Álvaro
—¡Thiago! —exclamó Keila mientras se arrodillaba al lado del cachorro.
El husky no perdió tiempo en lanzarse hacia ella, moviendo la cola como si fuera un remolino. Keila rió mientras trataba de contener los lametazos que el cachorro insistía en darle, me detuve a observar por un segundo, embelesado. ¿Dónde demonios estaba mi celular cuando lo necesitaba?
—¿Lo extrañaste? —pregunté, apoyándome contra el marco de la puerta mientras observaba la escena.
Ella me miró, aún acariciando a Thiago, con una expresión de ternura que pocas veces se dejaba ver.
—Muchísimo —respondió, con una sinceridad que me atravesó.
Me acerqué y me senté junto a ella, dejando que el cachorro viniera a saludarme también.
—¿Crees que él también me extrañó? —bromeé, mientras Thiago se acostaba en mi regazo.
—Por supuesto que sí. Aunque no creo que tanto como a mí —respondió con una sonrisa traviesa, y algo en su tono me hizo reír.
Kris apareció por el lado de la cocina, tenía su maleta consigo y se veía cansado.
—Ahora que ya tienen a su hijo con ustedes —sonríe—, debo irme. Tengo que hacer unos examenes y el papeleo.
Con cuidado Keila se levantó y fue a abrazar a su hermano, hubo un par de murmullos durante ese intercambio. Juntos se alejaron hacia la entrada.
Sentí el hocico de Thiago empujar mi brazo llamando mi atención, con cariño le acaricie detrás de sus orejas y me incliné para poder hablar con él.
—Te dije que todo mejoraría —me levanté del sillón con él siguiéndome—. Veamos qué podemos cenar —susurre para abrir la heladera y encontrarla vacía.
Suspire, cerrando la puerta para evitar que el frío se fugue y tome una taza de la alacena.
Los pasos de Keila se escucharon de regreso. Desde la noche anterior se veía radiante, relajada, como si se hubiera sacado un peso de encima. Sonreí recordando lo sonrojado que se veía su rostro.
«—Te amo —su rostro estaba ardiendo, completamente húmedo, las gotas de agua caían por sus mejillas. Sus labios estaban siendo mordisqueados con una intensidad de la que estaba seguro no era consciente.
—Dilo otra vez —murmure, ansioso por volver a oír esas simples palabras. No podía creer que Kiela las estuviera diciendo, a menos que lo hiciera en la forma en la que lo hizo.
Se había visto tan adorable pero a la defensiva como una pequeña víbora.
—Te amo.
Fui el hombre más feliz del mundo.»
—¿Todo bien con Kris? —pregunte mientras apoyaba la cadera en el mármol.
Keila asintió, aunque su sonrisa se desvaneció ligeramente.
—Sí. Está más ocupado que nunca, pero parece contento. A veces me preocupa que no se dé tiempo para él mismo.
Deje a un lado la taza y sentí como Thiago soltaba un suave bufido, me acerque a ella, colocando mis manos en su cintura.
—Creo que esa preocupación es mutua. Pero estoy seguro de que sabe cuidarse.
Keila apoyó la cabeza en mi pecho por un momento, disfrutando de la cercanía.
—Espero que sí. Mamá lo ha metido en un lío.
—¿Qué lío? —pregunté, levantando una ceja mientras mis dedos trazaban pequeños círculos en su cintura.
—No sé cómo, pero logró que firmara un acta de matrimonio —Keila suspiró, levantando la mirada hacia mí.
—¿Qué? —solté, intentando procesar lo que acababa de decir. Mis manos se detuvieron, y la miré como si acabara de decir que Thiago había aprendido a hablar.
Keila mordió su labio, luchando por contener la risa que amenazaba con escapar.
—Lo que oíste. Mamá convenció a Kris de firmar un acta de matrimonio con alguien que ni siquiera conoce del todo. Dice que es para proteger un acuerdo importante.
—¿Un acuerdo? —repetí, incrédulo—. ¿Y él lo aceptó? ¿Así, sin más?
Keila asintió lentamente, aunque su expresión mostraba que estaba tan desconcertada como yo.
—Al parecer, pensó que era una de sus típicas estrategias de arte. Algo simbólico, ya sabes. Pero cuando leyó las letras pequeñas… bueno, digamos que la situación no fue tan simbólica como él esperaba.
No pude evitar soltar una carcajada.
—Dios, tu mamá siempre sabe cómo salirse con la suya. ¿Y él qué piensa hacer ahora? ¿Divorciarse o seguir con el juego?
Se encogió de hombros, aunque la diversión brillaba en sus ojos.
—Por ahora está evaluando sus opciones, pero no quiere arruinarle los planes a mamá. Y para colmo, parece que la persona con la que se casó ni siquiera vive en la misma ciudad. Es un completo desastre.
—Definitivamente, esto supera cualquier cosa que haya escuchado antes —negué con la cabeza, imaginando el lío en el que Kris debía estar metido.