La isla de los fragmentados

Sirenas

Lyra

Una gran ausencia de aire consume mis pulmones. Mi pecho subiendo y bajando sin ritmo tratando de capturar todo alrededor. Intentando soltarme de todo aquello que me contiene, varios pares de manos me sostienen el cuerpo desde cualquier espacio.

Una serie de bits resuenan en mi oído derecho. Con el tiempo, los murmullos a mi alrededor comienzan a desenredarse y cobrar sentido.

- ¡La presión está aumentando!

- ¡Cambien el medicamento!

- Señorita ¿sabe cómo pasó?

Varias voces masculinas y femeninas gritan al mismo tiempo. De solo escucharlas puedo sentir su presión sobre mí. Sollozos a un par de metros seguidos de una voz que reconozco al instante.

-No lo sé, solo empezó a moverse de la nada – Anya.

De alguna forma sé que me encuentro en la misma habitación que ella. No sé en qué mundo o si quiera si es real, pero Anya está aquí, conmigo.

Tomo una gran bocanada de aire levantando mi torso hasta lograr sentarme. Mis ojos se abren instantáneamente. A mi alrededor, un grupo de doctores se mueve como locos en toda la habitación, y al fondo está ella, mirándome perpleja, como si no me conociera.

-Anya – suelto en un susurro.

Todos los doctores se quedan viéndome por un momento. La mayoría sale de la habitación dejándome con Anya y una mujer morena ya algo mayor. Aquella mujer pone una de sus manos en mi espalda baja y la otra en mi hombro.

-Estás muy débil cariño, debes recostarte – sigo sus instrucciones dejando que mi cuerpo caiga cuidadosamente hacia atrás. Seguido de eso, la mujer se aleja al otro extremo de la habitación dándonos la espalda.

- ¿Dónde estoy?

- En el hospital Ly. Si me reconoces ¿no es así? – asiento

- ¿Y los chicos? – pregunto observando el resto de la habitación sin encontrar ninguna pista de ellos.

- ¿Qué chicos?

- Elowen, Thomas, Draven – la miro a los ojos por un momento, él tenía razón, los tres tenemos los ojos de nuestra madre – Kael – suelto casi en un suspiro.

- Ly, no sé de qué hablas

Niego con la cabeza recordando mis últimos momentos en la isla. La imagen de Kael siendo enterrado por la montaña entera se repitiéndose en mi mente como un bucle – no, y no solo sabrás si no vuelvo.

Arranco de mi cuerpo todos los cables y agujas a los que estaba conectada. El sonido de pulso deteniéndose llena la habitación al momento de desconectarlo. Anya me detiene del brazo cuando toco la perilla de la puerta.

- ¿A dónde vas? Tienen que revisarte

- Debo volver al lago

- ¡¿Estás loca?! Casi mueres ahí

- Pero no morí. Y si no vuelvo ahora, alguien si puedo hacerlo

Abro la puerta deslizándome por el pasillo lo más rápido que puedo. Con la esperanza de no ser detenida por el grupo de doctores alarmados dirigiéndose a mi habitación, salgo directo al estacionamiento esperando encontrar algún taxi o cualquier otra forma de llagar a casa.

- ¿Quién es tan importante como para que vuelvas a arriesgar tu vida?

La voz de Anya hace que me detenga en seco en mi lugar. Escucho sus rápidos pasos hasta detenerse detrás de mí. Una lágrima había escapado de mis ojos al solo recordar de quién se trata mi terquedad.

-Tú hermano – digo al darme la vuelta para verla a los ojos. La confusión en su cara es innegable – ¡se trata de nuestro hermano Anya! No lo puedo dejar así

- ¿De qué hermano hablas?

Si no fuera por sus palabras entrecortadas y el raspar de su garganta tan notorio al pronunciarlas, de verdad habría creído que no lo recuerda.

-Kael

Sus ojos me miran fijamente, incrédula a lo que escucha.

- ¿Cómo sabes de él?

- Todo este tiempo estuve con él.

- No es posible

- Lo es Anya – me derrumbo frente a ella. Mis lágrimas no aguantan contenerse para mí y me permito soltarlo – está vivo y bien, pero eso podría cambiar, por favor déjame volver

- ¿Volver a dónde?

- ¡A la isla! Con Kael, con todos

Anya no me cree, lo sé por la forma en que me mira y esa falsa sonrisa de comprensión que suele hacer.

-Lyra – niego varias con la cabeza. Ya sé que intentará lo que sea para convencerme de que no es real. Pero sí lo es, lo sé. Estos últimos meses no pudieron haber sido una mentira. Anya ignora mis súplicas deteniendo mi cara entre sus manos – estuviste en coma Ly. Todos estos meses has estado en cama

Trago saliva intentando contener mis lágrimas y tomo la fuerza necesaria para preguntar - ¿Qué día es?

-21 de febrero. Ly, estuviste en coma por más de tres meses

- Lo sé. Fueron 14 semanas que estuve en la isla, las mismas semanas que aquí estuve en coma. Lo siento Anya – y corro.

Corro a casa tan rápido como puedo. En estas últimas semanas estuve entrenando y corriendo tanto que espero tener la fuerza suficiente como para llegar a casa sin problema. Aunque no contaba con que mi condición física en ambos lugares sería distinta.




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