La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 41

El avión acababa de aterrizar.

Camila observó por la ventana mientras la ciudad aparecía lentamente frente a ella.

Habían pasado diez años desde la última vez que estuvo allí.

Diez años desde que se marchó.

Diez años desde que decidió dejar atrás todo aquello.

Tomó aire lentamente.

Pero fue inútil.

Porque algunos recuerdos no desaparecen con el tiempo.

Solo aprenden a esconderse.

Mientras esperaba que las puertas se abrieran, observó las luces de la ciudad.

Todo parecía más pequeño.

Más tranquilo.

Más lejano.

Sin embargo, bastó una sola mirada para que su memoria comenzara a reconstruirlo todo.

Los pasillos del colegio.

Las discusiones.

Los errores.

Las lágrimas.

Valeria.

Sebastián.

Cerró los ojos.

Diez años.

Y aun así aquellos nombres seguían apareciendo cuando menos lo esperaba.

Cuando finalmente descendió del avión, una sensación extraña se instaló en su pecho.

Era miedo.

Pero también nostalgia.

Porque estaba regresando al lugar donde había perdido demasiadas cosas.

Y también al lugar donde había dejado personas que jamás volvió a ver.

Tomó su equipaje y avanzó por el aeropuerto.

A cada paso sentía cómo el pasado parecía acercarse más.

Hasta que vio a sus padres.

Esperándola.

Su madre fue la primera en correr hacia ella.

Y durante un instante, Camila volvió a sentirse como una niña.

Una niña que durante años había deseado algo tan simple como aquel abrazo.

—Bienvenida a casa.

Camila sonrió.

Y por primera vez en mucho tiempo sintió que aquellas palabras eran sinceras.

Durante el trayecto hablaron de todo lo que había ocurrido en los últimos años.

Del trabajo.

Del país donde vivió.

De los casos que había llevado.

De la vida.

Pero evitaron cuidadosamente ciertos nombres.

Como si todos supieran que todavía dolían.

Hasta que su padre rompió el silencio.

—Hablé con Adrián.

Camila levantó la mirada.

—¿Adrián?

—Sí.

Tuve una reunión con él hace unas semanas.

Ahora dirige uno de los bufetes más importantes de la ciudad.

Camila observó por la ventana.

Los años habían pasado para todos.

—Me dijo que le gustaría conocerte profesionalmente.

Necesita abogados en su equipo.

Y cuando escuchó aquel nombre, sintió algo extraño.

Porque Adrián también pertenecía a aquella historia.

A la historia que llevaba diez años intentando olvidar.

No respondió inmediatamente.

Solo observó la ciudad.

Porque por primera vez desde que regresó comprendió algo.

Volver no significaba simplemente regresar a casa.

Volver significaba reencontrarse con todo aquello que había dejado atrás.

Incluso con las personas que quizás ya no querían volver a verla.




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