Valeria abrió los ojos lentamente.
La luz le molestó de inmediato.
Todo se veía borroso.
Confuso.
—
Escuchaba sonidos.
Pitidos constantes.
Voces lejanas.
—
Y por un momento…
no entendió dónde estaba.
—
Intentó mover un poco la cabeza.
Pero el dolor la obligó a detenerse.
—
Respiró con dificultad.
—
Entonces recordó.
—
El parque.
Sebastián gritándole.
El carro.
—
Sus ojos se abrieron un poco más.
Asustada.
—
Y fue ahí cuando lo vio.
—
Sebastián.
—
Sentado frente al vidrio desde hacía horas.
—
Cuando notó que ella estaba despierta, se levantó de golpe.
—
—Valeria…
—
Su voz se quebró.
—
La madre también reaccionó inmediatamente.
—
—¡Doctor! ¡Está despierta!
—
Todo empezó a moverse otra vez.
—
Médicos entrando.
Pasos rápidos.
Voces.
—
Valeria comenzó a alterarse.
—
No entendía nada.
—
Sentía miedo.
Mucho miedo.
—
Intentó mover una mano.
Quitarse algo.
—
—Tranquila… tranquila… —la voz de Sebastián llegó rápidamente—. Ya pasó… estás bien…
—
Pero ella negó lentamente.
—
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—
—No… —susurró con dificultad—. No dejes que él venga…
—
Sebastián sintió un vacío horrible en el pecho.
—
Porque incluso así…
destrozada…
ella seguía teniendo miedo de Daniel.
—
Los médicos intentaron tranquilizarla mientras revisaban sus signos.
—
—Necesitamos que se calme.
—
La madre de Valeria estaba llorando otra vez.
—
Pero esta vez era diferente.
—
Ya no había enojo.
Ni decepción.
—
Solo miedo de perderla.
—
Cuando finalmente los médicos terminaron de revisarla, dejaron entrar únicamente a sus padres unos minutos.
—
El ambiente dentro de la habitación era extraño.
Doloroso.
—
Valeria apenas podía mantener los ojos abiertos.
—
La madre se acercó lentamente.
Como si tuviera miedo de romperla más.
—
—Perdóname… —susurró llorando.
—
Valeria parpadeó despacio.
—
La mujer comenzó a llorar más fuerte.
—
—Perdóname por no escucharte… por no cuidarte…
—
El padre seguía quieto.
Sin saber qué hacer.
—
Porque toda su vida había corregido con dureza.
Nunca con cariño.
—
Y ahora no sabía cómo acercarse a su hija sin sentir que no lo merecía.
—
—Papá… —la voz débil de Valeria hizo que levantara la mirada.
—
El hombre tragó saliva.
—
—Yo… —intentó hablar, pero no pudo al principio—. Yo pensé que estaba haciendo lo correcto…
—
Valeria solo lo observó.
—
Y eso fue peor.
—
Porque no había rabia en sus ojos.
Solo cansancio.
—
Un cansancio demasiado grande para alguien tan joven.
—
Afuera de la habitación…
Sebastián caminaba de un lado a otro.
—
Desesperado.
—
Porque escucharla decir que tenía miedo…
lo había destruido por dentro.
—
Camila estaba sentada cerca.
En silencio.
—
No habían vuelto a hablar realmente desde la pelea.
—
Pero el ambiente entre ellos seguía lleno de dolor.
—
Sebastián pasó una mano por su rostro.
—
—Ese tipo le destruyó la vida… —murmuró lleno de rabia.
—
Y esta vez nadie lo contradijo.
—
Horas después…
Valeria logró hablar un poco más.
—
Todavía débil.
Todavía asustada.
—
Pero comenzó a contar cosas.
—
Las amenazas.
Los mensajes.
El miedo constante.
—
Cómo Daniel siempre encontraba la manera de hacerla sentir atrapada.
—
Y entonces dijo algo que hizo que el silencio se volviera todavía más pesado.
—
—Él quería volver a verme…
—
La madre frunció el ceño.
—
Valeria cerró los ojos unos segundos.
—
—Decía que todavía podía arreglar todo… si yo hacía lo que él quería…
—
Sebastián apretó los puños tan fuerte que le dolieron.
—
Porque entendió algo horrible.
—
Daniel nunca pensó detenerse.
—
Nunca.
—
Más tarde…
Camila pidió entrar sola.
—
Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió incómodo.
—
Valeria apenas giró un poco la cabeza hacia ella.
—
Camila ya estaba llorando.
—
—Lo siento… —susurró.
—
Valeria no respondió de inmediato.
—
Y ese silencio destruyó más a Camila que cualquier grito.
—
—Yo no pensé que esto llegaría tan lejos…
—
La voz se le rompió.
—
—Nunca quise que terminaras así…
—
Valeria la observó unos segundos.
—
Y luego preguntó algo tan bajo…
que aun así la destrozó completamente.
—
—¿Qué hice para que me odiaras tanto?
—
Camila sintió que el aire desaparecía.
—
Negó rápidamente.
—
—No… no… yo no te odiaba…
—
Pero ni ella misma parecía convencida.
—
Las lágrimas comenzaron a caerle sin control.
—
—Fui una idiota… —dijo llorando—. Todo se salió de control…
—
Valeria apartó lentamente la mirada.
—
Porque ya no tenía fuerzas ni para discutir.
—
Mientras tanto…
Adrián seguía investigando.
—
Y cada vez encontraba cosas peores.
—
Más mensajes.
Más amenazas.
—
Más chicas.
—
Daniel no solo manipulaba.
—
Guardaba todo.
—
Videos.
Fotos.
Conversaciones.
—
Como si necesitara tener el control absoluto de las personas.
—
Adrián respiró hondo mientras observaba toda la información.
—
Porque ahora entendía que Valeria nunca fue la única.
—
Y eso volvía todo mucho más grave.
—
En otro lugar…
Daniel estaba perdiendo la calma.
—
Su habitación era un desastre.
—
Había borrado archivos durante horas.
Pero sentía que no era suficiente.
—
Miraba constantemente hacia la ventana.
Hacia la puerta.
Hacia el celular.
—
Ansioso.
Paranoico.
—
Y entonces llegó un mensaje.
—
“La policía quiere hablar contigo.”
—
Daniel se quedó congelado.
—
Por primera vez…
el miedo fue completamente real.
—
De vuelta en el hospital…
la noche cayó lentamente.
—
Valeria estaba agotada.
—
Pero ya no quería dormir.
—
Porque cuando cerraba los ojos…
los recuerdos volvían.
—
Y tenía miedo.
—
Mucho miedo.
—
El padre se sentó finalmente junto a ella.
—
En silencio.
—
Sin imponer nada.
Sin gritar.
Sin exigir.
—
Solo estando ahí.
—
Y después de unos segundos…
Valeria habló.
—
Con una voz pequeña.
Frágil.
—
—Tengo miedo…
—
El hombre sintió cómo algo dentro de él terminaba de romperse.
—
Y por primera vez en muchos años…
abrazó a su hija.
—
No para corregirla.
—
No para controlarla.
—
Solo para protegerla.