El agua fría empapa mi cabello cuando entro en la ducha. Normalmente prefiero bañarme por la noche, pero ni siquiera recuerdo cómo es que ayer logré llegar a mi cama.
El entrenamiento fue posiblemente el más agotador que he llevado hasta ahora, pero no pienso detenerme por eso, estuve tan cerca de lograr ese último truco que me levanté con todo el ánimo de conseguirlo el día de hoy.
Cuando estoy lista, Kael pasa a recogerme en un Fynéra. De camino, dejamos a Eira con los otros nixies y nosotros continuamos hasta el bosque Valandor.
-Este bosque contiene la mayor cantidad de especies de plantas en toda la isla. Hay algunas que no están aquí, pero son muy pocas – explica Kael al aterrizar.
- ¿Mortales?
- No todas, pero no te preocupes por ellas ahora, primero revisemos estas.
Nos acercamos a un gran arbusto con distintas frutas y bayas en él.
-La mayoría de estas las puedes comer, excepto, estas – dice mientras corta una de las pequeñas bayas moradas – todas las que tienen puntitos negros, blancos o azules son venenosas, y las que tienen puntos verdes ya no sirven, todas las demás están en perfectas condiciones y no te harán daño si las comes.
- Bien, entonces, puedo probar esta, esta y esta – hablo señalando las frutas - pero no esta
- Exacto, estás entendiendo bien
Seguimos revisando más plantas durante un rato y luego me pide ir a buscar 5 bayas específicas mientras él le da agua a la Fynéra.
Me escabullo en el bosque buscando todas y cada una de las bayas que me ha pedido teniendo especial cuidado en los puntos de colores que tienen en sus pancitas.
Poco a poco mi bolsa de bayas se va llenando de distintos colores. Las cuento para asegurarme de llevar la cuenta de todas las que llevo. Efectivamente, solo me falta una.
A lo lejos, pegada a un árbol, veo la baya que me falta, distinta a todas las demás que ya llevo en la bolsa. No dudo en acercarme a tomarla. Me ayudo de una gran piedra para subir un poco hasta tomar la baya.
Estiro mis extremidades exigiéndoles más de lo que sé que puedo, pero logro sentir el bulto en mi mano. Lo tomo con fuerza y jalo la baya hacia mi pecho.
Un frio viento me golpea la espalda haciéndome soltar todo el aire que hay en pulmones, mis manos se fijan fuertemente sobre mi cuello al sentir como se cierra mi garganta.
El aire faltante se hace camino hasta mi pecho y mis manos lo siguieron ahí dando golpes sobre el dolor. Las lágrimas mojan mis mejillas y mis manos comienzan a rascar mi pecho y clavícula de manera incontrolable.
Mis uñas dejan rastros rojos sobre mi piel y las lágrimas entran por las comisuras de mi boca.
Mi cuerpo tiembla y el aire que trato de tragar no llega hasta mis pulmones.
Siento ese vacío en mi pecho que ya conozco tanto, cada vez absorbiendo más y más todo en mi interior. Siento como atraviesa el centro de mi pecho hasta mi espalda; mis labios sueltan quejidos cada vez más fuertes, acompañados de gritos de dolor.
Es de esos momentos en los que tu mente no tiene un pensamiento fijo, todo pasa como un huracán, destrozando tus pensamientos con su paso y la impotencia de no poder hacer nada para detenerlo.
Ese momento donde sabes que tienes el control de tu cuerpo y, sin embargo, no puedes hacer nada por él.
Los pensamientos y la necesidad de acabar con todo consumen tu existencia y arrancan de ti todo lo que te hacer ser tú mismo. Llegas a un vacío del que sabes que ya no hay salida y solo te resignas a quedar en ese lugar sin vuelta atrás, como si supieras que vas a morir y no puedes hacer nada para evitarlo.
La sangre brota de las heridas causadas por mis uñas y la piel palpita sobre los lugares recorridos por mis dedos. Un jalón a mi cabello me hace sacar un grito más fuerte y mis labios se humedecen de lágrimas.
El interior de mis dedos pica y no sé cómo detenerlo, mi cuerpo ya no lo soporta más y en un intento de parar cierro los puños con toda la fuerza que tengo.
El aire lucha por llegar a mi cuerpo y trato de tomarlo hasta con la boca, siento como mis extremidades son sometidas a una presión que las intenta hacer parar su temblor.
Con la vista borrosa, levanto la mirada para intentar adivinar de quien son las cálidas manos posadas sobre mis rodillas.
-Ly, tranquila, estoy aquí – la voz de Kael entra como un escudo en mi cerebro, haciendo que mis manos aflojen la fuerza de los puños.
Desarma mis manos entre las suyas y trata de sobar las heridas hechas por mis uñas. Alarga su brazo hasta mis hombros para atraerme a su pecho. Me abraza con fuerza hasta que sintiendo como mi cuerpo se va aflojando.
-Recuerda las burbujas Ly, sopla conmigo – cierro los ojos y me concentro en sus palabras, empiezo a tomar aire de a poco y las burbujas comienzan a formarse.
Mis pulmones se liberan hasta que me siento segura para dejar de formar burbujas, mientras nos vemos a los ojos. Kael recarga su mejilla en mi cabeza acariciando mis brazos.
Se despega de mí dejando de una sensación de desprotección a su paso. Toma mi cara entre sus manos y seca mis mejillas húmedas, para después acercar mi cabello sus labios, dejando un tierno beso en mi cabeza.
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Editado: 19.04.2026