Lyra
El sol ilumina mis ojos al entrar por la cueva.
Poco a poco, mi mirada recorre la cueva hasta su interior. Recién con la nueva iluminación logro notar los miles de cuerpecitos negros pegados al techo y las paredes de la cueva. Trato de no hacer mucho ruido al levantarme y tomar mis cosas. Cuidadosamente pongo todo de nuevo en mi mochila y me dirijo a la salida.
Al poner un pie fuera, un aire caliente me golpea del lado izquierdo. Volteo la cabeza, solo para encontrarme con una enorme cara escamosa de gigantes ojos rojos y una gran boca a solo centímetros de mi cuerpo.
Estira el cuello acercándose lo más posible olfateándome de cuerpo completo. Mis músculos se tensan reaccionando a sus movimientos y mi abdomen se aprieta conteniendo el aire. Un gruñido de desaprobación sale de su gran boca y da un rugido sobre mi cara que apostaría alcanzaron a oír en Elassia.
Un grupo de rugidos lejanos me llegan a los oídos haciendo que se me enchine la piel. Sin necesidad de dar órdenes a mi cuerpo, salgo corriendo de ese lugar.
Comienzo a ir cuesta abajo tratando de no volar como Draven, pero sin bajar la velocidad de mis saltos.
Las piernas se me mueven velozmente hasta entrar en una de las casas más completas que quedan en todo el reino. Mi pie derecho da un pequeño resbalón antes de entrar en la casa, levantando una gran cantidad de escombros y cenizas que se me meten en la nariz.
Me pego a una pared haciéndome bolita mientras escucho sus pasos por fuera de la casa. Los rugidos aumentan, el tono de su voz suena cada vez mucho más grave.
Los pasos de aquel animal se detienen cerca de la entrada y al igual que yo aspira los escombros estornudando ligeramente. Vuelve a acercar su cara en la entrada y un largo rugido escapa de su gran boca.
Mis piernas continúan moviéndome de lugar levándome por una salida trasera hasta otra de las casas, cruzando varias calles en el camino. Giro a la derecha deteniéndome en medio de los restos de un callejón. Me meto debajo de algunos escombros y plantas crecientes.
No muy lejos, se escucha la gran bestia soltar un rugido más fuerte que cualquier otro. Las respuestas de muchos más animales como este se escuchan sobrevolando el reino. Giro la cabeza hacia la calle principal, donde se proyectan un grupo de sombras aleteando.
Los pasos de la bestia se acercan olfateando el camino tomé. Solo le toma unos segundos encontrarme para empezar a escarbar, quitando todos los escombros que me protegen.
Quita el ultimo bloque de cemento que protegía mi cuerpo, rasgando parte de una liana que cubre la pared a mi lado.
La bestia retrocede mirando su garra y soltando un gran aullido de dolor. Si no me equivoco, parece que la planta le está quemando. Sin titubear, me acerco a las lianas lo más que puedo para resguardarme en ellas.
A lo lejos, bajan de la montaña varias figuras similares a un humano, pero demasiado delgadas y blancas, como un montón de esqueletos corriendo desde la montaña hasta el reino.
Una picazón empieza a molestar en mi brazo izquierdo. Trato de rascarme, pero la incomodidad solo aumenta. Siento cómo se extiende por mi mano y mi cuello, bajando hasta el pecho, abdomen y luego las costillas. La picazón se calienta convirtiéndose en un ardor intenso que me quema la piel y deja grandes marcas rojas en su camino. La intensidad con la que me rasco ya no es normal y mis uñas se llenan de sangre y tierra en cada arañazo que doy. Un grito de desesperación me desgarra la garganta. El grupo completo de esqueletos y bestias voladoras giran sus cabezas en mi dirección, descubriendo mi presencia entre ellos y no dudan en venir por mí. Veo como todos sus cuerpos se apresuran prácticamente abalanzándose sobre mí.
Intentando ignorar el ardor punzante por todo mi cuerpo, saco la navaja que llevo en la mochila y corto las lianas que me causan la picazón.
Ato varios pedazos de lianas a mis extremidades, terminando de dejar la piel roja y mi garganta comienza a cerrarse dejándome sin aire.
Me armo de valor y empuño la navaja fuertemente. Corro directo hacia los esqueletos.
Todas las bestias voladoras intentan agarrarme y levantarme por el aire, pero me sueltan al instante en que sus patas tocan las lianas. Varias me dejan caer desde casi un metro de altura y siento mis tobillos torcerse. El dolor se acumula en mis rodillas.
Un grupo de esqueletos me pone en la mira y vienen unos tras otros, ansiosos por llegar conmigo. Con toda la fuerza y el aire que me queda voy hacia ellos tratando de atravesar el grupo con la navaja moviéndose por todos lados.
Noto como varias de sus armas alcanzan a tocarme, aunque no logro sentir nada por al ardor de la irritación que me causan las plantas, ni siquiera siento las garras de las bestias voladoras abriendo mi piel.
Mi cabeza da vueltas por todos lados y yo solo logro correr sin rumbo.
El aire faltante me debilita más y más.
Corro a tropezones hasta el mar y me meto en el agua.
Todos los esqueletos se quedan en la orilla y las bestias voladoras me rodean en el aire.
El tacto con el agua me ayuda a despertar un poco pero también me quita fuerzas más rápido. Dejo mi cuerpo flotar en el agua y miro el cielo lleno de bestias voladoras esperando por mí.
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Editado: 29.03.2026