Álvaro
«Título: “En la sombra de tu ausencia”
Calificación: ★☆☆☆☆
“En la sombra de tu ausencia” es un desastre cinematográfico que debería haberse titulado “Clichés y Más Clichés”.
Las actuaciones que vemos de parte de los actores son como si fueran de cartón. Los protagonistas parecen haber sido sacados de un maniquí. Sus expresiones faciales son tan inexpresivas que me preguntaba si estaban interpretando a seres humanos o a robots mal programados. La química entre ellos es inexistente, como si estuvieran leyendo sus líneas directamente de un teleprompter…»
Apreté la mandíbula mientras detenía la lectura. Esa mujer había subido su crítica y era como recibir una paliza de alguien que realmente te importaba. Porque así era, su opinión tenía un gran peso y jamas en todos los años que venía siendo receptor de sus juicios había recibido tal paliza como la de hoy. Debería estar acostumbrado a sus malos comentarios pero está vez, luego de lo que había susurrado entre sueños, mantuve la pequeña esperanza de que por primera vez en años, recibiría buenas palabras de su parte. Me equivoque. Jodidamente me equivoque.
—Veo que lo acabas de leer no te cayó bien —Fernando suelta el humo de su cigarrillo y me mira con curiosidad, sonriendo de lado—. ¿Acaso mi cuñada ha vuelto a destrozar tu corazoncito?
—¿Lo leíste acaso? —lo acuse, dejando atrás la crítica impresa que me trajo mi secretario. Hacía tiempo le había ordenado que cada crítica que Keila hiciera, me la trajera impresa para así poder leerla a gusto.
Me arrepentí de haber tomado esa decisión.
Al principio me generaba gracia leer sus palabras mordaces y muchas cosas que ella decía las tomaba en cuenta para mejorar, seguir avanzando.
En varias ocasiones hasta le hice unas cuantas preguntas en casa para ver qué consideraba que tenía que mejorar.
Está vez realmente me había tomado desprevenido sus comentarios.
«La química entre ellos es inexistente…»
Esas palabras me habían golpeado fuertemente. Inexistente. Temí que lo que estuviera queriendo decir no solo fuese en relación a la película, sino a algo más.
Aunque eso no podía ser posible. Teníamos química, algo de ella al menos.
De todas formas, por más vueltas que le diera a esas palabras que me había lanzado como dardos, no dejaban de clavarse en mi orgullo.
Pensé que te gustaba, Keila.
Trate de relajarme e ignorar el recuerdo de su rostro dormido, susurrando las palabras que habían iniciado toda esa absurda esperanza.
Se veía como un ángel pero luego sonreía, engatusando a todos, sin darles tiempo a considerar que ella era el mismísimo diablo. Una víbora.
—Todos lo hemos leído. Incluso mamá fue la primera. Me llamo en la mañana, muerta de risa —se carcajeó y yo me imaginé a mi madre riéndose pegada al teléfono, burlándose de esto. Fernando suspiro divertido, como si esto fuera lo más gracioso del mundo—. La verdad admiro a esa mujer por lograr destruir de tal manera una de tus mejores películas.
Apaga el cigarrillo y deja caer la colilla en el tacho.
—Si, yo también —admití y me recosté, pasando la yema de mis dedos por encima de mis párpados, infligiendo una leve presión.
Su risa gruesa resonó nuevamente en el estudio, llena de burla y diversión, provocando que ruede los ojos, irritado.
—¿Cómo te sientes al saber que tu esposa es tu peor hater? —sigue riéndose a mi costa.
—No estoy para tus bromas ahora —digo, entrecerrando los ojos hacia el rostro de mi hermano. Compartíamos varios rasgos similares, los mismos ojos, su cabello unos tonos más oscuros que el mío, sus lunares en el rostro que habían sido lo que facilitará que nuestros padres nos diferenciarán.
—Solo digo que desde aquí puedo interpretar lo mucho que te ama —su sonrisa creció—. Que la tienes tan enamorada que para poder lidiar con ello tienen que tirarte mierda. Que se muere por besarte, en tener una relación verdadera o espera —finge pensar nuevamente sus palabras—, creo que eso último es más tuyo, ¿O no Álvarito?
—Eres tan buen hermano, Fer. —ironice.
—Solo digo la verdad.
—Es que no puedo creer que haya escrito eso. ¡Pensé que le había gustado! —me giré a verlo y dejé caer la palma de mi mano sobre mi pecho. Sintiendo que mi corazón late furioso. Me sentía enojado. Engañado. Herido—. Ella me dijo que le había gustado. Fui un idiota.
—Álvaro…
—¡Eso es una verdad! Cada vez que creo que tengo la mínima oportunidad de acercarme a ella, todo se cierra de golpe y es tan…
—¿Frustrante? —indaga, cruzándose de piernas.
—¡Si! Además tiene esa forma de decir algo tan hiriente o maleducado y lucir tan adorable. Me siento frustrado a su alrededor, jodidamente frustrado porque no logro descifrar lo que su malvada mente está ideando.
—Te intriga.
—Me genera tanta curiosidad, estoy seguro que podría crear miles de películas con solo echar un simple vistazo dentro de su cabeza.