La isla de los fragmentados

Un reino distinto

No lo había pensado, pero en todas estas semanas que he estado aquí, nunca he ido a Arcanum, así que en realidad no sé a dónde estoy corriendo.

No sé porque hago eso. No lo pensé. Es como si mi cuerpo tuviera vida propia y decidiera por mí. Nunca había ido en contra de la autoridad, y no estoy segura de que haya sido lo mejor.

Aun que se sintió tan bien decir no por lo menos una vez.

Me detengo en seco considerando volver por donde llegué.

Volteo al frente y muchas luces fijas comienzan a verse muy cernas. De Elassia ya no se hay rastro y es bastante tarde para andar sola por el bosque. Además, ya hace hambrita.

Cuidadosamente camino hasta las primeras casas con luces encendidas. Sin duda tienen mucho más presupuesto que el pueblo que visité con el doc. y los chicos, aunque las casas aquí también son de madera o piedra y están fijas en el piso.

A diferencia de Elassia la gente de aquí no se ve amigable. Y no lo digo solo por los tatuajes y la pinta que tienen. Son sus expresiones, sus rostros. A excepción de los niños, nadie se ve feliz.

Por eso mismo, encuentro un pequeño resguardo centrándome un grupo de niños que corren a solo unos metros de mí. Parecen estar jugando y divirtiéndose.

Trato de acercarme a uno de ellos. Un hacha pasa a solo unos centímetros de mi cuerpo y se detiene a la altura de abdomen, cerrando mi camino. Miro la mano que la sostiene. Y a diferencia de lo que yo pensé, esta es sostenida por una mujer mayor muy bajita.

Su cabello negro recogido en un chongo comienza a mezclarse con mechones de canas, y las marcas de expresión en su cara hacen que sea más fácil de leer.

- ¿A dónde ibas niña? – pregunta la mujer

- Lo siento, no es de su incumbencia

- ¿Me estás diciendo chismosa?

- Solo retire su arma por favor, tengo cosas que hacer

- Pues no creo que los niños te puedan ayudar

- Usted no sabe lo que busco señora – tomo el mango de su hacha y de un jalón fuerte se la quito de las manos.

- Por eso no dejaré que te acerques a ellos – me mira a los ojos amenazante, pero, por una vez, no tengo miedo de enfrentarme a otros.

- No intente detenerme – escupo las palabras en su cara y me acerco a los niños con el arma en la mano.

Me detengo frente a un niño moreno, de apenas unos 10 años y me pongo en cuclillas para estar casi a su altura.

- Hola niños, saben ¿Dónde puedo conseguir un mapa? – pregunto sonriente, pero con la sangre a mil por hora recorriendo mi cuerpo entero.

- Mi tío tiene una tienda en el mercado, creo que aún no cierra- contesta el niño moreno.

- ¿Podrías enseñarme qué tienda es?

- Claro – responde sonriente y corre hasta la esquina de la calle.

Avanzo tras él y estando a punto de llegar a la esquina siento un fuerte golpe en la espada. Una piedra rebota a mis pies y solo por unos milímetros otra pasa junto a mi cara. Giro la cabeza en busca de quien la lanzó y me encuentro a la mujer a media calle apuntándome con una resortera y varias piedras en mano.

- ¡Aléjate de mis niños! – grita antes de volver a disparar.

El niño no detuvo su camino así que decido no perder más tiempo y corro tras él.

Un par de calles más adentro se detiene frente a una tienda de armas y otras cosas extrañas (que de hecho recuerdo de la casa de Elowen).

-Es aquí – dice el niño – ven – hace una seña para que lo siga y entra. Yo paso detrás de él – espera aquí – seguido de eso entra en un área cerrada de la tienda.

Comienzo por moverme entre las estanterías, mirando toda clase de arma, elementos de viaje y cosas que supongo sirven para la supervivencia allá afuera. Todos con precios altísimos que claramente no puedo pagar. Porque claro, en Elassia ni siquiera se manejan con dinero.

Segundos más tarde el niño vuelve acompañado de un hombre con un aspecto rudo. El cabello negro está recogido en una colita detrás de su cabeza, y las puntas rozan con su chaqueta de cuero negra. Veo como sus dedos rozan la manopla en su mano derecha y una sonrisa de lado hace que se mueva su barba recortada.

-Él es mi tío Johnny – menciona el niño.

- Dice que buscas un mapa cierto – habla el tío

- Así es – asiento.

El hombre se agacha y saca tres rollos de diferentes tamaños.

-Tengo de todo el reino, de las rutas hacía los pueblos del reino y de la isla entera ¿cuál gustas ver?

- El completo está bien

Asiente haciendo a un lado dos de los rollos, el otro lo pone al centro de la mesa y lo comienza a desenrollar.

-Bien ¿qué buscabas? – Pregunta cruzándose de brazos cuando el papel estuvo abierto a toda la isla.

- Me contaron de un lugar detrás de las montañas ¿sabe cómo puedo llegar ahí?

El hombre ríe, negando con la cabeza- bien, pero en serio ¿Qué lugar buscabas?

-Vesperis, creo se llama así, o llamaba – contesto con seguridad y lo miro a los ojos.




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