La Inocencia de Amalia

Capítulo 22

— La verdad sobre la isla

Amalia estaba preparando la cena de Abigail cuando Clara entró a la cocina con el teléfono apretado en la mano y el rostro tenso.
El corazón de Amalia se encogió al instante.

—¿Es André? —preguntó suave.

—Sí —Clara suspiró—. Todo está listo para el trasplante. La operación será mañana por la mañana. Tenemos que irnos en una hora.

Amalia sintió un temblor en las manos.
Solo pensar en la niña la llenaba de un miedo punzante, pero también de esperanza.

—¿Vamos… al hospital de la ciudad? —preguntó mientras guardaba los utensilios sin pensar.

Clara la miró con una expresión extraña, como si algo acabara de asestarle un golpe mental.

—Amalia… ¿qué sabes del país?

—¿Del país? —parpadeó, confundida—. No mucho. No recuerdo nada desde que… desde que llegó la policía ese día. Solo sé que vine aquí con Maximiliano y luego… —se frotó los brazos— luego todo se volvió difuso.

El silencio cayó entre ambas como una nube espesa.

—Amalia —dijo Clara finalmente—, ¿tú sabes dónde estamos?

—En… ¿una ciudad pequeña? Cerca del mar, supongo. Siempre hay brisa.

Clara abrió los ojos con un sobresalto.

—No lo sabes —murmuró—. Dios mío, Amalia… tú no sabes dónde has vivido estos años.

—Mira —respiró hondo, tomándola por los hombros—. Este país es un archipiélago. Muchas islas, algunas gigantes, otras pequeñas. Nosotros vivimos en Valnoir, una isla grande pero aislada. La elegimos por el clima templado, porque ayuda a Abigail a respirar mejor.
La capital… está en la isla principal. Miles de kilómetros al norte. Allí están los hospitales grandes, los tribunales, los aeropuertos, el gobierno. Todo entra por ahí.

Amalia sintió que el piso bajo sus pies dejaba de existir.

—Entonces… —la voz le salió quebrada— ¿yo llegué por la isla principal?

—Muy probablemente —asintió Clara—. Es donde aterrizan los vuelos internacionales. Es donde te juzgaron. Donde estuviste presa.
Amalia cerró los ojos con fuerza, como si el golpe la hubiera tomado desprevenida. Le faltó el aire.
La isla principal.
La capital.
Ese lugar desconocido donde su vida se quebró para siempre.

—No sabía… —susurró, con la garganta apretada—. No sabía ni que vivía en una isla.

—Maximiliano te llevo a una de las islas pequeñas, ahí eran donde vivian —explicó Clara con voz suave—. No sé con qué intención. Tal vez para estra lejos de todo. Pero nunca te dijo nada.
Y tú… estabas demasiado rota para preguntar.

Amalia bajó la mirada y apretó las manos.
Tenía sentido.
Dolía, pero tenía sentido.

—Tenemos que volar a la isla principal esta noche —continuó Clara, recuperando fuerza en la voz—. Para estar con Abigail. André nos necesita. Ella te necesita.

Amalia asintió despacio, aunque una parte de ella temblaba.

Mientras preparaban las maletas, Abigail dormía profundamente, ajena a la tormenta que se avecinaba.

Y Amalia, mirando por la ventana, sintió que algo se agitaba dentro de ella…

Un viejo miedo.
Una vieja herida.
Y la posibilidad —apenas un susurro— de que el pasado estuviera a punto de alcanzarla.




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