Keila
«—¿Viste la última película de Álvaro? —pregunté cuando Kris apareció con un bol de palomitas sentándose a mi lado.
—¿La que es una tierna y conmovedora historia de amor? —inquiere poniendo los pies sobre su mesa con aires relajados.
—Si, esa —digo tomando un puñado de palomitas y comerlas.
Estaba ansiosa, sentada en indio en el sofá de la casa de mi hermano y con la computadora en el regazo esperando que me decidiera a escribir. A tomar el valor para hacer algo que se sentía mal.
—Algo vi, escuché muchas cosas buenas —me miró notando mi nerviosismo— ¿Porque? ¿Estás haciendo la crítica, Ky?
Asentí y mordisqueo mi labio inferior.
Tenía la crítica ya escrita. La noche anterior le había puesto el punto final y era maravillosa. Un alabo al trabajo de Álvaro, destacando los puntos positivos, las actuaciones y la historia. La historia que había realizado me había tenido suspirando y llorando durante las dos horas que duró la película. Sin duda era su mejor trabajo.
Pero había algo que me detenía a enviarla. No sabía porque pero estaba realmente insegura respecto a lo que había escrito.
—Ya la terminé —murmuré—, pero no sé...
—No creo que lo que hayas escrito sea tan malo.
—Ese es el problema —dejó a un lado la computadora y me giró a verlo por completo.
Kris deja de lado también el bol con palomitas y lo siento estudiarme como a uno de sus estudiantes.
—No entiendo, ¿Escribiste cosas buenas? ¿Ese es tu problema?
—Se que suena ridículo pero simplemente ¡No sé! —digo frustrada y cubriendo mi rostro con las manos sin saber qué hacer.
—Normalmente escribes las cosas con un ojo muy crítico —agrega y come del bol. El sonido que hace al masticar me crispa los pelos pero trato de ignorarlo.
—Ese es mi trabajo —farfulle y me crucé de brazos.
—Si, pero también quiero que sepas que a veces eres un poco, quizás mucho, más crítica con Álvaro —sonríe de lado—. Pobre hombre, es tu mayor víctima.
Pase una de mis manos por mi rostro, apretando la mandíbula con frustración.
—Se que lo hago y esta vez no fue así —sus ojos me miran fijamente, realmente sin lograr comprender mi problema.
Es por eso que no me siento capaz de envíar la crítica. Es demasiado buena, demasiado positiva y ¿Que dirán todos? ¿Mis colegas entenderán el sentimiento que trato de transmitir o pensaran que...?
Trague saliva ante ese pensamiento, negada.
Álvaro me regaló un collar hace unos días, a nada de su estreno. Él sabía que estaba escribiendo la crítica. ¿Y si...? No, eso no era posible.
Álvaro no compro mi opinión. Eso no pudo haber sucedido. Dejo salir un gemido de frustración y Kris me palmeó la pierna tratando de calmarme y lo escucho suspirar.
—Cálmate y déjalo salir —su mano cae en mi pierna tratando de demostrar su apoyo.
—No creo que mi crítica valga la pena, creo que debería volver a escribirla —miento, sin querer decirle la verdad de mis suposiciones y me dejo caer para recostarme en su costado y Kris no se resiste—. No me gusta como ha quedado, demasiadas tonterías.
—¿El que hayas escrito cosas buenas significa que no es válido? No entiendo la lógica de esa cabecita tuya, hermana.
—Soy su esposa, pueden pensar que él me convenció para que escribiera todas esas alabanzas o peor.
Su ceño se frunce y parece para nada de acuerdo con el comentario.
—El que estés casada con Álvaro no significa que tu juicio esté nublado, eres la persona más terca que conozco, no hay nada que te pueda hacer cambiar de opinión, ni tu esposo.
Pero pudo haberme convencido sin que yo me diera cuenta. Los regalos, el llegar temprano , las cenas listas y las palabras amables. Pudo tratar de comprarme con esas pequeñas acciones y yo he caído sin darme cuenta.
Asentí sin estar conforme y él lo notó. Kris me apretó con su brazo, tratando de reconfortarme.
—Si quieres volver a escribirla, hazlo pero espero que no te arrepientas de tu decisión.
—Creo que lo haré.
—Y comienza dejar de lado esas tonterías en las que piensas, no valen la pena. Escribe lo que desees sin sentirte juzgada.
Más tarde en la noche trate de seguir sus consejos, de escuchar las palabras sabias que mi hermano me había dado pero no pude y cometí uno de los peores errores de mi vida.
Todo por culpa del que dirán.»
Hacía días que una frase no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.
Quiere el divorcio. Eso había dicho mamá cuando apareció esa tarde y era una idea que ni siquiera había pensado en todo este tiempo juntos. Álvaro nunca me había dado señales de desearlo, por más peleas que tuviéramos jamás lo había insinuado pero con nuestra última discusión, sus palabras aún seguían frescas y la crítica horrible que hice solo podía temer en silencio ante la posibilidad que lentamente se volvía una realidad.