Gritos que simulan susurros se adentran en mis oídos mientras recobro la conciencia.
-No la dejaré aquí!
- ¡En Elassia no tienen el remedio!
- ¡Lo podemos llevar!
- ¡No sobrevivirá!
Las voces suenan más molestas, pero por alguna razón más lejanas. Me muevo ligeramente sobre el suave colchón debajo de mí y paso la mano sobre la tela aterciopelada que cubre mi cuerpo. Intento enfocar la vista sobre la pared tapizada a mi derecha. En medio hay un espejo ovalado con marcos de oro en lianas decoradas con hojas, y su reflejo, puedo ver el cabello dorado de Thomas en la esquina contraria de la habitación, sentado sobre un sillón de oro con colchones rojos.
Tiene el ceño fruncido, y una mano baja de su cabello, tapando su cara hasta llegar a los labios, como si estuviera concentrado, pensando.
- ¡Claro que lo hará, ella es fuerte!
La segunda voz capta mi atención y fijo la vista en la nueva figura en el reflejo. Kael, ya con el cabello seco y ropa limpia, camina nerviosamente de un lado a otro.
- No te imaginas lo que esa cosa puede hacer, y si no me haces caso ninguno de los dos llegará a Elassia – alcanzo a escuchar la voz de Thomas perdiéndose en un extraño. A diferencia de las primeras frase que escuché, esta vez habló mucho mas bajo y ¿relajado? Pero con esa seriedad y dureza que siempre carga.
Silencio otra vez.
Un silencio aturdido
De nuevo
Sinto un fuerte aire chocando con mi rostro.
Trato de abrir los ojos hinchados. No puedo.
Siento como el cuerpo se me debilita, volviendo a desvanecer.
A pesar de que logré escuchar gran parte de la conversación, realmente no entiendo de qué están discutiendo. Y los pitidos que me aturden y resuenan en mi cabeza no son de gran ayuda.
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Editado: 29.03.2026