Lyra
La cabeza me pulsa cuando abro los ojos sobre una suave cama. Miro a mi alrededor sin poder reconocer el lugar. Se parece a la habitación de Nerezza, pero en una versión gótica y masculina.
Con cuidado me levanto de la cama y miro por el balcón. Me toma solo unos segundos notar que no estoy en Elassia, y, aun así, se ve la barrera mágica manteniendo viva la atmósfera alrededor. Eso significa que el único lugar en el que puedo estar es en Arcanum. Y por la altura que tiene el lugar, me queda bastante claro que estoy dentro del castillo.
Al recargarme sobre al borde de la puerta siento algo cremoso en mis manos. Están brillosas sobre todas esas partes que antes ardían, ahora llenas de quemaduras y marcas rojas por todo mi cuerpo.
La puerta de la habitación se abre con un ruido que me hace voltear instantáneamente.
- ¡Oh! Lo siento Ly, no quise asustarte- exclama Kael entrando a la habitación con una bandeja llena de comida – te traje el desayuno, no es la hora habitual de comida, pero Thomas pidió que lo preparan para ti.
- ¿Dónde estamos?
- En Arcanum – confirma.
Me acerco a él prestando atención en su cuello y sus brazos, llenos de quemaduras y marcas iguales a las mías.
En su momento no lo pensé, pero al recordarlo, fue Kael quien me sacó del agua y me trajo hasta acá… mientras yo estaba cubierta por esa planta que me había causado tanto ardor.
-Lo siento mucho, debiste hacerlo – digo rompiendo el silencio.
- ¿El qué?
- Todo. Lamento haberte causado esas quemaduras y que tuvieras que pelear contra esas cosas. Perdón.
Su mirada se suaviza dedicándome una cálida sonrisa. Posa su mano sobre mi hombro – no hay nada de que disculparte, yo decidí hacerlo, pude simplemente no hacerlo, pero quise. No te disculpes.
Nuestras miradas se conectan. Sus ojos transmiten una paz y una sensación de seguridad en mí que hace muchos años no siento. Le devuelvo la sonrisa.
-Gracias – susurro.
Kael hace un asentimiento de cabeza a forma de respuesta
– Te dejo desayunar, estaré abajo con Thomas, puedes ir cuando quieras – se levanta directo hacia la salida y se detiene justo antes de salir – creo que te dejaron ropa en el armario de allá – ahora sí, sale dejándome sola en media habitación.
Me tomo mi tiempo para desayunar en silencio y saborear esta comida tan deliciosa que llevo tiempo sin probar. Una mezcla de sabores de pollo y arroz con un postre dulce scon como una explosión de sabor que hace que me dé un orgasmo mental. Pero aparte de eso, también aprovecho para pensar en lo siguiente que haré.
Porque me veo y me siento estoy más que segura de que alguien ya me ha aseado mientras estuve dormida. Me pusieron un camisón largo con encajes floreados en bordes y tirantes.
Debo planificar bien mis movimientos, hasta ahora, solo sé que cualquier paso puede ser en falso, solo que esta vez estaré preparada para decir que no cuando algo no me parezca, no puedo hacer siempre lo que otros esperan de mí.
Si decido ayudar esta isla yo me quedaré aquí el resto de mi vida, si decido no hacerlo probablemente también me quede aquí y de igual manera termine muerta por la destrucción de la isla. Pero es mi libro, y se supone que aquí yo pongo las reglas.
Si tan solo lo tuviera en mis manos podría continuar la historia donde la dejé… solo que no puedo modificar lo que sucedió hasta ahora porque entonces no sé qué será de todas estas personas y sus vidas. Si quito los tiempos oscuros nadie estaría viviendo lo que vive ahora, pero si los dejo no podría terminar mi libro.
¿Qué demonios? Pasaba física con 7 y ahora ¿debo resolver un problema espaciotemporal? O al menos algo por el estilo. Suerte que siempre me gustaron las películas de ciencia ficción.
Pongamos la información sobre la mesa.
Reviso varios de los cajones alrededor de la habitación hasta encontrar un cuaderno y una pluma. Hago trazos rápidos en ella tratando de ordenar y enlistar mis ideas. Al principio es una enorme mancha de borrones y tachones sobre el papel, por suerte para mí, no tardo en terminar con algo mucho más sencillo.
Y listo. Una lista de 3 sencillos pasos para volver a casa. Nada de complicaciones.
Terminando mi desayuno, hago las cosas a un lado y arreglo el cuarto. No tengo nada más qué hacer, pero me siento incómoda sabiendo que yo misma no me he dado un baño en posiblemente más de una semana. Quizá lo mejor sea asearme por mi cuenta.
Me apresuro a darme un baño y toma la ropa que me han dejado en la habitación. Me queda un poco pequeña, los pantalones se ajustan demasiado a mis muslos anchos, y los hacen ver genial la verdad, a pesar de no ser pantalones pegados. Supongo que los siento raros porque generalmente estoy acostumbrada a usar ropa más grande. De lo que si me quejo es de la blusa que me dejaron, un top negro de manga larga, completamente pegado al cuerpo y recortado a la altura del ombligo, dejando ver un pequeño espacio de piel entre el top y el pantalón a la cadera. Justo donde queda expuesta mi pancita.
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Editado: 29.03.2026