El hospital olía a silencio.
A miedo.
A cosas que nadie quería escuchar.
—
Las luces blancas caían sobre todo.
Frías.
Sin emoción.
—
Sebastián no se movía.
Estaba sentado.
Con las manos entrelazadas.
Aún podía sentirlo.
—
El peso de ella.
—
La sangre.
—
Cerró los ojos.
—
—Yo la empujé… —murmuró.
—
Su voz apenas salió.
—
Yo la hice correr.
—
No levantaba la mirada.
No podía.
—
Porque si lo hacía…
tenía que aceptar que todo era real.
—
Pasos.
—
Los padres de Valeria.
—
La madre fue la primera en acercarse.
—
Pero no pudo entrar.
—
Se detuvo.
—
Frente al vidrio.
—
Y ahí la vio.
—
Su reflejo se mezcló con la imagen al otro lado.
—
Valeria.
—
Inmóvil.
—
Rodeada de luces parpadeantes.
—
De sonidos constantes.
—
De cables que subían y bajaban con su respiración.
—
—No… —su voz se quebró al instante—. No… no…
—
Apoyó la mano contra el vidrio.
—
Como si eso pudiera acercarla.
—
Pero no era suficiente.
—
El padre llegó unos segundos después.
—
Se quedó en silencio.
—
Mirando.
—
Sin poder apartar la vista.
—
El brillo de las máquinas iluminaba el rostro de su hija.
—
Y por primera vez…
no dijo nada.
—
Solo bajó la mirada.
—
—¿Qué pasó? —preguntó finalmente, pero sin dureza.
—
Sebastián levantó un poco la cabeza.
—
—Fue un accidente… —dijo, con la voz rota—. Yo… yo la encontré…
—
No pudo seguir.
—
El padre lo miró.
Pero no con rabia.
—
Con algo peor.
—
Dolor.
—
Un médico se acercó.
—
—Familiares de Valeria…
—
El silencio fue inmediato.
—
—Su estado es delicado.
—
Una pausa.
—
—Las próximas horas son decisivas.
—
La madre negó.
—
—No… no…
—
El padre cerró los ojos.
—
Como si algo dentro de él se quebrara en ese instante.
—
Mientras tanto…
Valeria no estaba ahí.
—
No completamente.
—
Todo era oscuro.
—
Pero no vacío.
—
Voces.
—
—Siempre eres tú.
—
—Deja de mentir.
—
—Nos estás avergonzando.
—
Recuerdos.
—
Ella intentando hablar.
Explicar.
—
Pero nadie escuchando.
—
Nunca.
—
—Yo no hice eso…
—
—Claro que sí.
—
El eco de su propia voz.
—
Más pequeña.
Más débil.
—
—¿Por qué…?
—
Pero nunca hubo respuesta.
—
Y en medio de todo…
una sensación.
—
Cansancio.
—
Demasiado.
—
—Tal vez… si desaparezco…
—
Silencio.
—
—Todo se calma…
—
De vuelta en el hospital…
Camila estaba afuera.
—
No se atrevía a acercarse.
—
Desde donde estaba…
también podía verla.
—
A través del vidrio.
—
Y eso fue peor.
—
Porque ahora sí era real.
—
Sus manos comenzaron a temblar.
—
—No… —susurró.
—
Entró.
—
Pero no avanzó demasiado.
—
Sus ojos seguían fijos.
—
Valeria.
—
Tan quieta.
—
Tan lejos.
—
Entonces lo vio.
—
Sebastián.
—
Sentado.
—
Y él también la vio.
—
Silencio.
—
Pesado.
—
Tenso.
—
Lleno de todo lo que no se habían dicho.
—
Sebastián apartó la mirada.
—
Pero no antes de hablar.
—
—No te acerques —dijo, bajo.
—
Camila sintió el golpe.
—
—Sebastián…
—
—Ya hiciste suficiente.
—
Las palabras fueron suaves.
Pero cortaron.
—
Camila bajó la mirada.
—
No se defendió.
—
No podía.
—
Porque en el fondo…
sentía que tenía razón.
—
El silencio volvió.
—
En otro lugar…
Daniel miraba su celular.
—
Un mensaje.
—
Accidente.
Hospital.
—
Su expresión no cambió demasiado.
—
—No era para tanto… —murmuró.
—
Pero sus ojos…
no estaban tranquilos.
—
De vuelta en el hospital…
Camila no pudo más.
—
Miró a los padres de Valeria.
—
A su madre, aún frente al vidrio.
—
Al padre, inmóvil.
—
Y algo dentro de ella se quebró.
—
—Yo… —su voz tembló.
—
Sebastián levantó la mirada.
—
—Yo tengo que decir algo…
—
El padre de Valeria la miró.
—
Camila dio un paso al frente.
—
—Todo esto… no fue solo un accidente…
—
El aire se tensó.
—
—Hay alguien… —continuó, con la voz rota—. Alguien que la estuvo amenazando…
—
Sebastián frunció el ceño.
—
—Camila…
—
Pero ella negó.
—
—No… ya no puedo quedarme callada…
—
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—
—Esto es más grave…
—
Y en ese momento—
—
Un sonido.
—
Agudo.
—
Constante.
—
Las máquinas.
—
La madre giró de golpe.
—
—¡Valeria!
—
Movimiento.
—
Rápido.
—
Médicos entrando.
—
—¡Apártense!
—
Sebastián se quedó congelado.
—
Camila retrocedió.
—
Sin poder respirar.
—
Las puertas se cerraron.
—
Y el sonido…
—
seguía.
—
cada vez más fuerte.
—
Y nadie sabía…
si iba a detenerse.