La Inocente Novia Del Jeque

Capítulo 2: El jardinero más antipático del reino

La habitación que le asignaron a Nour tenía más metros cuadrados que todo su edificio de Marsa, incluyendo el callejón, la azotea y la parte del vecino que nunca había querido admitir que invadía.

Había una cama con dosel, cubierta de cojines bordados en hilo de oro. Había un balcón con vistas a los jardines. Había una bañera de mármol tan grande que Nour dudó si era una bañera o una piscina pequeña con ambiciones. Y había, en una mesita junto a la ventana, una bandeja de plata con frutas, dulces y una jarra de agua con rodajas de limón.

Nour se quedó mirando la bandeja con las manos en la cintura.

—No —dijo muy seria—. No voy a comer nada. Yusuf dijo que no aceptara comida de nadie que él no me hubiera presentado, y a esta bandeja nadie me la ha presentado.

La bandeja, naturalmente, no dijo nada. Pero un dátil particularmente brillante pareció guiñarle un ojo.

—Estás intentando seducirme —le dijo Nour al dátil—. Pues no vas a poder. Soy una mujer con principios y con mucho miedo.

Se sentó en el borde de la cama, que era tan blanda que se hundió medio metro y estuvo a punto de desaparecer entre los cojines. Salió forcejeando, despeinada y con un cojín pegado a la cabeza, justo cuando llamaron a la puerta.

Entró una joven sirvienta de unos dieciocho años, con los ojos muy abiertos y una reverencia tan profunda que casi besó el suelo.

—Mi señora, me llamo Samar. Seré su doncella personal. Estoy a su disposición para lo que necesite.

—Hola, Samar. Yo soy Nour. No hace falta que hagas eso de agacharte tanto, me da lumbago por solidaridad.

Samar levantó la vista, desconcertada.

—Pero... usted es la prometida del jeque.

—Eso me han dicho. Pero todavía no he firmado nada, ni he aceptado nada, ni he entendido nada. Así que técnicamente soy una turista con muy mala suerte.

La doncella se mordió los labios para no sonreír. Era la primera persona del palacio que le parecía normal, y Nour decidió allí mismo que se haría su amiga.

—Samar, ¿puedo preguntarte algo? ¿Hay alguien con los ojos verdes en este palacio?

La sonrisa de la muchacha se congeló.

—¿Por qué lo pregunta, mi señora?

—Por nada. Curiosidad. Soy bibliotecaria. Nos pica la curiosidad como a otros les pican los mosquitos.

Samar se acercó y, mirando hacia la puerta, bajó la voz.

—Hay varios, mi señora. La princesa Dalia, prima del jeque. El consejero Rashid, que preside el Consejo Real. Y el médico de la corte, el doctor Idris. Pero yo, si fuera usted, no hablaría de eso en voz alta. Las paredes de este palacio tienen oídos. Y algunas tienen también lengua.

Nour tragó saliva.

—Qué reconfortante.

—Intento ser sincera, mi señora.

—Se agradece. Un poco menos, pero se agradece.

---

La cena fue servida en la habitación, y Yusuf en persona probó cada plato frente a ella antes de permitirle comer. Nour se sintió como la protagonista de una novela de venenos, pero con mejor menú. Había cordero con ciruelas, arroz con azafrán, pan caliente y una crema de almendras que le hizo cerrar los ojos de felicidad.

—Dios mío —murmuró con la boca llena—. Si aquí envenenan así, me apunto.

—Señorita —dijo Yusuf con severidad suave—, le ruego que no bromee con eso.

—Perdón. Es que cuando me pongo nerviosa digo tonterías. Y ahora mismo estoy tan nerviosa que podría escribir un libro de tonterías.

El anciano se sentó frente a ella y juntó las manos sobre las rodillas.

—Le debo una explicación parcial. No puedo decirle todo esta noche, pero sí lo suficiente para que no se sienta perdida.

Nour dejó la cuchara y escuchó con atención.

—Hace veintidós años, su madre firmó un acuerdo con el rey Faisal, abuelo del jeque Amir. Ese acuerdo estableció que, cuando usted cumpliera los veintidós, se convertiría en esposa del heredero. Fue una cláusula de seguridad. Un seguro.

—¿Un seguro contra qué?

Yusuf desvió la mirada.

—Eso es lo que no puedo contarle todavía.

—Pero... mi madre se fue de aquí. Huyó. ¿Por qué firmaría algo así?

—Porque era la única forma de garantizar que usted regresara algún día con protección legal. Si no se casaba con el heredero, jamás habría podido entrar a este palacio sin que alguien intentara... —se detuvo—. Deshacerse de usted.

Nour sintió un escalofrío.

—¿Alguien quiere deshacerse de mí? ¡Pero si acabo de llegar! ¡Todavía no he molestado a nadie! Y yo normalmente necesito al menos una semana para molestar a la gente.

Yusuf logró, por fin, soltar una pequeña carcajada.

—Es usted igual que ella. Su madre también usaba el humor cuando tenía miedo.

Esa frase le atravesó el pecho. Nour bajó la mirada y sonrió con tristeza.

—¿La conocía bien?

—La conocí desde que era una niña. Samira era una de las damas más brillantes que ha tenido este reino. Y una de las más valientes.

—¿Era... una dama?

Yusuf asintió, pero no agregó más. Se levantó y se despidió con una reverencia.

—Descanse, señorita. Mañana, al amanecer, vendrán a buscarla. Y recuerde: pase lo que pase, no demuestre debilidad delante del jeque. Es un hombre muy difícil.

—¿Difícil cómo? ¿Difícil como mi jefa cuando le falta el café, o difícil como un volcán?

—Más bien como un volcán que además tuviera mal carácter.

—Estupendo —dijo Nour—. Me encantan los volcanes.

Cuando Yusuf se marchó, ella se quedó sola con el silencio, la bandeja y su propia imaginación, que trabajaba a toda máquina.

---

A medianoche seguía despierta.

Había dado veintitrés vueltas en la cama, contado las estrellas del dosel, intentado leer un libro que encontró en la mesita y que resultó ser un tratado sobre la cría de camellos, y finalmente aceptado que no iba a dormir.

—Necesito aire —se dijo.

Se puso un chal sobre los hombros, tomó una vela y salió al balcón. La noche del desierto era distinta a todas las que conocía: fría, inmensa, cubierta de estrellas tan numerosas que parecían un error de cálculo del universo. Abajo, los jardines del palacio brillaban bajo la luz de la luna, con fuentes que murmuraban y árboles que se mecían en la brisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.