La isla de los fragmentados

Runaway

Negro.

Todo está en completa oscuridad.

Con los pulmones llenos de agua y mi mente divagando inconsciente. Solo sé que no estoy muerta por todos aquellos murmullos a mi alrededor.

- ¿Tardará mucho en despertar? – es lo primero que logro entender al provenir de una tierna voz femenina.

- No creo, está completamente estable – estoy segura de que ahora ha sido chico, aunque es difícil saberlo por lo pequeña que es la voz.

- La reina ya viene en camino

- ¿En verdad crees que sea ella?

- No tengo idea, la última vez que lo hizo fue cuando llegó Kael.

- Dejen de inventar teorías conspirativas y mejor revisen sus estudios - está vez fue una voz femenina, más fuerte y segura que las dos anteriores.

- Y rápido niños, no tenemos todo el día, si hay algo malo en ella es mejor saberlo pronto, así tal vez podamos hacer algo - ahora una voz grave y masculina, como de un hombre adulto.

- Si señor- contestaron dos voces suaves al mismo tiempo. Puedo seguir el sonido de sus pasos saliendo de la habitación, así como el sonido de la puerta.

Trato de abrir mis ojos poco a poco para que la luz no me ciegue al entrar en ellos. Siento un quejido salir de mi garganta al momento de recomponerme en mi lugar. Un par de manos dan un fuerte empujón que me hacen quedar nuevamente sobre mi espalda, sin darme tiempo de reaccionar. A pesar de que la camilla es cómoda, siento que ya llevo demasiado tiempo ahí.

-No te levantes, es peligroso- me habló la mujer de piel bronceada y cabello negro. Era la misma voz que soltó el regaño unos segundos antes.

Me quedo en silencio paseando mis ojos por el lugar. Justo sobre mi cabeza hay una luz blanca apuntándome directamente a los ojos. A mi lado se encuentra una pequeña mesa con varios instrumentos metálicos sobre ella y en el fondo, una mesa con colchón azul y dos estanterías arriba de él, ambas llenas de peluches de animales normales y mitológicos, incluso algunos que no puedo reconocer. Frente a mí, un hombre de cabello negro dándome la espalda, al parecer muy concentrado ordenando algo sobre una mesa, a su derecha, la puerta cerrada.

El hombre, aún metido en su mente, camina directo al escritorio en mi lado izquierdo. Puedo ver sus dedos moviéndose rápidamente sobre el teclado, solo se detiene cuando se le resbalan un poco los lentes. Sus ojos se detienen sobre mí, como si se acabara de enterar de mi existencia, levanta la mano para hacer un corto saludo y dejar una sonrisa en el aire, volviendo la vista a la pantalla. Es guapo, muy guapo, a decir verdad.

Un cuerpo femenino me obstruye la buena vista que tenía del doctor trabajando. La misma mujer que había visto antes acomoda la luz sobre mi cabeza.

Su cuerpo se mueve ágilmente por la habitación, y vuelve a mí con una luz más pequeña, revisando mis ojos, oídos y boca.

- ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? ¿Puedes ver bien? ¿Respirar? ¿Algo se te dificulta?

Me limito a soltar puros balbuceos ya que no me da tiempo de contestar a nada, lo bueno es que el hombre guapo parece querer interferir.

-La estás ahogando con preguntas, déjala reaccionar y luego la puedes interrogar – habló levantándose de su asiento para ir hacía mí - hola linda, ¿cómo te llamas?

- Ly... Lyra – dije casi en un susurro - me llamo Lyra Weissman.

- Muy bien Lyra, ¿sabes cuántos años tienes? O ¿De dónde vienes?

- Tengo 19, y no, la verdad es que no, solo recuerdo que desperté aquí.

- ¿Nada antes de eso?

- Recuerdo estar junto al lago en medio del bosque y - todo esto me tiene muy confundida y en realidad no recuerdo más de lo que pasó, quizá parezca que no quiero hablar, pero realmente no puedo - y luego caí, ahora desperté aquí.

- Bien, seguro que en un rato recordarás algo ¿Cómo te sientes? Casi mueres allá afuera

- Solo me duele un poco la cabeza ¿Qué pasó afuera?

- Un cazador te encontró boca abajo en el lago y te trajo hasta aquí – dijo la mujer interrumpiendo la conversación para entregarme un par de pastillas blancas- toma esto, te ayudará con el dolor.

- ¿Podré salir pronto? En verdad quiero volver a casa

- Solo revisaremos tus estudios para asegurarnos de que estás bien, luego vendrá la reina, tiene curiosidad de verte - volvió a contestar la mujer mientras guardaba unas cajas de pastillas debajo de un escritorio.

Un par de toques al otro lado de la puerta llaman mi atención, y al parecer también de la doctora, quien no tarda en salir a ver qué sucede, dejándome a solas con el hombre guapo.

- ¿La reina?

- Sí, la reina ¿No es genial?

- ¿Quién es la reina y por qué querría verme?

- La reina, la reina Nerezza, nuestra líder

Al no responder el doctor notó mi confusión

- ¿No sabes quién es la reina?

Niego con la cabeza, esperando una explicación. A lo que yo sé, en mi país hay presidentes, pero no reyes. A menos que hablemos de las reinas de belleza o de los certámenes en el pueblito mexicano de donde son mis padres.




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