La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 38

El sonido de las máquinas seguía ahí.
Constante.
Frío.

Como un recordatorio de que todo podía cambiar en segundos.

Sebastián seguía sentado frente a la sala.
Sin dormir.
Sin moverse demasiado.

Cada vez que cerraba los ojos…
veía el momento.

Valeria corriendo.
Su voz gritándole.
El golpe.

Y luego el silencio.

Se pasó las manos por el rostro.
Desesperado.

—Yo debí alcanzarla… —murmuró.

Pero ya era tarde para cambiarlo.

A unos metros…
la madre de Valeria seguía llorando.

En silencio.

Como si ya no le quedaran fuerzas ni para romperse más.

El padre estaba de pie.
Mirando el vidrio.

Mirando a su hija.

Tan quieta.

Y entonces habló.

—Nunca la escuchamos…

Su voz salió baja.
Rota.

La madre levantó la mirada lentamente.

—Siempre pensamos primero en nosotros…

Silencio.

—En lo que dirían…

El hombre cerró los ojos.

—Y ella estaba sola.

Por primera vez…
no hablaban de imagen.
No hablaban del colegio.
No hablaban de vergüenza.

Hablaban de Valeria.

Y eso dolía más.

Mientras tanto…
afuera del hospital…
algunos estudiantes empezaban a enterarse.

Susurros.
Mensajes.
Rumores.

—¿Dicen que está grave?

—Yo escuché que fue un accidente…

—Todo eso empezó por los videos…

Algunos hablaban con morbo.
Otros…
con culpa.

Porque muchos vieron.
Muchos señalaron.
Y nadie hizo nada.

Dentro del hospital…
Camila seguía quieta.
Temblando.

Sebastián estaba cerca.
Pero ninguno se miraba demasiado.

Hasta que ella respiró hondo.

Y habló.

—Fue Daniel…

El padre de Valeria levantó la mirada.

Camila sintió que las piernas le temblaban.

—Él empezó a amenazarla hace tiempo…

Las palabras comenzaron a salir rápido.
Como si ya no pudiera detenerlas.

—La manipulaba… la chantajeaba… le decía que iba a publicar cosas de ella…

La madre de Valeria comenzó a llorar otra vez.

Camila bajó la mirada.

—Y publicó los videos…

Silencio.

—Valeria tenía miedo todo el tiempo…

Sebastián apretó los puños.

—¿Y tú sabías eso? —preguntó.

Camila sintió el golpe de la pregunta.

—Yo… sabía algunas cosas…

Sebastián soltó una risa amarga.

Dolida.

—Ella estaba pidiendo ayuda…

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Y ninguno la vio.

Camila ya no pudo contenerse.

—¡Yo no quería que esto pasara! —dijo llorando—. ¡Nunca pensé que llegaría tan lejos!

El padre de Valeria giró lentamente.

—¿Qué más le hizo ese hombre?

La pregunta pesó demasiado.

Camila dudó.

Pero ya no podía seguir callando.

Y contó todo.

Las amenazas.
Los mensajes.
El miedo constante.

Y cómo Valeria empezó a apagarse poco a poco.

La madre de Valeria se cubrió el rostro llorando.

El padre respiró hondo.

Pero ya no parecía solo triste.

Ahora también estaba furioso.

Muy furioso.

Mientras tanto…
Adrián caminaba por un pasillo hablando por teléfono.

Su expresión era seria.

—Necesito que revisen todo el historial de Daniel.

Pausa.

—No. Esto ya no es solo chantaje.

Escuchó unos segundos.

Y su rostro cambió.

—¿Otra víctima?

Silencio.

—¿Qué pasó con ella?

Más silencio.

Adrián apretó la mandíbula.

Había otra joven.

Años atrás.

Nunca denunció oficialmente.
Pero hubo rumores.
Problemas.
Miedo.

Y ahora todo empezaba a conectar.

—Necesito las pruebas completas —dijo finalmente—. Todo.

Porque ya entendía algo.

Daniel no era un error.

Era un peligro.

En otro lugar…
Daniel caminaba de un lado a otro.

Por primera vez…
parecía nervioso.

Muy nervioso.

Miraba su celular constantemente.

Noticias.
Mensajes.
Comentarios.

Y entonces leyó algo que lo hizo detenerse.

“Valeria sigue viva.”

El aire pareció quedarse quieto.

Después llegó otro mensaje.

“Camila habló.”

Daniel apretó el teléfono con fuerza.

Ahora sí había miedo en sus ojos.

Abrió rápidamente algunas carpetas.

Fotos.
Videos.
Archivos.

Empezó a borrar cosas.

Uno tras otro.

Respirando cada vez más rápido.

—Mierda… mierda…

Porque por primera vez…
sentía que estaba perdiendo el control.

De vuelta en el hospital…
el ambiente seguía pesado.

Demasiado.

Sebastián se quedó observando a Valeria a través del vidrio.

Y recordó algo.

Ella riéndose en ese mismo parque.

Tomándole la mano.

Mirándolo como si todavía creyera en algo bonito.

Y ahora…
todo eso parecía tan lejos.

Mientras tanto…
en algún lugar dentro de sí misma…
Valeria seguía perdida entre recuerdos.

Su infancia.

Las discusiones.

Las veces que intentó hablar.

Y las veces que sintió que sobraba.

Pero entre toda esa oscuridad…
también aparecieron otras imágenes.

Sebastián sonriendo.

El parque.

La sensación de tranquilidad.

Como si una parte de ella…
todavía quisiera quedarse.

Y entonces—

Un sonido.

Las máquinas cambiaron de ritmo.

La madre de Valeria levantó la cabeza rápidamente.

—¿Qué pasa…?

Los médicos entraron otra vez.

Movimiento.

Voces rápidas.

Sebastián se puso de pie de inmediato.

Camila retrocedió asustada.

Y entonces…
lentamente…
Valeria abrió los ojos.

Solo un poco.

Confundida.
Débil.

Pero despierta.

Y todos se quedaron congelados.




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