La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 44

Diez años después.

Camila no durmió bien.

La frase de Sebastián seguía repitiéndose dentro de su cabeza.

"Valeria sí te esperó."

Una y otra vez.

Como si aquellas cuatro palabras hubieran abierto una herida que ella creía cerrada.

Llegó temprano al bufete.

Intentó trabajar.

Intentó leer documentos.

Intentó concentrarse.

Pero era imposible.

Su mente seguía regresando al mismo lugar.

A Sebastián.

A Valeria.

Y a todo lo que había dejado atrás diez años atrás.

---

Mientras tanto.

Sebastián conducía por la ciudad.

Tampoco había dormido demasiado.

No esperaba encontrarse con Camila.

Mucho menos después de tantos años.

Y aunque intentaba convencerse de que había hecho lo correcto, algo dentro de él seguía inquieto.

Recordaba perfectamente el rostro de Camila cuando la dejó sola.

Pero también recordaba otras cosas.

Recordaba a Valeria preguntando por ella.

Recordaba cómo intentaba justificar su ausencia.

Recordaba las veces que pensó que algún día regresaría.

Y recordaba cómo ese día nunca llegó.

Hasta ahora.

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Pasado.

La búsqueda de Daniel continuaba.

Sobre la mesa había mapas, fotografías y reportes recientes.

Ya nadie hablaba de pruebas.

Ni de denuncias.

Ni de declaraciones.

Todo eso ya había quedado atrás.

El objetivo ahora era uno solo.

Encontrarlo.

Uno de los investigadores señaló varios puntos marcados sobre el mapa.

—Revisamos nuevamente las zonas donde solía permanecer.

Nada.

Otro agente agregó:

—También verificamos dos direcciones relacionadas con antiguos conocidos.

Tampoco apareció.

La frustración comenzaba a sentirse en la sala.

Habían avanzado mucho.

Pero todavía no era suficiente.

Adrián observó el mapa durante varios segundos.

Pensativo.

Luego señaló una de las zonas.

—Está cometiendo un error.

Los demás lo miraron.

—¿Cuál?

—Lleva demasiado tiempo moviéndose dentro del mismo perímetro.

Uno de los agentes cruzó los brazos.

—¿Cree que sigue aquí?

Adrián asintió.

—Sí.

Y mientras más tiempo pase, más probabilidades tenemos de encontrarlo.

El silencio volvió a apoderarse de la sala.

Porque todos sabían que estaban cerca.

Lo sentían.

Pero todavía no podían demostrarlo.

---

Horas después.

Los padres de Valeria llegaron para conocer los avances.

La madre parecía agotada.

El padre apenas podía ocultar la tensión.

—¿Lo encontraron? —preguntó apenas entró.

Uno de los investigadores negó con la cabeza.

—Todavía no.

La expresión del hombre se endureció inmediatamente.

—Entonces sigan buscando.

La sala quedó en silencio.

—Porque mientras él siga libre, mi hija sigue viviendo con miedo.

Nadie discutió aquello.

Porque era verdad.

—Lo sabemos —respondió uno de los agentes—. Por eso hemos ampliado la búsqueda.

Estamos revisando movimientos recientes, contactos y lugares que frecuentaba.

Ya no estamos investigando el caso.

Estamos intentando localizarlo.

La madre bajó la mirada.

—Entonces, ¿creen que están cerca?

Adrián respondió esta vez.

—Sí.

Creemos que estamos más cerca que nunca.

Pero necesitamos encontrarlo antes de que vuelva a desaparecer.

El padre respiró profundamente.

Y habló con una firmeza que sorprendió incluso a su esposa.

—Entonces no lo pierdan.

Porque no pienso permitir que vuelva a acercarse a mi hija.

Por primera vez en mucho tiempo no hablaba desde la rabia.

Hablaba desde el miedo.

Y desde el deseo de protegerla.

---

Hospital.

Los días seguían pasando.

Valeria estaba mejorando.

Poco a poco.

Aún estaba débil.

Pero ya podía mantener conversaciones más largas.

Aquella tarde sus padres estaban con ella.

La habitación permanecía en silencio.

Hasta que Valeria hizo una pregunta.

—¿Voy a volver al colegio?

Sus padres intercambiaron una mirada.

La madre sintió un nudo en la garganta.

Los médicos ya les habían recomendado continuar los estudios desde casa durante algún tiempo.

Por su recuperación emocional.

Por todo lo que había ocurrido.

Valeria comprendió la respuesta antes de escucharla.

Y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Porque entendió que muchas cosas habían cambiado.

Y que algunas jamás volverían a ser iguales.

Su madre tomó su mano.

Sin reproches.

Sin exigencias.

Simplemente acompañándola.

Como debió haberlo hecho desde el principio.

---

Diez años después.

La tarde estaba llegando a su fin.

Camila seguía frente a su escritorio.

Intentando trabajar.

Intentando ignorar todo lo que sentía.

Entonces Adrián salió de su oficina.

Se acercó lentamente.

Y se detuvo frente a ella.

—Mañana necesito que llegues temprano.

Camila levantó la mirada.

—¿Por qué?

Adrián guardó silencio unos segundos.

Como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

Finalmente respondió.

—Porque hay alguien que quiere hablar contigo.

Camila frunció el ceño.

—¿Quién?

Adrián la observó durante unos segundos.

Y respondió:

—Valeria.

El corazón de Camila pareció detenerse.

Después de diez años.

Después de todo lo ocurrido.

Después de tantas cosas que quedaron sin decir.

Finalmente iba a volver a verla.




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