La infinidad de un secreto

Capítulo Xlll: Error de ejecución

Advertencia: contenido explícito de abuso químico/sexual, manipulación psicológica, temas de psicopatía y trauma familiar":

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Dos días intentando recrear el protocolo una y otra vez.

Objetivo: Deshacer la emoción subconsciente. Eliminar. Eliminar.

Pero siempre daba error. Un error del sistema, como si algo dentro de mí se negara a marcharse. Como si una Rosemary que ya no existe aún aferrara los hilos, empeñada en sentir empatía por los demás. Pero yo ya no la quiero. No tiene sentido vivir esto si voy a sentir la fragilidad en lo poco que hago. Que las manos me tiemblen. Que los mareos de los medicamentos nublen mi claridad. No da ningún beneficio.

Los ojos volaron cuando vi llegar al doctor. El tratamiento de la mañana.

—Buenos días —dijo, con esa voz plana que ya conocía.

El pecho se me oprimió. Solo un poco. Solo lo suficiente para notarlo.

¿De qué temo?

La pregunta llegó sola, y algo tembló. El doctor, que siempre me observaba en silencio con mirada científica, lo notó.

—Primera vez que veo que haces algo —dijo, sin emoción.

Fruncí el ceño en desacuerdo. Extendí el brazo para la inyección.

—Wade vendrá justo después —añadió—. Dijo que fueras a su habitación y te prepararas.

La aguja entró. El frío habitual. Pero mi mente ya no estaba ahí.

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Cuando el doctor se fue, me quedé mirando el techo blanco. La orden de Wade resonaba como un eco metálico. "Prepárate". Como si yo fuera un mueble que hay que lustrar antes de una visita. Como si mi cuerpo fuera suyo para disponer.

Y entonces, en lugar del asco habitual, sentí algo diferente: curiosidad.

El Protocolo N°1 había fallado. No pude eliminar la variable Wes/Steve. Pero quizás ese no era el camino. Quizás el error no era lo que sentía, sino cómo lo procesaba.

Necesitaba un nuevo enfoque.

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PROTOCOLO N°2: EXPOSICIÓN CONTROLADA

Objetivo: No eliminar la respuesta. Estudiarla. Medirla. Usarla.

Si mi cuerpo reacciona ante Wade con esa mezcla de asco y placer químico, necesito entender por qué. Necesito descomponer la reacción en sus partes más básicas, como un biólogo diseccionando un espécimen.

¿Qué parte es química? ¿Qué parte es miedo? ¿Qué parte es... otra cosa?

La noche caía cuando empecé. Me paré frente al espejo del baño. Respiré hondo. Visualicé a Wade: su voz, su olor, la forma en que sus dedos encontraban siempre el mismo lugar en mi nuca.

Medición N°1: Solo el pensamiento. Frecuencia cardíaca: +12 latidos. Temperatura: +0.3°C. Molestia estomacal: leve.

Interesante. El cuerpo responde incluso sin estímulo real.

Abrí la libreta y anoté:

PROTOCOLO N°2: EXPOSICIÓN CONTROLADA
· Objetivo: Descomponer la respuesta fisiológica ante Wade.
· Método: Exposición gradual en entorno controlado.
· Fase 1: Visualización.
· Resultado: Respuesta detectable pero manejable.
· Próxima fase: Exposición real con monitoreo consciente.

Cerré la libreta. En el espejo, mi reflejo me devolvió la mirada. Los mismos ojos turquesa de siempre. El mismo cabello platino. Pero algo había cambiado en la forma en que me miraban.

Ya no era la máquina intentando eliminar errores.

Era la máquina aprendiendo a usarlos.

Mañana, cuando Wade me llamara, no iría como víctima. Iría como investigadora de mi propio fracaso.

Y si el cuerpo traicionaba... al menos sabría por qué.

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Decidí usar las sesiones con Wade como laboratorio. No para evitarlas, sino para estudiarlas. Para medir mis propias reacciones, catalogarlas, intentar controlarlas.

Pero Wade no es un sujeto de prueba pasivo. Él sabe que estoy cambiando. Y esa resistencia, ese "error" que no puedo eliminar, lo excita más.

La puerta se abrió a las diez en punto. Siempre a las diez. Wade era un reloj suizo: preciso, implacable, sin margen de error.

Entró sin llamar, su silueta llenando el marco como una sombra que se materializa. Traje gris carbón, camisa blanca con los dos primeros botones abiertos, cuello expuesto, olor a puro cubano y a feromonas alfa que se filtraban como humo espeso, invadiendo cada rincón de la habitación blanca. Su presencia no pedía permiso; la reclamaba.

Medí desde la cama: distancia inicial: 3.8 metros. Nivel de feromonas detectado: 6.8 (ascendiendo). Mi pulso basal: 68 lpm. Temperatura corporal: 36.7°C. Estable. Por ahora.

Se detuvo al pie de la cama. Sus ojos grises recorrieron mi cuerpo con lentitud deliberada: la bata de seda rosa pálido abierta en diagonal, el corpiño con alas de mariposa bordadas que apenas contenía el pecho, el negligé translúcido cayendo en pliegues que dejaban ver la curva de las caderas, la piel pálida expuesta como ofrenda calculada. No me había vestido así por deseo. Era estrategia. Exposición controlada para medir su respuesta y la mía.

—Rosemary —dijo, voz baja, ronca, como si mi nombre fuera una orden disfrazada de caricia—. Mi niña.

Avanzó. Distancia: 2.1 metros. Feromonas: 7.4. Mi pulso: 74 lpm. Ascenso del 8.8%. Causa: condicionamiento químico previo + proximidad física.

Se detuvo frente a mí. Su mano derecha se levantó, dedos largos y fuertes rozando mi mejilla con el dorso, trazando la línea de la mandíbula hasta la barbilla. Contacto: suave, temperatura +1.4°C. Respuesta: ligera contracción muscular en el cuello. Asco: 42%. Placer químico inducido: 18%. Proporción inicial: 70/30. Tolerable.

—Estás diferente esta noche —susurró, su aliento cálido rozando mi oreja—. Más... dispuesta.

No respondí. Solo observé. Su otra mano se posó en mi cintura, sobre la seda de la bata. Presión: media, dedos extendidos para abarcar la curva. Respuesta: calor irradiando hacia el abdomen bajo. Asco: 48%. Placer: 32%. Los números empezaban a fluctuar. Nota mental: monitorizar desviación.

Me inclinó hacia atrás con un movimiento fluido, controlado. La cama cedió bajo mi peso. Sábanas blancas como lienzo virgen. Él encima, peso distribuido: 85 kg, centrado en las caderas para inmovilizar sin aplastar. Sus labios rozaron mi cuello, beso lento, exploratorio. Duración: 6 segundos. Respuesta: taquicardia 88 lpm. Asco: 52%. Placer: 38%. Vínculo químico confirmado. Las feromonas actuaban como catalizador, amplificando la respuesta física contra mi voluntad.




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