La inspiración de Axel Malik

Capítulo veinticuatro.

"And you know, for you, I'd bleed myself dry,

for you, I'd bleed myself dry.

-Coldplay.

Christine.

Los gritos eran fuertes e incesantes detrás de la puerta.

Había logrado poner el seguro a tiempo, si no, otra cosa sería está historia.

Mi corazón late demasiado rápido y mi cabeza palpita por la adrenalina, el dolor en mi brazo es insoportable pese haber sido solo un roce de la bala, la sangre por primera vez en la vida me estaba provocando ganas de vomitar y náuseas.

He recorrido la cocina entera buscando algún teléfono, no ha llegado nadie y pareciera que nadie llegará. Ingenuamente, creía que encontraría alguna empleada doméstica haciendo sus quehaceres pero nadie ha aparecido aquí hasta ahora. Lo que me deja la opción de buscar por mí misma la ayuda que necesito ahora.

He entrado a dos habitaciones diferentes en busca de un celular o teléfono, y es solo en lo que parece un despacho que encuentro uno para intentar llamar a la policía y este resulta que no funciona. La línea o está cortada o el teléfono no sirve directamente.

Suspiro, dejando mi trasero en el sillón más cercano al sentirme sin fuerza. Probablemente la pérdida de sangre me tiene así, o simplemente el embarazo está haciendo efecto. Cosa que al recordarme llevo mi mano a mi abdomen.

—Gracias por no dejarme, pequeñín.

Una lágrima se desliza por mi mejilla de solo pensar que casi lo pierdo a él también, trago en seco mirando la habitación en la que me encuentro con solo un pensamiento en mi cabeza.

Axel.

No sabía qué había pasado con él, si despertó o ya estaba estable. No sé nada mientras estoy aquí, y la idea de intentar escapar la tomé hace rato pero las puertas nunca cedieron. Grité desesperada e intenté usar una de las ventanas pero estas parecían estar selladas.

Y de todas maneras, si lograba escapar, ¿a dónde iría? Ni siquiera sé dónde estoy. No podía salir corriendo con la ropa sucia y un brazo chorreando sangre, eso solo llamaría la atención y por más que no me guste, yo sigo siendo hija de mi padre. Y él sigue siendo un empresario reconocido después de todo.

Tenía que pensar cómo salir de aquí sin que llegue nada de lo ocurrido a oídos de mi familia porque, si llego a librarme de esto, yo jamás les contaría lo ocurrido. Ya han pasado demasiado conmigo y mi seguridad.

—Dios, tengo que salir de aquí —me digo a mí misma tratando de levantarme del asiento—. Tenemos que hacerlo, tenemos que lograrlo, pequeñín. Tienes una familia que conocer y yo una a la cual volver, no podemos...

Mis palabras mueren en el silencio al caer desmayada en el suelo.

(...)

Al abrir los ojos no consigo adivinar dónde estoy a la primera, pero si consigo escuchar los pasos lentos de unos tacones resonar en el mármol del piso. Mi cuerpo reacciona enseguida ante el cambio de ambiente y más de una persona conmigo.

Hay una respiración desesperada y el caminar de otra persona me hace saber que está más que enojada.

—¡Como que no quieres inyectarla ahora! ¡Te pagué para que lo hagas, estúpida!

—Entienda, señora. Puedo perder mi trabajo si lo hago, yo... no debí de prestarme a esto. Usted está... mal —esa es la voz asustadiza de la enfermera.

No puedo creer que ella siga aquí, joder, además, ¿cómo salieron? Me aseguré de colocar una silla en la puerta para que no fuese fácil abrirla y el seguro también estaba puesto.

Mi respiración se acelera al sentir el taconeo más cerca de donde estoy, muevo mis muñecas aterrada ante la idea de estar atada nuevamente, para mi sorpresa no lo estoy, algo que me alivia en grandes cantidades al creer que tengo total decisión de movimiento con mis manos.

Me petrifique al sentir algo frío en mi estomago y luego el sonido de un seguro de arma siendo quitado.

—Supongo que si le disparo justo en el abdomen es otra manera de tener un aborto —la escucho susurrar, como si estuviera pensando las mil ideas de matarnos a los dos—. ¿Y qué tal si le hacemos beber la inyección? Al final la consecuencias serían las mismas, ella perdiendo al bebé o... muriendo.

Una risilla nerviosa provino de la enfermera, estoy segura. En cambio yo me aseguré de mantener mi respiración y cuerpo en normalidad para que ni siquiera crea que estoy consciente de lo que dice y de que escucho todo.

—No puedo creer en lo que estoy metida, señora, usted está mal de la cabeza. ¿Cómo es que quiere hacer que está mujer aborte a su bebé? Es su nieto.

—¡No es mi nieto! ¡Es un error de mi hijo con el que tengo que lidiar! Pero claro, ¿tú qué vas a saber? No tienes ningún hijo del cual cuidar, ni por su bien ni por sus bienes.

Maldita loca, casi quiero rodar los ojos de solo escucharla.

Me obligo a tragar el nudo en mi garganta lentamente, ella se había alejado y ahora no sentía el caño de la pistola en mi costado. Abrí mi ojo derecho y encontré el perfil de ambas mujeres discutiendo sobre esto, hasta que de repente un disparo resuena y mis ojos se cierran con fuerza ante la imagen que tuve que presenciar.

El nudo en mi garganta me amenaza con salir por mi boca en forma de vómito al escuchar el cuerpo ahora sin vida de la enfermera caer como un costal de papa en el piso, una lágrima pequeña se desliza por mi sien y luego estoy siendo completamente sacudida con unas uñas largas clavándose en mis brazos.

—Hora de despertar, bella durmiente.

Abro los ojos en grande al ver su rostro hecho un desastre tétrico, su maquillaje está corrido y hay sangre adornando su rostro por toda la mejillas y frente. Sus ojos se agrandan y puedo ver la sangre inyectada en ellos por la forma en la que los abre.

—Jodida loca —sollozo—. ¡¿Cómo pudiste matarla?! ¡Eres una asesina! ¡Una maldita loca, psicópata y asesina!




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