La ilusión de una vida perfecta

Capitulo 45

La puerta se cerró lentamente detrás de ellas.

El silencio volvió a ocupar la habitación.

Diez años.

Diez años habían pasado desde la última vez que estuvieron frente a frente.

Camila observó a Valeria.

El tiempo había cambiado muchas cosas.

Pero había algo que seguía igual.

La serenidad con la que la miraba.

No había odio.

No había rencor.

Solo una calma que a Camila le resultaba imposible sostener.

Bajó la mirada.

Respiró profundamente.

Y habló.

—Gracias por aceptar verme.

Valeria permaneció en silencio.

Esperó.

Sabía que esa conversación no era para responder de inmediato.

Era para escuchar.

Camila tomó aire.

—Durante diez años pensé en este momento.

Pensé muchas veces qué iba a decirte.

Pero ahora que estoy aquí...

Siento que ninguna palabra alcanza.

Las lágrimas comenzaron a aparecer en sus ojos.

—No vine a justificarme.

Porque sé que nada puede justificar el daño que te hice.

Solo quiero que conozcas la verdad.

Valeria asintió levemente.

Camila continuó.

—Durante mucho tiempo creí que te odiaba.

Pero con los años entendí que no era así.

Hizo una pausa.

—El problema nunca fuiste tú.

Fui yo.

Valeria la observó con atención.

Camila respiró hondo.

—Sebastián era la única persona que sentía que siempre estaba conmigo.

En mi casa todo era gritos.

Críticas.

Comparaciones.

Nunca sentía que era suficiente para mis padres.

Y él...

Él era el único lugar donde yo sentía un poco de tranquilidad.

Camila bajó la cabeza.

—Cuando empezó a acercarse a ti...

Sentí que también iba a perder eso.

Y tuve miedo.

Muchísimo miedo.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Empecé a verte como una enemiga.

Como alguien que me estaba quitando la única persona que me hacía sentir importante.

Pero nunca fue así.

Yo misma inventé esa historia en mi cabeza.

Valeria permanecía inmóvil.

Escuchando cada palabra.

Camila volvió a hablar.

—Quise hacerte quedar mal.

Quise dañar tu imagen.

Quise que Sebastián volviera a mirarme como antes.

Y terminé destruyendo la vida de una persona que nunca me había hecho nada.

El silencio llenó nuevamente la habitación.

Valeria respiró profundamente.

Después de tantos años...

Por fin obtenía una respuesta.

Durante mucho tiempo se había preguntado una sola cosa.

¿Por qué?

¿Por qué ella?

¿Por qué tanto odio?

Levantó lentamente la mirada.

—¿Sabes qué fue lo que más me dolió?

Camila negó con la cabeza.

—Que nunca entendí qué había hecho para que me trataras así.

Yo solo quería estudiar.

Llegar a mi casa.

Seguir con mi vida.

Nunca intenté quitarte a Sebastián.

Nunca quise hacerte daño.

Simplemente...

No entendía por qué me odiabas.

Camila rompió a llorar.

Cubrió su rostro con las manos.

—Lo sé.

Y esa es la parte que más me duele.

Porque tú nunca hiciste nada.

Nunca fuiste el problema.

Fui yo.

Mis inseguridades.

Mis celos.

Mi miedo a quedarme sola.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Recordó a aquella adolescente que llegaba llorando a su casa sin entender por qué todos parecían señalarla.

Recordó las noches preguntándose qué había hecho mal.

Y por primera vez comprendió que la respuesta era una sola.

Nada.

Nunca había hecho nada.

Las lágrimas comenzaron a correr lentamente por su rostro.

Pero esta vez eran diferentes.

No nacían del dolor.

Nacían de una verdad que había esperado durante diez años.

Miró nuevamente a Camila.

—Durante mucho tiempo pensé que había algo malo en mí.

Que quizá yo era la razón de todo.

Hoy entiendo que nunca fui el problema.

Camila levantó la mirada.

—Nunca lo fuiste, Valeria.

Ojalá hubiera entendido eso mucho antes.

Valeria respiró profundamente.

Permanecieron varios segundos en silencio.

Hasta que volvió a hablar.

—Ahora entiendo muchas cosas.

Entiendo por qué actuaste así.

Porque yo también sé lo que es crecer sintiendo que nunca eres suficiente para tus padres.

Camila la miró sorprendida.

Valeria continuó.

—Pero entender tu dolor...

No cambia el daño que me hiciste.

Camila asintió.

—Lo sé.

Y voy a arrepentirme toda la vida.

Valeria negó suavemente con la cabeza.

—No quiero que esta conversación sea para que cargues una condena eterna.

Quiero que sea para cerrar una etapa.

Las lágrimas seguían cayendo.

—No puedo cambiar el pasado.

Tú tampoco.

Pero sí podemos decidir que deje de controlar nuestras vidas.

Camila apenas pudo hablar.

—¿Eso significa... que puedes perdonarme?

Valeria guardó silencio unos segundos.

Después respondió con una serenidad que solo dan los años.

—Sí.

Te perdono.

No porque lo que pasó haya sido pequeño.

Ni porque lo haya olvidado.

Te perdono porque ya no quiero seguir cargando un dolor que no me deja avanzar.

Porque ya perdí demasiados años por culpa de personas que decidieron hacer daño.

Y no quiero perder uno más viviendo con rencor.

Camila comenzó a llorar con más fuerza.

Jamás imaginó escuchar esas palabras.

Respiró profundamente.

Y preguntó en voz baja.

—¿Puedo abrazarte?

Valeria permaneció inmóvil unos segundos.

Observó a la mujer que tenía frente a ella.

Ya no veía a la adolescente consumida por los celos.

Veía a alguien que también había tenido que enfrentarse a sus propios errores.

Asintió lentamente.

Camila dio un paso adelante.

Y la abrazó.

No era el abrazo de dos amigas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.