La inspiración de Axel Malik

Capítulo veintiuno.

I can't save us, my atlantis, we fall

We built this town on shaky ground.

-Seafret

Axel.

Ella había jodido algo más. No solo jodido, había destruido por completo la oportunidad de cumplir el deseo de mi abuelo, había destruido mi oportunidad de ser feliz con una buena mujer.

Ella había sido la causante de mi desasosiego por meses, de mis millones de preguntas sin respuestas respecto a nosotros, de nuestro dolor y nuestra historia, de mi odio irracional hacia ella y de... de mi única oportunidad sin aprovechar.

Dios, mi única oportunidad que había echado a la basura al tratarla de esa manera, la única oportunidad de recuperarla y la misma que había arruinado.

La perdí. La perdí completamente gracias a mi orgullo, a mi terquedad y a mi madre.

Ella realmente estuvo en mi apartamento luciendo más hermosa que nunca luego de contarme toda la verdad, apoyándome como si hubiera sido yo el que se vio obligado a huir luego de ser amenazado. Mi cabeza descansa en la pared detrás de mí y mis manos extendidas en el suelo. Mis ojos arden de las lágrimas retenidas mientras visualizo en mi mente el lugar donde había estado sentada hace más de tres horas.

Ha sido un mes jodido, Margot había empeorado y han tenido que estar chequeándola de más gracias a su corazón. Ella no era la misma, estaba más flaca porque a penas comía y no tenía ni siquiera fuerza por sí misma para respirar, estaba a mi lado gracias a esa bendita máquina que verifica su latido y la otra que le proporciona aire.

Ella se estaba yendo y yo no podía hacer más nada que mirarla.

—Axel, no puedes seguir así.

Audrey ha estado todo el tiempo desde que ella se fue en el apartamento mirándome con pena desde una esquina, tal vez sea porque no he tomado un baño desde que Christine se marchó o no he dormido nada. Me duelen los ojos de no haberlos cerrado ni siquiera para dejar de llorar, me dolía la espalda y el trasero de estar sentado en un rincón de la habitación que antes había sido un lugar para despejar mi mente.

Un lugar seguro para estar.

—¿Tienes padres, Audrey? —no reconocía mi voz.

Escuché sus pasos acercarse a dónde estaba pero no alcé la mirada de la nada, donde no había algo interesante. Solo una profunda decepción que antes había sido menos. Y rencor. Rencor a la vida por ser tan injusta conmigo, rencor hacia mi madre por ser tan malvada como para alejarla de mí. ¿Quién se creía que era como para tomar decisiones de ese calibre respecto a mi vida? ¿Quién carajo le había dado el derecho? ¡Ella nunca se interesó en mí como para que fingiera preocuparse por mi vida amorosa!

—Sí, viven en Las Bahamas. Voy de vacaciones algunas veces y hacemos videollamadas.

—¿Te quieren?

—Todos los padres quieren a sus hijos, ¿no? Digo, si los tienen es porque quieren tenerlos.

Tal vez no era el único maldito que tenía unos padres que no se preocupaban en lo más mínimo por él, pero pareciera que era el único maldito en el cual querían cagarse encima con la excusa de "somos tus padres y nos preocupamos" tomando decisiones que no me funcionan de ninguna jodida forma.

—O solo fueron un error o una forma de asegurarse la vida —simplifico alzando los hombros—. Tienes mucha suerte, Jones.

Lo que habría dado por unos padres amorosos, que me apoyen sin mirar el beneficio detrás de eso. En su lugar solo tenía dos parásitos venenosos.

Los pasos de Audrey resonaron contra la cerámica de mi piso, su cara fragancia inunda mis fosas nasales en cuanto se sienta a mi lado en el suelo, no hubo palabras. Solo un apretón de manos que devolví débilmente, y en cuanto apoyó la cabeza en mi hombro temí que escuchara el zumbar de mi corazón contra mi pecho.

—Tienes que ser fuerte, Margot te necesita.

Asiento y sorbo mi nariz. Creo que la única razón por la cual no me he metido una bala en la cabeza es por mi abuela. La misma que cada día se desvanece poco a poco.

—Gracias por estar aquí.

—Pss, tengo que limpiar tu desastres, ¿recuerdas? —carcajeo negando—. Ahora, vamos, tienes que tomar un baño.

Es cierto, llevo más de cuatro horas sin ir al baño.

—¿Qué hora es? —interrogo antes de buscar la fuerza para levantarme.

—Está amaneciendo.

—Ah.

¿Había amanecido? ¿Duré toda la noche sentado viendo al vacío?

—Sí, ahora ve. Necesitas bañarte y... hablar con ella.

Con ella se refería a Christine, lo sé. Pero era algo que no haré justo ahora, más porque no sé qué decirle. ¿Qué le diría? Me he comportado como el idiota más grande del mundo, la lastimé como nunca nadie lo ha hecho, la hice sentir como basura, ella misma lo dijo. ¿Cómo alguien perdonaría a la persona que ama luego de tratarla peor que nada? Sin contar el trato de la quien debió de ser su suegra.

No tenía cara para verla y disculparme, no tenía cara ni valor para hablar. Ni siquiera merezco que ella espere hablar conmigo luego de todo este desastre.

—No tengo nada que decir.

—No, pero ella sí. Me pidió tu número cuando la encontré en la entrada, ella estaba realmente mal, Axel.

Éramos dos.

—Estará bien.

—No lo estará si no habla contigo antes.

La miro unos segundos, encontrando ojeras debajo de sus ojos y el cabello y ropa desarreglada, su maquillaje sigue intacto pero de igual forma luce como si hubiera pasado una buena noche. Seguramente no había dormido nada tampoco por estar preocupada por su cliente, el cual al parecer no sabía mantener su vida en orden. Y cuanto creía que lo estaba, solo era cuestión de su madre meter las narices para hacer un mierdero.

—¿Qué hablaría con ella? ¿Qué más podría decirme? —pestañea, sus ojos se llenan de lágrimas que no derrama, le dolía verme tan mal seguramente. Asiento—. Me daré un baño.




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