La importancia de creer

¿Qué somos?

Hola! He tenido el libro pausado un tiempo por problemas personales (he tenido unos añitos muy complicados) y porque estaba trabajando en otra novela, pero intentaré ser consistente a partir de ahora y publicar algo por aquí cada fin de semana. Gracias a quienes leáis esto!:) Y si queréis darme cualquier tipo de feedback, yo encantado!

Oh, cabe la posibilidad de que necesite (por el bien de mi corazoncito) cambiar el nombre de la protagonista femenina a partir del próximo capítulo. Si os apetece sugerir nombres que os gusten para ella en los comentarios, ¡os leeré encantado y me ayudaría muchísimo!

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Esto no se va a quedar así.

En las relaciones de pareja, las decisiones son cosa de dos. Además, sé estar solo, pero no quiero. Quiero estar con ella. Y ahora que ha vuelto, al menos una parte de ella, estaré mejor. Quiero que nos ayudemos el uno al otro, no «ser libre» ni «abrir mi mente».

—Shay, por favor, hazme caso —me dice Judith.

A decir verdad, cuando me ha dicho de darnos un tiempo me he enfadado, pero llevo ya media hora andando y, pese al calor del verano, ya se me ha enfriado la mente. Y empieza a saberme mal no contestarle.

Sin embargo, no voy a hacerlo. Insisto, no quiero que vengan a ponerme una camisa de fuerza, y creo que no tardaría en suceder si alguien me viera discutiendo con la nada en medio de la calle. Judith se debería de haber dado cuenta de ello a estas alturas, pero supongo que es fácil olvidarse de que eres un fantasma cuando has vivido toda la vida como una persona normal.

—Espera, claro, no puedes contestarme aquí en medio, ¿no? —dice, y no puedo evitar sonreír. Ahí está. Un poco tarde, pero mejor tarde que nunca. Me encanta— Ya tuvimos suerte de que no te viera nadie en el parque.

Asiento con la cabeza. Sí, aquello fue arriesgado. Lo mejor es no hablar así en espacios públicos. Por suerte, hoy, desde hace poco menos de una hora, es sábado, día dos de julio, y David debe de haberse ido ya. Hoy se iba de vacaciones con unos amigos, así que Judith y yo podremos hablar en casa. Debería haberme despedido de él de una mejor forma. Supongo que luego le escribiré algo.

Espera, es verdad, puedo usar el móvil. Lo saco de mi bolsillo y me quedo quieto. Noto que Judith se para a mi lado, así que abro el blog de notas y escribo: «Hablamos en casa».

Ella asiente con seriedad. Me siento raro. Estoy acostumbrado a que ella sea la chica que más brilla en la habitación, pero está rara. Siento que estos días, nos hemos cambiado el rol. Supongo que su situación es difícil. No creo que tarde mucho en volver a ser ella misma.

Después de un rato, por fin llegamos al apartamento.

Dejo el móvil, la cartera y las llaves encima de la mesa del salón y me siento en el sofá. Al sentarme cruje bajo mi peso, rompiendo el silencio de un salón a oscuras, iluminado solo por la luz de las farolas que entra por la ventana. Eso me confirma que David se ha ido ya. Si no, estaría todavía despierto, viendo su programa de los viernes noche.

Ha sido un día largo, y estoy cansado. Aun así, parece que tengo una última conversación pendiente. De verdad, después de lo de hoy, no quiero hablar con nadie en un año.

—Bueno, ¿quieres explicarme a qué ha venido eso?

Judith aparta la mirada, pero encuentra confianza en algún lugar dentro de ella y vuelve a mirarme a los ojos.

—No es bueno para ti, Shay. Quedarte estancado, atrapado en mí. Yo...

—Tú no decides eso, Jut —Me sale solo llamarla así. Es el mote que uso cuando le echo la bronca, como una madre cuando llama por el nombre completo a su hijo—. Esta decisión es, como mínimo, cosa de los dos.

—Sabes que nunca tomarías la decisión de darnos un tiempo tú solo, Shay.

—¡Porque no hace falta! —Me levanto del sofá y empiezo a caminar y gesticular. Esto me pone de los nervios—. ¡Esta es la vida que quiero!

Ella pone los ojos en blanco. Me mira y alza las cejas.

—Esto quieres —El tono de su voz es de absoluta incredulidad—. Estar solo, en vez de conocer a otras chicas. E ir al hospital por undécima vez, rechazando salir con tus amigos, todo por... bueno, por mí —Mi mirada se clava en ella, instándole a decir lo que quiera que fuera a decir. Me sostiene la mirada y suspira—. Por una mujer muerta.

—No estás...

—¡Es como si lo estuviera, Shay! —me interrumpe, gritando, su voz teñida por un dolor seco y cortante—. Tú no quieres esta vida. Lo que pasa es que te da miedo tener otra. Te da miedo empezar de cero.

Niego con la cabeza y me muerdo el labio inferior. Odio que intenten adivinar lo que siento, y odio todavía más que precisamente ella, se equivoque. Me duele. Si ni Judith me entiende, entonces, ¿qué me queda?

—Te quiero a ti, joder —le digo, alzando la voz. Consigo bajar el tono antes de seguir—. Quiero una sola mujer, para toda la vida —Veo como empiezan a aparecer lágrimas en sus ojos—. Hasta que la muerte nos separe. Y si a mis amigos les parece mal, problema suyo. Intento pasar tiempo con ellos, pero tengo otras prioridades. Tú —Agacho la mirada durante un segundo casi imperceptible—. Y la escritura. Como siempre.

Judith traga saliva, las lágrimas brotando de sus ojos, aunque no llegan a tocar el suelo.

—No es justo para ti...

—Tú tampoco quieres un tiempo —le recrimino. Estoy seguro de ello.

—Claro que no lo quiero... —susurra, casi inaudible.

—¿Por qué insistes, entonces?

—¡Porque me muero de miedo, Shay! De ser una carga para ti, de que acabes solo y aislado del resto del mundo, como veíamos que le pasaba a tantos adultos... De no ser suficiente.

Me dejo caer en el sofá y le hago un gesto para que venga. Accede y se sienta a mi lado.

—Que estés aquí ya es suficiente.

Una sonrisa triste asoma a sus labios.

—Pero no sé cuánto tiempo estaré aquí, cielo —lo dice con resignación, como si estuviera obligada a aceptarlo. Supongo que lo está, que ambos lo estamos. Aunque si ese es el caso, aún estoy más convencido.



#17236 en Novela romántica

En el texto hay: drama, amor, viejos amigos

Editado: 16.05.2026

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