La inmadurez que me exterminó

La represión constante

Mí mejor amiga, que me considerada, una hermana. Estaba saliendo con un chico, que conocía desde otro establecimiento educativo. Desde mucho tiempo.

Recuerdo, que ella, durante el día, lo mencionaba, especialmente, demostraba afecto y encanto por su pareja. Era demasiada sentimental.

Muchas veces, paseaban juntos, ella alegremente, expresaba y compartía, los regalos que él, le brindaba.

También, se reunían con su grupo de amigos, durante los recreos.

Yo, desde mí punto de vista, estaba agradecida, porque mí amiga era feliz.

Me encantaba, que su pareja, la consentia mucho.

Los días, fueron pasando, la rutina era un éxito, hasta que surgieron los desentendidos, las peleas, y el sufrimiento.

Viendo, sus lágrimas, consolé a mí amiga.

Y con todo mí fastidio, fui al encuentro de su pareja.

Exigiendo explicaciones.

Con toda mí fuerza, mostré mí enfado, hacia los comportamientos de esa persona. Preguntando por qué razón, hería a mí amiga.

También expresándole que está totalmente equivocado, quién se cree para lastimar a mí mejor amiga. Otros ejemplos de que una persona no debe ser mala, entre otras interrogatorias persistentes.

Tuve el trabajo más complicado, de unirlos, después de un proceso de reconciliación. Porque ejercía el rol, de terapia y equilibrio de la pareja.




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