La ilusión del amor

Capítulo 14

Álvaro

«Greco Rossi era la pesadilla misma.

Nadie lo soportaba en el mundo de los medios, ni a él ni a su séquito que lo seguían a todos lados como un grupo de perros falderos. Siempre vestido con trajes de diseñador, su arrogancia irradiaba en cada gesto, y su voz chillona podía escucharse a metros de distancia, llenando cualquier espacio con una energía desagradable.

Realmente, encontrarme con su cara era suficiente para ponerme de mal humor y más luego de tratar de acusarme públicamente en uno de sus segmentos por una falsa infidelidad. Al final, no había encontrado ninguna prueba que lo evidenciara, quedando en ridículo frente a todos. Eso solo agregaba más mierda al basurero. Desde entonces, se había empeñado en encontrar cualquier mínima cosa que pudiera dañar nuestra imagen, sin creerse el cuento que vendimos sobre nuestro matrimonio.

La fiesta de estreno de la película era todo un éxito. Luces brillaban desde todos los ángulos, los fotógrafos no dejaban de disparar sus cámaras, y el murmullo constante de conversaciones llenaba el aire. Elegantes decoraciones adornaban el lugar, con mesas repletas de exquisitos aperitivos y champán fluyendo como si no hubiera un mañana. Las estrellas de la cinta estaban rodeadas de admiradores y periodistas, en una nube de halagos y preguntas.

Él apenas se había alejado unos pasos de distancia de nosotros. Mantuve a Keila a mi lado, mirando por el hombro, controlando al idiota que no nos quitaba la vista de encima. Sus ojos oscuros y penetrantes, cargados de malicia, seguían cada uno de nuestros movimientos.

—¿Sigue mirando hacia acá? —susurró ella, su rostro sutilmente girando en la dirección opuesta, observando a la multitud que rodeaba con halagos a las estrellas de la cinta.

—Lo hace —respondí también en un susurro y acaricié su espalda baja con posesividad, para nada dispuesto a dejar que alguien desagradable se acercara a ella esta noche.

Asintió sutilmente y bebió de su copa. Estábamos bastante apartados de la multitud, en un pequeño rincón aislado, rodeados por una tenue iluminación que creaba un ambiente íntimo. Aún sentía la tensión en los hombros desnudos de Keila, su piel de porcelana brillando suavemente bajo las luces.

—¿Qué te pareció la película?

—Estuvo bien —contestó indiferente, su voz una mezcla de aburrimiento y desdén.

Suspiré, sabiendo que no lograría sacarle nada más de información esta noche a menos que estuviéramos solos en nuestra habitación. La conocía lo suficiente para saber cuándo se sentía incómoda y cuándo era mejor dejar las cosas por la paz.

—Tan elocuente —murmuré y arrugué la nariz con irritación, deseando poder alejarla de todo esto y ofrecerle un respiro de la asfixiante presencia de Rossi.

El traje negro iba a huevo con el largo vestido del mismo color pero brillante de Keila, con un tajo en la pierna derecha y su cabello corto planchado haciéndolo ver cómo si fuese el filo de una navaja con su rectitud.

Mi mujer era estirada y estricta, mortal si te acercabas lo suficiente y aún así me tenía fascinado. Estúpidamente obsesionado.

Sin tener en cuenta la cantidad de veces que esto termina irritando o molestando mi humor.

Un carraspeó rompió la tensión entre nosotros y nuestras miradas se dirigieron a la vez al idiota.

Greco acomodo su cabello oscuro detrás para que no le molestará sobre sus lentes, luego puso en su lugar uno de los pliegues de su chaqueta para encender de una forma disimulada la grabadora que tenía en la mano. Nos sonrió, una expresión llena de soberbia que me hizo tener que resistir la tentación de rodar los ojos cosa que Keila no contuvo junto a la mueca que sus labios expresaban. Sus ojos grises rodaron y mantuve para mi la carcajada que quería soltar.

—Rossi —se adelantó a decir Keila con un tono levemente suave pero que dejaba ver su desprecio hacia el periodista.

—Señorita Santos, un gusto volver a verla, ¿Cómo se encuentra? —curioseo acercándose aún más.

—Hasta hacía unos minutos podía decir que disfrutaba de la fiesta —sus labios fingieron la mejor de las sonrisas—. Ahora en su lugar, no puedo siquiera decir tal mentira.

—Una lástima —concedió Greco.

—Totalmente.

La atención del periodista pasó por mí, estudiando con esa mirada molesta cada uno de mis gestos. Traté de disimular la tensión de mis hombros pero no fui lo suficientemente rápido porque él lo noto. Varias personas notaron nuestro encuentro y con curiosidad se acercaron disimuladamente, rodeandonos en un círculo y poder escuchar la conversación.

—Los noto tensos, ¿Los incómodo? —dijo como si no supiera lo que su presencia causaba en la mayoría de las personas.

Rossi era peligroso por cómo lograba distorsionar las palabras que le decías en algo morboso y completamente diferente para poder crear una polémica.

Varios artistas o famosos terminaron en grandes conflictos por su culpa, incluso nosotros una vez fuimos víctimas de su atención y no deseaba revivir esa experiencia.




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