El sonido de las máquinas seguía ahí.
Constante.
Frío.
—
Como un recordatorio de que todo podía cambiar en segundos.
—
Sebastián seguía sentado frente a la sala.
Sin dormir.
Sin moverse demasiado.
—
Cada vez que cerraba los ojos…
veía el momento.
—
Valeria corriendo.
Su voz gritándole.
El golpe.
—
Y luego el silencio.
—
Se pasó las manos por el rostro.
Desesperado.
—
—Yo debí alcanzarla… —murmuró.
—
Pero ya era tarde para cambiarlo.
—
A unos metros…
la madre de Valeria seguía llorando.
—
En silencio.
—
Como si ya no le quedaran fuerzas ni para romperse más.
—
El padre estaba de pie.
Mirando el vidrio.
—
Mirando a su hija.
—
Tan quieta.
—
Y entonces habló.
—
—Nunca la escuchamos…
—
Su voz salió baja.
Rota.
—
La madre levantó la mirada lentamente.
—
—Siempre pensamos primero en nosotros…
—
Silencio.
—
—En lo que dirían…
—
El hombre cerró los ojos.
—
—Y ella estaba sola.
—
Por primera vez…
no hablaban de imagen.
No hablaban del colegio.
No hablaban de vergüenza.
—
Hablaban de Valeria.
—
Y eso dolía más.
—
Mientras tanto…
afuera del hospital…
algunos estudiantes empezaban a enterarse.
—
Susurros.
Mensajes.
Rumores.
—
—¿Dicen que está grave?
—
—Yo escuché que fue un accidente…
—
—Todo eso empezó por los videos…
—
Algunos hablaban con morbo.
Otros…
con culpa.
—
Porque muchos vieron.
Muchos señalaron.
Y nadie hizo nada.
—
Dentro del hospital…
Camila seguía quieta.
Temblando.
—
Sebastián estaba cerca.
Pero ninguno se miraba demasiado.
—
Hasta que ella respiró hondo.
—
Y habló.
—
—Fue Daniel…
—
El padre de Valeria levantó la mirada.
—
Camila sintió que las piernas le temblaban.
—
—Él empezó a amenazarla hace tiempo…
—
Las palabras comenzaron a salir rápido.
Como si ya no pudiera detenerlas.
—
—La manipulaba… la chantajeaba… le decía que iba a publicar cosas de ella…
—
La madre de Valeria comenzó a llorar otra vez.
—
Camila bajó la mirada.
—
—Y publicó los videos…
—
Silencio.
—
—Valeria tenía miedo todo el tiempo…
—
Sebastián apretó los puños.
—
—¿Y tú sabías eso? —preguntó.
—
Camila sintió el golpe de la pregunta.
—
—Yo… sabía algunas cosas…
—
Sebastián soltó una risa amarga.
—
Dolida.
—
—Ella estaba pidiendo ayuda…
—
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—
—Y ninguno la vio.
—
Camila ya no pudo contenerse.
—
—¡Yo no quería que esto pasara! —dijo llorando—. ¡Nunca pensé que llegaría tan lejos!
—
El padre de Valeria giró lentamente.
—
—¿Qué más le hizo ese hombre?
—
La pregunta pesó demasiado.
—
Camila dudó.
—
Pero ya no podía seguir callando.
—
Y contó todo.
—
Las amenazas.
Los mensajes.
El miedo constante.
—
Y cómo Valeria empezó a apagarse poco a poco.
—
La madre de Valeria se cubrió el rostro llorando.
—
El padre respiró hondo.
—
Pero ya no parecía solo triste.
—
Ahora también estaba furioso.
—
Muy furioso.
—
Mientras tanto…
Adrián caminaba por un pasillo hablando por teléfono.
—
Su expresión era seria.
—
—Necesito que revisen todo el historial de Daniel.
—
Pausa.
—
—No. Esto ya no es solo chantaje.
—
Escuchó unos segundos.
—
Y su rostro cambió.
—
—¿Otra víctima?
—
Silencio.
—
—¿Qué pasó con ella?
—
Más silencio.
—
Adrián apretó la mandíbula.
—
Había otra joven.
—
Años atrás.
—
Nunca denunció oficialmente.
Pero hubo rumores.
Problemas.
Miedo.
—
Y ahora todo empezaba a conectar.
—
—Necesito las pruebas completas —dijo finalmente—. Todo.
—
Porque ya entendía algo.
—
Daniel no era un error.
—
Era un peligro.
—
En otro lugar…
Daniel caminaba de un lado a otro.
—
Por primera vez…
parecía nervioso.
—
Muy nervioso.
—
Miraba su celular constantemente.
—
Noticias.
Mensajes.
Comentarios.
—
Y entonces leyó algo que lo hizo detenerse.
—
“Valeria sigue viva.”
—
El aire pareció quedarse quieto.
—
Después llegó otro mensaje.
—
“Camila habló.”
—
Daniel apretó el teléfono con fuerza.
—
Ahora sí había miedo en sus ojos.
—
Abrió rápidamente algunas carpetas.
—
Fotos.
Videos.
Archivos.
—
Empezó a borrar cosas.
—
Uno tras otro.
—
Respirando cada vez más rápido.
—
—Mierda… mierda…
—
Porque por primera vez…
sentía que estaba perdiendo el control.
—
De vuelta en el hospital…
el ambiente seguía pesado.
—
Demasiado.
—
Sebastián se quedó observando a Valeria a través del vidrio.
—
Y recordó algo.
—
Ella riéndose en ese mismo parque.
—
Tomándole la mano.
—
Mirándolo como si todavía creyera en algo bonito.
—
Y ahora…
todo eso parecía tan lejos.
—
Mientras tanto…
en algún lugar dentro de sí misma…
Valeria seguía perdida entre recuerdos.
—
Su infancia.
—
Las discusiones.
—
Las veces que intentó hablar.
—
Y las veces que sintió que sobraba.
—
Pero entre toda esa oscuridad…
también aparecieron otras imágenes.
—
Sebastián sonriendo.
—
El parque.
—
La sensación de tranquilidad.
—
Como si una parte de ella…
todavía quisiera quedarse.
—
Y entonces—
—
Un sonido.
—
Las máquinas cambiaron de ritmo.
—
La madre de Valeria levantó la cabeza rápidamente.
—
—¿Qué pasa…?
—
Los médicos entraron otra vez.
—
Movimiento.
—
Voces rápidas.
—
Sebastián se puso de pie de inmediato.
—
Camila retrocedió asustada.
—
Y entonces…
lentamente…
Valeria abrió los ojos.
—
Solo un poco.
—
Confundida.
Débil.
—
Pero despierta.
—
Y todos se quedaron congelados.