La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 37

El hospital olía a silencio.
A miedo.
A cosas que nadie quería escuchar.

Las luces blancas caían sobre todo.
Frías.
Sin emoción.

Sebastián no se movía.
Estaba sentado.
Con las manos entrelazadas.
Aún podía sentirlo.

El peso de ella.

La sangre.

Cerró los ojos.

—Yo la empujé… —murmuró.

Su voz apenas salió.

Yo la hice correr.

No levantaba la mirada.
No podía.

Porque si lo hacía…
tenía que aceptar que todo era real.

Pasos.

Los padres de Valeria.

La madre fue la primera en acercarse.

Pero no pudo entrar.

Se detuvo.

Frente al vidrio.

Y ahí la vio.

Su reflejo se mezcló con la imagen al otro lado.

Valeria.

Inmóvil.

Rodeada de luces parpadeantes.

De sonidos constantes.

De cables que subían y bajaban con su respiración.

—No… —su voz se quebró al instante—. No… no…

Apoyó la mano contra el vidrio.

Como si eso pudiera acercarla.

Pero no era suficiente.

El padre llegó unos segundos después.

Se quedó en silencio.

Mirando.

Sin poder apartar la vista.

El brillo de las máquinas iluminaba el rostro de su hija.

Y por primera vez…
no dijo nada.

Solo bajó la mirada.

—¿Qué pasó? —preguntó finalmente, pero sin dureza.

Sebastián levantó un poco la cabeza.

—Fue un accidente… —dijo, con la voz rota—. Yo… yo la encontré…

No pudo seguir.

El padre lo miró.
Pero no con rabia.

Con algo peor.

Dolor.

Un médico se acercó.

—Familiares de Valeria…

El silencio fue inmediato.

—Su estado es delicado.

Una pausa.

—Las próximas horas son decisivas.

La madre negó.

—No… no…

El padre cerró los ojos.

Como si algo dentro de él se quebrara en ese instante.

Mientras tanto…
Valeria no estaba ahí.

No completamente.

Todo era oscuro.

Pero no vacío.

Voces.

—Siempre eres tú.

—Deja de mentir.

—Nos estás avergonzando.

Recuerdos.

Ella intentando hablar.
Explicar.

Pero nadie escuchando.

Nunca.

—Yo no hice eso…

—Claro que sí.

El eco de su propia voz.

Más pequeña.
Más débil.

—¿Por qué…?

Pero nunca hubo respuesta.

Y en medio de todo…
una sensación.

Cansancio.

Demasiado.

—Tal vez… si desaparezco…

Silencio.

—Todo se calma…

De vuelta en el hospital…
Camila estaba afuera.

No se atrevía a acercarse.

Desde donde estaba…
también podía verla.

A través del vidrio.

Y eso fue peor.

Porque ahora sí era real.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No… —susurró.

Entró.

Pero no avanzó demasiado.

Sus ojos seguían fijos.

Valeria.

Tan quieta.

Tan lejos.

Entonces lo vio.

Sebastián.

Sentado.

Y él también la vio.

Silencio.

Pesado.

Tenso.

Lleno de todo lo que no se habían dicho.

Sebastián apartó la mirada.

Pero no antes de hablar.

—No te acerques —dijo, bajo.

Camila sintió el golpe.

—Sebastián…

—Ya hiciste suficiente.

Las palabras fueron suaves.
Pero cortaron.

Camila bajó la mirada.

No se defendió.

No podía.

Porque en el fondo…
sentía que tenía razón.

El silencio volvió.

En otro lugar…
Daniel miraba su celular.

Un mensaje.

Accidente.
Hospital.

Su expresión no cambió demasiado.

—No era para tanto… —murmuró.

Pero sus ojos…
no estaban tranquilos.

De vuelta en el hospital…
Camila no pudo más.

Miró a los padres de Valeria.

A su madre, aún frente al vidrio.

Al padre, inmóvil.

Y algo dentro de ella se quebró.

—Yo… —su voz tembló.

Sebastián levantó la mirada.

—Yo tengo que decir algo…

El padre de Valeria la miró.

Camila dio un paso al frente.

—Todo esto… no fue solo un accidente…

El aire se tensó.

—Hay alguien… —continuó, con la voz rota—. Alguien que la estuvo amenazando…

Sebastián frunció el ceño.


—Camila…

Pero ella negó.

—No… ya no puedo quedarme callada…

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Esto es más grave…

Y en ese momento—

Un sonido.

Agudo.

Constante.

Las máquinas.

La madre giró de golpe.

—¡Valeria!

Movimiento.

Rápido.

Médicos entrando.

—¡Apártense!

Sebastián se quedó congelado.

Camila retrocedió.

Sin poder respirar.

Las puertas se cerraron.

Y el sonido…

seguía.

cada vez más fuerte.

Y nadie sabía…
si iba a detenerse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.