La Isla

La isla capitulo 2

Capítulo 2: El octavo día de mayo

El despertador de la mesilla marcaba las 05:47 cuando Kai abrió los ojos.

No lo despertó la alarma, que aún no había sonado, ni ningún ruido de la calle, que a esa hora estaba sumida en el silencio de la madrugada. Simplemente, algo en su interior se encendió como un interruptor. Un calor seco en la nuca. Un hormigueo que le recorrió la columna vertebral y se expandió hacia los hombros, hacia las sienes, hacia la punta de los dedos.

Se quedó tumbado boca arriba, inmóvil, mirando las estrellas fluorescentes del techo. Fuera, las primeras luces del amanecer apenas empezaban a filtrarse a través de las contraventanas, dibujando líneas grises sobre el suelo de madera. El canto de un pájaro solitario llegaba desde el limonero del jardín.

Era 8 de mayo.

Kai contuvo la respiración. El hormigueo no desaparecía. Al contrario, se intensificaba. Era como si alguien hubiera vertido arena caliente dentro de su cráneo, una arena que se movía y burbujeaba. Se llevó una mano a la cabeza y notó la piel caliente, casi febril. Cerró los ojos con fuerza y luego los abrió.

El techo seguía allí. Las estrellas fluorescentes. El póster de la selección de balonmano. Su habitación de siempre. Pero algo era diferente. Algo en la luz, en el aire, en la forma en que percibía las cosas. Los colores parecían más intensos. El borde del póster, que antes era plano, ahora tenía un leve brillo, una especie de aura casi imperceptible. Las motas de polvo que bailaban en el haz de luz del amanecer se movían con una nitidez excesiva, como pequeñas estrellas en cámara lenta.

Se incorporó lentamente. El suelo de madera crujió bajo sus pies descalzos, igual que siempre. Cogió la sudadera que colgaba del respaldo de la silla y se la puso por encima del pijama. Salió al pasillo arrastrando los pies.

La casa estaba en silencio. Demasiado silencio para ser un día laborable. Normalmente, a esa hora, su madre ya estaría trajinando en la cocina y su padre buscaría las llaves del coche con prisas. Pero hoy no. Hoy el pasillo estaba oscuro y quieto, como si la casa contuviera el aliento.

Bajó las escaleras con cuidado, evitando el cuarto escalón, que siempre crujía. Al llegar al descansillo, oyó voces. Voces bajas que venían del salón. Y algo más: el rumor metálico de un coche aparcando frente a la casa.

Se le aceleró el pulso.

Entró en el salón y encontró a su familia reunida. Su madre, Alba, estaba de pie junto a la ventana con los brazos cruzados. Llevaba la bata de flores que se ponía cada mañana, pero no estaba preparando el desayuno. Miraba hacia la puerta de la calle con los ojos brillantes. Su padre, León, estaba a su lado con una mano apoyada en el hombro de Alba. Tenía las gafas torcidas, como si se las hubiera puesto con prisas. Mateo estaba sentado en el sofá con el pelo suelto y los pies descalzos. Sara permanecía abrazada a la abuela Adela, que los envolvía a ambos con sus brazos huesudos.

Todos miraron hacia Kai cuando entró.

—Ha pasado —dijo Alba, con una voz que era medio risa y medio llanto—. Kai, cariño, ha pasado.

—¿El qué?

No necesitó más respuesta. Su madre corrió hacia él y lo abrazó con tanta fuerza que casi lo tira al suelo. Olía a café y a crema hidratante, como siempre. Su padre llegó detrás y los rodeó a ambos con sus brazos largos.

—Ha saltado la alarma —explicó Mateo, acercándose—. Hace como diez minutos. El sensor del ayuntamiento, esa sirena que solo suena el 8 de mayo. Y luego papá ha mirado la tableta y... venía tu nombre. Kai Herrera. Confirmado por el Sistema de Detección Global.

—¿Mi nombre? —Kai parpadeó—. ¿Mi nombre en la tableta?

—Tu nombre, tu ubicación, tu edad —dijo León, con voz ronca—. Dieciséis años, Veridiana, calle del Almendro 14. Lo tiene todo. Han llamado del Ministerio. Los agentes están de camino.

Como si las palabras de su padre hubieran invocado el sonido, en ese momento sonó el timbre.

La abuela Adela soltó a Sara y se acercó a Kai. Le puso las manos en las mejillas, como había hecho la noche anterior en la cena. Lo miró largamente con esos ojos viejos y sabios que habían visto tanto.

—Ya está —dijo, y su voz cascada sonó más suave que nunca—. Ya eres uno de ellos. Mi nieto, un Don.

Sara se abrazó a la cintura de Kai. No dijo nada, pero temblaba ligeramente. Él le acarició el pelo con torpeza.

—Un año pasa volando. Te escribiré. Veinte páginas.

—Cada mes —susurró Sara.

—Cada mes. Te lo prometo.

Mateo se acercó y le dio un golpecito en el hombro.

—Ten cuidado, ¿vale? Y aprende algo útil. Si te toca un poder de esos que molan, ya sabes, algo que podamos rentabilizar.

—Idiota —dijo Kai, sonriendo.

—Un poco.

El timbre volvió a sonar. Esta vez, acompañado de tres golpes firmes.

León fue a abrir. Kai se apartó de su madre y de su hermana, se alisó la camiseta del pijama y respiró hondo. Se sentía extraño. Como si estuviera a punto de subir a un escenario sin saber el guion.

La puerta se abrió.

En el umbral había tres personas. Dos hombres y una mujer, vestidos con trajes formales de color azul marino. En la solapa llevaban el emblema del Ministerio de Asuntos Excepcionales de la República de Aldoria: un círculo dorado con trece estrellas en su interior. El hombre que iba al frente era alto, de mediana edad, con el pelo castaño peinado hacia atrás y una sonrisa amplia y profesional. La mujer era más joven, de rasgos suaves y ojos claros, con una tableta en las manos. El tercer hombre permanecía un paso por detrás, con gafas de sol oscuras a pesar de lo temprano de la hora y una expresión neutra.

—Buenos días, familia Herrera —dijo el hombre del frente con voz grave pero cálida—. Soy el agente Dornier, del Ministerio de Asuntos Excepcionales, división de Recogida y Traslado. Ella es la agente Solenne y él es el agente Voss. Venimos en nombre del Gobierno de la República de Aldoria y de la comunidad internacional. En primer lugar, queremos darles la enhorabuena. Su hijo Kai ha sido identificado como uno de los trece Dones del presente ciclo. Es un honor para su familia y para todo el país.



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En el texto hay: acción enemigos

Editado: 29.04.2026

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