La infinidad de un secreto

Capitulo XVlll/l: El día llegó

El día llegó. Las campanas sonarían, los dedos del pianista se moverían como plumas sobre las teclas mientras yo alcanzaría el altar con el esplendoroso vestido blanco acariciando mi piel con la amargura de una falsedad ácida y chispeante, ocultada en capas de tela.

A primera hora de la mañana, casi todo era un alboroto. El lugar de nuestro casamiento era una iglesia no muy lejos de aquí, seguramente decorada con lo mejor. Mientras en nuestro hogar era un revuelo: Gracie se encargaba de los adornos florales y los lugares para exhibir más Rockwell; Dominic, de la forma en que se debería llevar a cabo el evento a la vez que observaba los detalles sin perder ningún desvío; Carter decidió no venir hasta la ceremonia; y Wes... justo a mi lado.

—Mira nada más, la novia con cara larga.

Chistó, moviendo las cejas de forma divertida, acompañado de aquella sonrisa que, de alguna manera, ablandaba este corazón gélido de ataduras.

—No tengo cara larga, es mi rostro nuevo —rodé los ojos, moviéndome para ir al vestíbulo—. Y si quieres venir, no tengo problema.

Supe que su risa flaqueó con solo notar el bajo de mi voz, pero sin dudar me siguió. Cosas que aún persisten desde que éramos niños. Siempre tan preocupado, a pesar de haber nacido después de mí. Normalmente es al revés.

Wade se movía entre los pasillos. Muy raramente no osaba ni mirarme o aunque sea darme un vistazo. Parecía que esta boda no le hacía nada de gracia. Al final, es solo un acuerdo entre familias por negocios.

Fuimos al vestíbulo. No quisiera contar la avalancha de sirvientas que fueron en mi dirección: "Oh, necesitas un bonito peinado", comentó una; la otra, "Vas a necesitar los mejores pendientes".

—Solo quiero sencillez. Esta boda no significa más que negocios —aclaré, escapando un suspiro frustrado.

—Opino lo mismo. La sencillez es tu toque más femenino, hermanita.

Nuevamente se rio de su propio chiste, y yo sonreí un poco o quizás apenas se notó. Al poco rato, Gracie llegó, viendo cómo ya mi pelo era manipulado, y otras criadas estaban un poco indecisas entre todos los hermosos vestidos que había traído el sastre.

—Este es el indicado.

Señaló uno que debía admitir que era hermoso. Estaba hecho claramente —alguien quizás había pasado por aquí— para mí. Solo escapó un suspiro pesado mientras me debía arreglar. Sentí la mirada de Gracie unos cuantos segundos hasta que se dio la vuelta y se marchó. Primero hay un 20% de que esté sospechando, pero los humanos son tan frágiles con respecto al miedo. Es un gran motor para grandes cosas, aun así, es patético.

---

DANTE

Qué nervios. Demasiados. Eran como pequeñas partículas que revoloteaban parecidas a mariposas en un nuevo campo. No tengo idea de cuántas veces me he alisado el traje, demasiado enfocado en verme excepcional ante mi futura esposa.

El día que veía lejano ha llegado finalmente. Tan solo imaginar verla con el vestido de novia que le mandé es una bendición. Espero que le guste. La casa estaba tranquila, al menos. La celebración sería en casa de los Rockwell al final, pero las comidas también aquí serían enviadas para dar variedad por parte de padre.

—Sí, claramente me caso contigo —murmuré para mí en un pequeño chillido, el momento llegando a mi mente una y otra vez.

Una de las sirvientas, por última vez, me dio una alisada al cabello, y luego se alejó haciendo una reverencia:
—Su padre lo espera afuera. Es tiempo de que se vayan.

El aliento se me atrapó en los pulmones. Era hora y yo no podía estar más que contento. Me despedí cordialmente, y bajé las escaleras con apuro hasta llegar fuera y otra vez alisándome el traje.

Oh, cómo quisiera quitar esta sonrisa cuando padre me mira con desdén.

¿Pero acaso importa ahora? ¡Me voy a casar!

---

ROSEMARY

Salí al exterior junto a mis hermanos acompañándome. Qué raro, normalmente solo son dos o uno —Wes—. Supongo que es una ocasión especial.

—Te deseo lo mejor —comentó Dominic con aquel tono neutro—. Pero nunca pierdas tus intereses personales ante nada.

—Wow, primera vez que el mayor da consejos, ¿no? —Carter dejó escapar una risa chistosa.

Dominic no respondió, aunque gracias a mi observación noté que sus ojos quizás se relajaron.

—Vamos, vamos. Que esto es un momento único —Wes tomó mi mano y me llevó al primer auto.

Los demás fueron respectivamente a los suyos. Por un momento abrí la boca para preguntar por él, aunque no es lo mejor.

El camino fue de risas y charlas sin sentido.

—Estoy emocionado por ver el vestido que has elegido —dijo Wes, con los ojos brillando.

—Es precioso, ya verás. Mamá tiene un gusto excelente.

—¿No lo elegiste tú?

Negué con la cabeza, haciendo un puchero fingido perfecto de frustración.

—Ni me dejaron.

Él bufó, y jaló gentilmente de mi mejilla.

—Tonta.

---

DANTE

La familia Rockwell fue la primera en llegar a la iglesia. Se alzaba una hermosa catedral bañada en plata con estatuas de piedra. Tenía flores, olores agradables y arriba las campanas se alzaban sin hacer sonido, esperando el momento oportuno.

Saludé a cada uno de los Rockwell con formalidad. A Dominic, con su frialdad característica; a Carter, que me guiñó un ojo cómplice; a Wes, que me abrazó con una fuerza inesperada.

—Cuídala —susurró cerca de mi oído, y algo en su tono me heló por un segundo.

—Siempre —respondí, aunque no entendía del todo su gravedad.

Los invitados fueron llegando: empresarios, negociantes, todo lo que tiene que ver con dinero formal de por medio. Saludé a cada uno de ellos con cortesía. Mi alegría era contagiosa, y algunas hijas se habían fijado en el apuesto moreno; yo cordialmente las rechazaba con una sonrisa amable. Era mi boda, mi momento con la chica soñada que superaba cualquier otra.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.