La infinidad de un secreto

Capítulo X: El rescate fracturado

WES

El plan era perfecto. O eso creíamos.

La habitación de Rosemary estaba en el segundo piso, cerca del jardín. Recordaba que afuera de la ventana había arbustos que amortiguarían la caída. Bajé escurridizo por los pasillos, el corazón martillándome en el pecho. La voz de Dominic crujió en el auricular.

—Cinco minutos antes de que las cámaras se reinicien. Muévete.

Llegué a la puerta. La empujé. Ella estaba acostada, inmóvil, como si nada importante pasara esa noche. Justo cuando iba a despertarla, ella abrió los ojos. Demasiado rápido. Demasiado calmada.

—Rosie —susurré, acercándome—. Es hora. Vamos. Serás libre.

Sus ojos turquesa me escanearon en la penumbra. No había brillo. Solo niebla densa.

—Sí... libre.

Escapé una risa nerviosa, esperando algo, cualquier cosa: un abrazo, una lágrima. Nada. Tomé su mano. Abrí la ventana. Saltamos. Los arbustos amortiguaron el golpe. Corrimos al coche. Carter al volante, Dominic atrás con la tablet.

Nos montamos. Yo con la respiración acelerada. Ella... igual.

—Vamos —gruñí.

Carter pisó el acelerador. El coche salió disparado por el camino privado, cipreses pasando como sombras borrosas. Por un segundo, sentí alivio. Lo hicimos. La sacamos.

Entonces, las luces. Faros cegadores desde atrás, cortando la oscuridad como cuchillos. Dos coches negros, acelerando, cerrando distancia.

—Mierda —masculló Carter, mirando por el retrovisor—. ¿Cómo nos encontraron tan rápido?

Dominic tecleó furioso. "Imposible. Las cámaras en loop. GPS desactivado. A menos que..."

Rosemary, sentada entre nosotros, no se inmutó. Sus ojos fijos en la carretera, calculando.

—Wade —dijo, voz plana—. Sabe.

El primer coche nos embistió por el lado. Carter giró el volante, neumáticos chirriando. El segundo nos bloqueó el frente. Dominic vio un callejón a la derecha, tomó el volante un segundo y giró con precisión quirúrgica. Pasamos raspando paredes, el coche temblando. Por un instante, creí que escapábamos.

Pero los coches nos seguían. No nos perdían. Nos llevaban. Como si el camino estuviera diseñado para terminar donde ellos querían.

Llegamos al muelle. Los coches nos rodearon, luces enfocándonos como focos de interrogatorio. Puertas se abrieron. Wade salió del delantero, traje impecable, ojos grises brillando como acero bajo los faros. Guardaespaldas a sus lados, pero él no los necesitaba. Su presencia era suficiente.

—Hijos míos —dijo, voz calmada—. Qué decepción.

DOMINIC

El cálculo falló. 92% a favor. Todo perfecto. Pero Wade siempre tiene un as.

Carter bajó primero, manos levantadas. "Padre, espera..."

Wade no lo miró. Sus ojos fijos en Rosemary, que bajaba del coche con lentitud deliberada.

—Rosemary —dijo, extendiendo la mano—. Ven.

Ella caminó hacia él. Yo grité "¡No!", pero ella no se detuvo. Se paró junto a Wade, mano en la de él. No era sumisión. Era alianza.

—Traición —murmuré. Carter. Tenía que ser Carter.

Wes salió, furia en los ojos. "¡Suéltala, hijo de puta!"

Wade sonrió. "Wesley. Tu vocabulario es decepcionante. Como tu plan."

Rosemary miró a Wes. Ojos turquesa vacíos. "Wes. El plan tenía un 78% de fracaso. Lo calculé antes. Papá me lo dijo."

El mundo se detuvo. Wes retrocedió como golpeado. "Rosie... ¿qué?"

—Ella es mía —dijo Wade, brazo alrededor de su cintura—. Siempre lo fue.

CARTER

El viento aullaba, trayendo olor a sal y fracaso. Wes me miró con odio. "Tú. Tú lo vendiste."

No pude negar. Wade me atrapó en el club. Amenazas de escándalo, ruina. "Era él o nosotros", murmuré.

Wes se lanzó hacia mí. Dominic lo detuvo. "No. Ahora no."

Wade rio bajo. "Hijos. Patético. Rosemary, muéstrales."

Ella sacó una jeringa. "Variable Wes: emocional. Riesgo alto. Variable Dominic: lógico. Predice fracaso. Variable Carter: traidor. Útil para diversión."

Guardaespaldas se acercaron. Wes luchó. Era tarde. Wade nos miró.

—Vayan a casa —dijo—. Esta noche termina aquí. El juego apenas comienza.

Rosemary se volvió hacia Wade. "Sí, padre. Comienza."

El viento aulló. El acantilado llamaba. Habíamos perdido más que a Rosemary. Habíamos perdido a la familia.

---

PASÓ OTRA SEMANA

WES

Siete días de silencio asfixiante. No dormía. Dominic hackeaba sin éxito. Carter evitaba mirarnos. Y Rosemary... volvió a casa como si nada. Sonrisas pequeñas. Respuestas suaves. Pero sus ojos seguían vacíos.

Sabíamos que el tratamiento venía. Mañana la llevarían al Pabellón Norte para la fase final. Una semana entera. Tal vez más.

No podía rendirme. No hasta el final.

Pero necesitaba a alguien dentro. Alguien que no levantara sospechas. Alguien en quien pudiera confiar.

Había una sola persona.

Llamé a Steve.

Quedamos en el invernadero desierto, el mismo lugar donde nos habíamos abrazado hacía días. Él llegó primero, nervioso, jugando con sus dedos. Cuando entré, sus ojos se iluminaron.

—Wes —dijo, con esa voz suave que siempre me calmaba—. ¿Qué pasó? Te ves...

—Destrozado. Lo sé.

Me acerqué. El aire olía a tierra seca y a algo más, algo cálido que no supe identificar.

—Steve, necesito pedirte algo. Algo grande. Algo peligroso.

Él no dudó. "Lo que sea."

—Mañana llevan a Rosemary al Pabellón Norte. Para el tratamiento final. Necesito a alguien dentro. Alguien que pueda verla, observarla, y si hay una oportunidad... —tragué saliva—. Alguien que me avise.

Steve me miró. En sus ojos marrones no vi miedo. Vi determinación. Y algo más, algo suave que no supe nombrar.

—Conozco a alguien que trabaja allá —dijo—. Una de las enfermeras. Podría... pedirle que me recomiende para un reemplazo. Dicen que siempre necesitan personal temporal.

—¿Lo harías?

Se acercó un paso. Su mano rozó la mía. Un toque breve, cálido. Demasiado cálido para la frialdad de estos días.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.