—Pero debía entrar al colegio.
—
Y la respuesta.
—
—No asistió.
—
Ese momento.
—
Ese quiebre.
—
Ahí lo entendió todo.
—
Volvió al presente.
Respirando agitado.
—
—Algo pasó… —murmuró.
—
Y siguió buscando.
—
Cada vez más desesperado.
—
En la casa de Valeria…
todo había cambiado.
—
La madre no dejaba de llorar.
—
El padre hablaba con el chofer.
—
—¿Qué pasó exactamente? —preguntó, serio.
—
—Señor… ella estaba normal… pero antes de llegar…
—
Silencio.
—
—Me pidió que la dejara unas cuadras antes.
—
El padre frunció el ceño.
—
—¿Por qué?
—
—Dijo que tenía que ver a alguien… no quise insistir…
—
El silencio fue pesado.
—
Muy pesado.
—
El padre cerró los ojos un segundo.
—
—Debí llevarla yo…
—
Era la primera vez que lo decía.
—
Y lo sentía.
—
Mientras tanto…
Camila estaba con Adrián.
—
Sus ojos estaban rojos.
Cansados.
—
—No aparece… —dijo, con la voz quebrada.
—
Adrián la miró.
Serio.
—
—La vamos a encontrar.
—
Camila negó.
—
—Esto es por mi culpa…
—
—No.
—
—Sí —insistió—. Todo empezó por mí…
—
Adrián no respondió de inmediato.
—
—Ahora no sirve culparse.
—
Pausa.
—
—Sirve encontrarla.
—
Camila lo miró.
—
Y por primera vez…
asintió.
—
En otro lugar…
Daniel observaba.
—
Desde lejos.
—
Su celular en la mano.
—
Mensajes.
Caos.
—
Búsqueda.
—
Sonrió levemente.
—
—Ahora sí entienden…
—
Escribió.
—
Y envió.
—
Un mensaje.
—
Simple.
—
Frío.
—
“¿La están buscando?”
—
Mientras tanto…
Sebastián se detenía.
—
Mirando un lugar.
—
Algo le decía…
que estaba cerca.
—
Que algo no encajaba.
—
Que ella había pasado por ahí.
—
Pero no sabía por qué.
—
Aún no.
—
Y en algún punto de la ciudad…
Valeria se detuvo.
—
Sus piernas no daban más.
—
Se apoyó contra una pared.
—
Cerró los ojos.
—
Y por primera vez…
el miedo fue más fuerte que el cansancio.
—
Pero ya no sabía a dónde volver.
—
Ni si quería hacerlo.