La noche anterior fue calurosa. Guerra de almohadas, cartas, una película que no terminamos.
Ahora en la mañana, acabados de desayunar con ambas bandejas unidas olvidadas en la cama mientras allí nos sentamos mirándonos uno a otro.
—Ya que no sabes español, te vendría bien aprender un poquito —dijo Dante, sonriendo.
—¿Español? —repetí, incrédula.
—Español —corrige sin alzar la voz—. No es tan complicado como parece un ejemplo.. di hola
Analicé la palabra, el sutil movimiento de los labios de Dante al pronunciarla con cuidado. Cuando ya estaba lista, repetí.
—Hola.
—Es un buen comienzo, lo dijiste casi perfecto aún faltan más.
—¿Qué? ¿No era la más difícil?
Infló las mejillas, conteniendo el aire. Tomó mi rostro entre sus manos y lo estiró con suavidad.
—Equivocada, amor mío. A ver si así lo entiendes…
Sin previo aviso, el cambio de sus manos a la cintura fue rápido luego me tumbó a la cama hasta en otro movimiento quedé boca arriba, mi cabello cayendo en una cortina que dejaban entrever los rayos.
—¿Entonces que tiene que ver esto?
No llegaba a entender esta vuelta extraña de las cosas sin objetivo en mente, ni que fuera la montaña rusa.
—Nada, solo quería hacerlo.
El ceño se frunció solo, escape un bufido, y le di la frente con la mía no tan fuerte, pero si hasta que gimiera de dolor
— Ya. —expresé en molestia falsa, a la vez que ya me movía para salir de la cama—. Voy a cambiarme, cuando hables en serio me avisas.
Tomé la toalla colgada de una silla y fui al baño, encontrando nuevamente paz... o pensamientos intensivos.
Dejé mi cuerpo al descubierto, me metí a la bañera de agua fría, cada músculo se estremeció y yo forzándome a no sentir este calor. El maquillaje se fue desvaneciendo, solo dejando a una Rosemary vulnerable en la bañera.
Mis dedos tomaron el gel cercano que con firmeza restregaba su cuerpo, los moretones estaban yéndose poco a poco, pero seguían allí, una marca imborrable. El sistema nervioso actuó, los ojos cristalizándose, la respiración yendo mas rápida, el cuerpo deslizándose de la bañera hasta sumergirse por completo.
Emoción: t-tristeza
Acción:....
**Error, error, error, error, error**
La voz se oyó lejana,
grito ahogado para mis oídos:
—¡Rosemary!
Me agarré de los bordes de la bañera, saliendo a buscar oxígeno como si mi único ciclo fuera este, el miedo: la víctima, la presa, la... omega.
Mis pulmones respiraron profundamente, entre jadeos, al otro lado se escuchaba Dante, su voz preocupaba, mi oídos distorsionando las palabras, el interior en una danza entre dos identidades, queriendo devorar una a la otra.
Cerré los ojos, y conté.
1, 2..
_Acaba con esto, termina con tu vida. Buscar una venganza no traerá nada_
4, 5, 6..
_Nunca serás alfa, desde que has nacido hasta al final. Serás mi omega, mi princesa_
7, 8, 9..
_Tú no eres humana_
10.
Los abrí, todo volvió a la normalidad, salí con la paciencia del mundo, el agua cayendo en cascada. Me puse una bata de seda negra, los mechones húmedos adhiriendose en el rostro. Cambie la postura, y empieza el show de nuevo.
Abrí la puerta, y mostré una sonrisa tranquila al moreno, sus ojos horrorizados de preocupación.
—Solo tuve unos pequeños problemas con la bañera, perdón por la tardanza.
Él sin pensarlo me abrazo, acercando al calor que hacía derretir la basta tensión de mis hombros.
—Tuve un presentimiento, por favor.. —susurro, separándose lo suficiente para verme—. No importa, en unos minutos saldremos. Así que prepárate, porque va ser nuestro último día aquí, juntos.
Asentí con la cabeza, y le acaricié la mejilla en sentido de relajarlo.
—Seguro.
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DANTE
Le tenía una gran sorpresa para ella, cuando se bañaba hable con el servicio de habitación, de que justamente, hay un evento en la calle, "El día de las Canarias" No lo conocía del todo, pero llamaba la atención, y como el día anterior compramos los trajes, este era el momento.
La vi salir del baño con una mezcla de timidez y desafío que me robó el aire.
—¿Me queda bien? —preguntó, y su voz tenía ese tono incrédulo que ya conocía, como si no pudiera creer que algo tan sencillo pudiera verse bien en ella.
Pero yo sí podía creerlo, y lo que veía era preciosidad.
El traje de maga le quedaba como si hubiera sido hecho para ella. La blusa blanca de cordones cruzados se ajustaba a su torso dejando ver la delicadeza de sus hombros. El chaleco —que normalmente es ajustado, pero ella había pedido uno más suelto— le daba un aire desenfadado que no le había visto antes. Y la falda de rayas de colores vivos caía hasta sus pies con un vuelo que parecía bailar solo.
Pero lo que más me gustaba era el sombrero. Un pequeño cordón se sujetaba alrededor de su rostro hasta la barbilla, donde se anudaba con un lazo que le enmarcaba la cara como si fuera un cuadro. Con ese sombrero, con esa falda, con esa blusa blanca y el delantal bordado que apenas rozaba sus caderas, parecía sacada de una postal antigua. O de un sueño.
Sonreí sin poder evitarlo.
—Te queda perfecto —dije, y mi voz sonó más ronca de lo que pretendía.
Ella me miró con desconfianza, pero no pude evitar acercarme.
—Déjame arreglarte esto —murmuré, alcanzando el cordón del sombrero que se había deslizado un poco. Mis dedos rozaron su barbilla al anudarlo, y sentí cómo se tensaba bajo mi tacto.
No se apartó.
—Ya está —dije, sin moverme. Me quedé mirándola a los ojos, que brillaban con ese azul turquesa que siempre me perdía.
—Eres una maga de verdad —susurré.
Ella me devolvió la mirada, y por un segundo, el mundo se redujo a su respiración y a la mía.
—Tonto —dijo al final, pero su voz había perdido toda la fuerza.
Reí bajito.
—Ni loco voy a negarlo.
Yo me cambié con rapidez para no perder más tiempo. Era nuestro último día aquí, nuestra última oportunidad donde quizás la viera así...