La ilusión de una vida perfecta

capitulo 40

La mañana siguiente fue diferente.

Por primera vez en mucho tiempo, la preocupación por Valeria había dejado de ser un asunto privado.

Ahora todos hablaban de ello.

En los pasillos del colegio.

En los grupos de padres.

En redes sociales.

Algunos comentaban con preocupación.

Otros seguían juzgando sin conocer la historia completa.

—¿Escuchaste lo que pasó?

—Dicen que está hospitalizada.

—Todo comenzó por esos videos...

Las palabras seguían viajando de un lado a otro.

Y mientras cientos de personas opinaban sobre su vida...

Valeria permanecía acostada en una cama de hospital intentando entender cómo había llegado hasta allí.

Aún estaba débil.

A veces abría los ojos y observaba el techo durante largos minutos.

Otras veces simplemente permanecía en silencio.

Pensando.

Pensando demasiado.

Su madre estaba sentada junto a ella.

Ya no revisaba el celular.

Ya no preguntaba qué diría la gente.

Solo la observaba.

Como si tuviera miedo de perderla otra vez.

Cuando el médico regresó para revisar su evolución, habló con los padres fuera de la habitación.

—La recuperación física será lenta.

Pero también necesitamos atención psicológica.

Lo que ha vivido no desaparece simplemente porque haya despertado.

La madre asintió inmediatamente.

El padre permaneció callado.

Mirando el suelo.

Hasta que finalmente habló.

—Si la hubiera escuchado antes...

tal vez no estaríamos aquí.

El médico no respondió.

Porque no había nada que decir.

Dentro de la habitación, Valeria observaba por la ventana.

El miedo seguía ahí.

No era miedo al hospital.

Era miedo a salir.

Miedo a volver al colegio.

Miedo a los comentarios.

Miedo a recordar.

Sebastián llegó poco después.

Traía una pequeña bolsa con algunas cosas que pensó que podrían gustarle.

No dijo mucho.

Simplemente se sentó cerca.

Como venía haciendo desde el accidente.

Durante varios minutos ninguno habló.

Hasta que Valeria rompió el silencio.

—¿Por qué sigues aquí?

Sebastián levantó la mirada.

Por un instante pareció buscar las palabras correctas.

—Porque cuando todos se alejaron de ti...

yo también lo hice.

Valeria bajó la mirada.

—Y no pienso volver a cometer ese error.

Por primera vez desde que despertó...

sus ojos se llenaron de lágrimas.

No porque estuviera triste.

Sino porque alguien se había quedado.

Mientras tanto...

Camila llegaba a casa.

Cansada.

Agotada.

Vacía.

Los últimos días parecían haber envejecido años dentro de ella.

Subió las escaleras lentamente.

Pero esta vez no se encerró en su habitación.

Se detuvo frente a la sala.

Sus padres estaban allí.

Y por primera vez...

decidió hablar.

—Necesito decirles algo.

Ambos levantaron la mirada.

Camila tragó saliva.

Y comenzó a contar todo.

Su culpa.

Sus errores.

El miedo que llevaba semanas ocultando.

Las amenazas.

Los videos.

Daniel.

Valeria.

Todo.

La voz se le quebró varias veces.

Y cuando terminó...

esperó los gritos.

Las críticas.

Los reproches.

Pero no llegaron.

Su madre fue la primera en acercarse.

Y la abrazó.

Camila comenzó a llorar de inmediato.

Porque no recordaba la última vez que alguien la había abrazado cuando cometía un error.

Su padre permaneció serio.

Pero esta vez no parecía enfadado.

Parecía preocupado.

—Debiste contarnos antes.

Fue lo único que dijo.

Y por primera vez...

Camila sintió que no estaba completamente sola.

En otra parte de la ciudad...

Adrián observaba una mesa llena de documentos.

Mensajes.

Capturas.

Declaraciones.

Videos.

Pruebas.

Muchas pruebas.

Las suficientes.

Después de semanas investigando...

finalmente había llegado el momento.

—Ya no podemos esperar más.

Horas después, toda la información fue entregada.

Los agentes revisaron cuidadosamente cada documento.

Las amenazas.

Los chantajes.

Los antecedentes.

Las posibles víctimas anteriores.

El silencio se extendió durante varios minutos.

Hasta que uno de ellos levantó la vista.

—Tenemos elementos suficientes para proceder.

Adrián sintió que por fin algo comenzaba a avanzar.

Pero no sabía que Daniel ya lo sospechaba.

Porque mientras todo eso ocurría...

Daniel estaba entrando en pánico.

Su habitación parecía un desastre.

Había ropa tirada.

Papeles rotos.

Cajones abiertos.

Seguía borrando archivos.

Eliminando conversaciones.

Intentando desaparecer rastros.

Pero nada parecía suficiente.

Cada sonido lo sobresaltaba.

Cada llamada lo hacía mirar la pantalla.




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